sábado, 18 de agosto de 2018

Cuando confundo «la Vaquera» con el reloj de la torre de la Catedral de la Sierra



© María Dolores Rubio de Medina, 2018

Había una vez, en los años treinta del s. XX, un sabio y atinado periódico llamado Hinojosa, crónicas independientes, que unos meses después de implantarse la II República, publicó un editorial titulado: En defensa de nuestra Torre. El editorial ocupó, exactamente, la mitad de la primera plana, con la que se marcó un alegato en defensa de la cultura por la estrechez de miras de los dirigentes que ocupaban el Consistorio hinojoseño.

¿Qué torre fue esa? ¿La estilada torre del Ayuntamiento que se levantó en los años 60, creo? ¿Ese rectángulo recubierto de granito y coronado con un reloj, tozudo como él solo, que se empecinaba en llevarle la contraria a todo el pueblo y solo marcaba las horas, a buenas, dos veces al día? ¿Esa que echaron abajo para convertir nuestro Ayuntamiento en un edificio corriente? 

Nada de eso, aunque podría valernos. La torre del reloj a la que me refiero era la misma que asistió, impávida, al desmoronamiento de la puesta en escena de la VII edición de la Vaquera: la torre de la Catedral de la Sierra. Y digo al desmoronamiento en mi humilde o impertinente opinión, –como prefieran–; aunque, pese a todo, me produce muchísima vergüenza reconocer que las cosas no salieron bien.

Pero vayamos a la torre y al editorial de mi idilotrado Hinojosa, 4 de octubre de 1931, núm. 54, pág. 1, para iniciar la lectura:

«En defensa de nuestra Torre
La profanación de las obras artísticas en España es un fenómeno tan general que difícilmente podrá salvarse ningún pueblo. En Hinojosa del Duque como tanto otros sitios, las piedras doradas de nuestra iglesia de San Juan se han embadurnado con el reberante encalado, frustrando a la contemplación uno de los espectáculos más hermosos, por si fuera poco, alguien –con la mejor intención de seguro– logró colocar en el último término de nuestra torre un soberbio reloj que con los parches de sus cuatro esferas, parece querer ocultar algún sarpullido a la piedra. 
El aditamento que comentamos, no puede ser más perjudicial a la gracia, a la esbeltez de nuestro primer monumento. Hace unos días precisamente, Corpus Barga, el ilustre escritor y excelente catador de bellezas, se lamentaba sinceramente de la colocación del reloj en ese sitio, por considerarlo como un verdadero atentado artístico.
El interesantísimo artículo que Aranda Arias ofreció en estas columnas a los lectores de HINOJOSA, nos ha movido a romper una lanza en defensa del prestigio artístico de nuestra torre, solicitando del Concejo el correspondiente acuerdo para que sea trasladado a otro lugar más adecuado. Creemos que en ello no ha de haber inconveniente alguno y nadie pueda sentirse herido en su susceptibilidad, puesto que tan solo se debate una cuestión de protección artística. Acceder a lo que solicitamos, será dar una prueba palmaria de depurado gusto y testimoniar que los asuntos espirituales merecen de hecho la atención de un Ayuntamiento democrático».

No, no es una leyenda, para demostrar el texto, nada mejor que esta fotografía, que pocos conocen y de la que, desgraciadamente, no puedo citar el autor porque lo desconozco. En ella aparecen los dos desastres que en 1931 acicalaban a nuestra  Catedral de la Sierra: el encalado y el reloj.



Pues eso, como el reloj, hay que cambiar ciertas cosas de la Vaquera, si quieren que se quede: tendrán que lograr que los visitantes que vienen de fuera no vuelvan a irse disgustados por no haberla visto, pese a tener adquirida la entrada, porque falló la luz; o que pocos se vayan descontentos por haberla visto. Tendrían que conseguir que la mayoría de los críticos se vayan contentos (aunque es justo decir que pocos han osado levantar críticas). Que no exista gente que abandone la representación a medio ver, harta de aburrimiento y de que la distrajeran los vaivenes del señor director, en puntas como una bailarina, que se pasó el acto señalando exageradamente con el índice –como si fuera uno de los actores de la obra– para indicar al luminotécnico el momento justo en que tenía que encender las luces. Que no existan espectadores mareados con las idas y venidas de los ayudantes del director, que no hacían sino levantarse y sentarse sobre los baúles de los equipos, distrayendo a toda la fila de los espectadores que estaban detrás de ellos; y, sobre todo, tendría que haber un buen libreto que enlace bien todas las escenas. 

La de 2018, ha sido una edición que, salvando el buen hacer de los actores que pusieron sus fuerzas y talento desinteresadamente, y de los encargados del vestuario, hay que olvidar cuando antes.

Detalle del reloj.
Hay que pasar página, pero recordando lo malo para no volver a cometer esos errores, por eso hay que mejorar la próxima edición –si llega–, haciendo lo primero que hay que hacer: sacando el «reloj» y todos su engranaje sobrantes de escena, aunque en este caso, como todos ellos tienen piernas, podrían irse solos a su casa. Hay que volver a empezar volviendo a los orígenes; pero como la cosa no da más de sí –en ediciones anteriores, riadas de gente pasaban por mi calle, camino de la representación, estaba vez no ha sido así, lo que demuestra que la obra ya no levanta multitudes–, lo mejor sería  darle la vuelta a toda la puesta en escena, convirtiendo la plomífera historia en un musical de principio a fin, por ejemplo, para lo cual, volvemos otra vez a lo mismo, hay que contar con un excelente libreto.

Quedarían cuatro años, que son suficientes para lograr que la representación vuelva a ser la historia de la Vaquera y no la de un marqués. El  Santillana y sus descendientes, ya se llevaron, en su día, toda la lana, pero ahora son Hinojosa, las instituciones públicas, los patrocinios privados y los hinojoseños pagando sus impuestos, los que ponen el dinero necesario para para seguir cardando lo poco que ha quedado. Que yo sepa –al menos no lo he visto publicado en ninguna parte–, no fueron los cuartos personales del productor ejecutivo los que se fundieron, como la luz en el segundo día de la representación, para poner la obra en escena.

Y para terminar, parafraseando a mis ilustres antecesores en aquestas cosas de la cultura, creo que –en mi humilde, irrespetuosa o vergonzosa opinión, sirvánse a gusto en el adjetivo que les plazca ponerme, que el castellano es de riqueza pródiga en lo tocante a los insultos y hay dónde elegir– , aquí «tan solo se debate una cuestión de supervivencia artística. Acceder (…)  será dar una prueba palmaria de depurado gusto y testimoniar que los asuntos culturales merecen de hecho la atención de un Ayuntamiento democrático», o la Vaquera no vino para quedarse.

Que por saber, hasta sabemos que el encalado de la Catedral y el reloj de la Torre desaparecieron, pero este, no lo olvidemos, hasta el último instante, dio guerra, así lo cuenta, el Hinojosa, crónicas independientes, 29/11/1931, núm. 62, pág. 7 en: 




                      


Sevilla, 18 de agosto de 2018.




sábado, 11 de agosto de 2018

LAS REVUELTAS DEL PAN (¿1920? y 1932): LOS DOS MOTINES PACÍFICOS DE LAS MUJERES HINOJOSEÑAS


© María Dolores Rubio de Medina, 2018

Cuenta Joaquín Díaz del Moral (1969 : 345) que en la pacifica Hinojosa del Duque, en la etapa del «Trienio bolchevista (1918-1920)», el único motín  que estalló fue protagonizado por mujeres «que apedrean los comercios y exigen las rebajas de las subsistencias y de los tejidos, fue dominado sin dificultad mediante promesas y la detención de dos o tres revoltosos». 
Portada de "Historia de las agitaciones campesinas andaluzas", de Díaz del Moral, 1969.

Que Hinojosa era pacífica, en comparación con otros pueblos del Valle de los Pedroches, era sabido. La explicación a la falta de incidentes violentos, quizá se encuentre en la estructura social que tenía nuestro pueblo durante esos años. 

En los años 30, Hinojosa estaba sustentada en una economía integrada por «ramas de oficios, por un nutrido y hábil artesanado; en lo comercial no pasaba de lo indispensable para cubrir las necesidades de la localidad; en lo industrial, apenas nada, solo una sencilla fábrica de harinas. Lo destacado de por aquí era la tierra. Campos de secano agrícolas-ganaderos (…) la tierra estaba profusamente parcelada y repartida, en tal medida, que no pasaban de cuatro los titulares de patrimonios terrícolas relativamente elevados (…). Los pequeños y medianos propietarios lo llenaban todo; la mayoría de ellos eran ‘labradores’, esto es, cultivadores directos y personales -con su yunta de mulas-, y en número considerablemente inferior estaban los que asumían la explotación directa, pero no personal, sino valiéndose de mano de obra asalariada» (Antonio Leal Márquez, 1985 : 67). Cierto, que el paro de los jornaleros agrícolas era un problema importantísimo en la provincia de Córdoba, no hay que olvidar que un año después del segundo motín que ocurrió en 1932, se produciría el asesinato, en el pueblo vecino de Belalcázar, del alcalde Pedro José Delgado Castellano. El día 24 de marzo de 1933, dos obreros en paro asesinaron al alcalde por motivos muy confusos, según unos, por resentimientos políticos; según otros, porque fueron a pedirle trabajo y el alcalde se negó a facilitarles colocación.

Pero volvemos a lo nuestro, a la revuelta de las mujeres. La que sucedió en torno a los años 20, siempre me ha fascinado, es un episodio que siempre quise profundizar, por lo que me hice con el libro de Díaz del Moral y sufrí cierta desilusión. El autor no cita nada más que las líneas que he transcrito más arriba, ni siquiera indica las fuentes de la historia. Leyendo su obra se descubre que muchos datos los recoge de testimonios orales, aparte de que es muy impreciso en la concreción de las fechas, con lo que la búsqueda de fuentes es muy dificultosa, al no quedar claro si el motín sucedió en 1919 o 1920. 

Sin embargo, como se dice por ahí que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, a veces hay suerte; y en este caso he tenido la fortuna tropezar dos veces (las que tengo documentadas) con el pan. En 1932 sucedió una segunda revuelta del pan, también  protagonizada por mujeres, afortunadamente, el episodio está más documentado que el primero. El asunto comenzó con una denuncia realizada públicamente en las páginas del mejor periódico que hemos tenido en nuestra historia, el Hinojosa, que nació en 1930 como Seminario independiente y murió a finales de 1934 como Hinojosa, crónicas independientes. Se trataba de un diario de difusión semanal que salía los domingos, se vendía por suscripción previa y si quedaba algún numero suelto, se vendía en el kiosco, uno de la Plaza, claro.

Una denuncia –inserta en una sección llamada el «Fogonazo» del periódico Hinojosa de fecha de 31 de enero de 1932, núm. 71, pág. 8– encendió la mecha del pacífico polvorín. Al parecer alguien de la redacción había realizado un experimento empírico: se había provisto de una báscula y de una pieza de pan, y el resultado del tejemaneje, ocupó unas líneas del diario, poniendo el foco de atención en las panaderías: 

«Hasta ahora nadie sabía que un kilo y medio puede tener mil trescientos cincuenta gramos.
¡No se rían Vds., señores, ni vayan a pensar que por esta casa andamos mal con el sistema métrico!
Si quieren convencerse de nuestra afirmación, recojan en alguna panadería una pieza de pan y comprueben su peso en la balanza.
¿A que no sabe esto la Comisión de Abastos?».

El malestar, sin embargo, llevaba coleando algunos meses, pues el precio del producto básico de subsistencia no hacía sino subir. La tensión, finalmente, estalló el 18 de febrero de 1932, por el malestar de la población ante el aumento considerable del precio del trigo que había obligado a los panaderos a subir el precio de sus productos. El pan, junto con el paro prolongado que estaba padeciendo los jornaleros del municipio, lo que provocaba que el esfuerzo económico para comprar pan fuera excesivo, fueron los detonantes. Estos factores provocaron, como informa el Hinojosa de 21 de febrero de 1932, núm. 74, que ese jueves 18, «se organizara una manifestación de mujeres que en tono pacífico se dirigieron al Ayuntamiento para solicitar la baja del pan y la ocupación de los obreros». La solución propuesta por el alcalde, fue la entrevistarse con una comisión y en ella sugirió que una de las mujeres hablase por teléfono con el Gobernador de la provincia. En el transcurso de la charla telefónica, el Gobernador rogó que se cuidase el orden en Hinojosa y se comprometió a buscar una solución. Las manifestantes, conformes con el desarrollo de los acontecimientos, disolvieron la revuelta. Lo mismo que el motín anterior, el de ¿1920?, la solución fue, de momento, la misma. ¡Promesas, promesas!

El Hinojosa, después de rogar por el mantenimiento del orden, de ese «pueblo pacífico y tranquilo», insistió en ser paladín de la defensa de los derechos de los vecinos, por lo que insertó en la misma página la siguiente petición:

«Ruego a la Alcaldía en el nombre del pueblo
Aparte de considerar injustificada la subida del pan, las mujeres que se manifestaron públicamente el pasado jueves, coincidían en que se vende falto de peso en Hinojosa del Duque.
Cómo creemos que el Ayuntamiento tiene la ineludible obligación de velar por los intereses del vecindario, rogamos encarecidamente alcalde haga circular las oportunas ordenes a fin de que se evite en lo sucesivo esas defraudaciones».

Recorte del "Hinojosa", 21/2/1932.

La denuncia y el ruego del periódico, así como el peso de las mujeres que se habían manifestado de forma pacífica, provocaron que el Ayuntamiento tomara cartas del asunto. Así el Hinojosa de 28 de febrero de 1932, núm. 75, pág. 6, insertó esta noticia para el vecindario:

«EL PESO DEL PAN
Haciéndose eco de los comentarios que venían haciéndose por la ciudad y del ruego que formulamos en estas columnas el número anterior, la Alcaldía ha publicado un bando invitando al vecindario a que presente en el Ayuntamiento el pan que encuentren falto de peso.
Al mismo tiempo, la Comisión de Abastos está extremando su celo estos días, a fin de evitar los abusos enunciados en este asunto.
Aplaudimos las medidas de la Alcaldía y le agradecemos profundamente la diligencia con que ha atendido nuestro suelto».

Y a todo esto, algo tenía que decir también el Gobernador para poner coto al asunto y pasar página. ¿La autoridad temía el estallido social? Pues va a ser que no mucho, pues las mujeres solo consiguieron su objetivo en parte, en lo que se refiere a que no las engañaran en el peso del pan, pero en lo referente al precio, va a ser que no. Sorprendentemente, muchas familias cordobesas, en función de la jurisdicción donde tuvieran su residencia, estaban siendo discriminadas con respecto a otras que pagaban el producto a un precio máximo más bajo. 

Como informa el Hinojosa de 13 de marzo de 1932, núm. 75, el  Gobernador publicó una Circular fechada en el 1 de marzo de 1932, en el Boletín Oficial, fijando el precio máximo del quintal métrico de harina integral en toda la provincia a 62’50 pesetas, salvo en los partidos judiciales de Fuente Obejuna, Pozoblanco e Hinojosa del Duque, en los que señaló que el precio máximo de dicha unidad sería a ¡64 pesetas!

Noticia de la Circular del Gobernador.
"Hinojosa", 13/2/1932.


En fin… que tengan ustedes buena Feria de San Agustín, y olvídense de todo lo malo, que como dice el refranero ¡Pan y toros!



Sevilla, 11 de agosto de 2018


Documentación consultada:

Antonio Leal Márquez: La comarca de Pedroches (Córdoba) al comienzo de la Guerra Civil Española (1936), Madrid, 1985.
Feliciano Casillas Sánchez: El asesinato del alcalde de Belalcázar (Córdoba), ediciones Litopress, Córdoba, 2014; obra recomendada para quien estuviere interesado en profundizar en el asesinato del alcalde.
Joaquín Díaz del Moral: Historias de las agitaciones campesinas andaluzas, Alianza editorial, Madrid, segunda edición 1969.
Hinojosa, crónicas independientes, 31/1/1932, núm. 71.
Hinojosa, crónicas independientes, 21/2/1932, núm. 74.
Hinojosa, crónicas independientes, 28/2/1932, núm. 75.
Hinojosa, crónicas independientes, 13/3/1932, núm. 77.



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domingo, 22 de julio de 2018

A VUELTAS CON LOS LIBROS Y LIBRETOS DE «LA VAQUERA DE LA FINOJOSA»


© María Dolores Rubio de Medina, 2018


Al margen de las famosas Serranillas del Marqués de Santillana (1398-1458), escritor que forma parte de los libros de textos escolares, la obra teatral más antigua que lleva el título de La vaquera de la Hinojosa fue escrita por Luis de Eguílaz (1830-1874). Este autor la imaginó para la actriz Cándida Dordalla, que representó el papel de Catalina, la vaquera, en las tablas del Teatro Príncipe de Madrid, siendo estrenada el día 6-9-1856.


La mitomanía de "La vaquera": obras de Eguílaz y Benítez, vídeos de la I y IV edición.

Se trata de una obra estructurada en tres actos; el primero con XI escenas, el segundo con XII escenas, y el tercero con VIII, más una «escena última». Entre los personajes se encuentran Íñigo López de Mendoza, el marqués de Santillana, y Jorge Manrique. Los escenarios principales de cada acto son: un valle limitado por altas montañas; una sala del castillo de Íñigo (acto segundo); y el interior de la casa de Alonso, padre de Catalina. 
La obra está situada en un lugar indeterminado de la geografía gallega, llamado «Hinojosa de la Frontera» (Hinojosa del Duero, a unos 100 kms. de la frontera portuguesa, es el lugar más real que se me ocurre), aunque a veces, se menciona Castilla, lo que genera dudas acerca del sitio de escenificación de los hechos.
Se trata de una obra de carácter amoroso, en el que un noble –López de Mendoza– conoce a una vaquera, de la que se enamora. La tía del noble que se hace llamar prima, desacredita a la vaquera acusándola de barragana, todo porque defiende el derecho de su «primo» a casarse con una mujer de su condición, para no dar disgustos a su madre. En el fondo, lucha por ser ella la futura esposa de su sobrino. A consecuencia del acto de Alonza, la tía del marqués, el deshonor cae sobre la vaquera y su familia; por ello el cabeza de familia, Alonso, pretende matar al causante de la deshonra. El amor de la pareja acaba imponiéndose ante los malentendidos y Alonso recupera, de esta manera, su honor.
La obra, escrita en verso, es de lectura muy difícil, con un lenguaje muy arcaico y sin hechos relevantes que destacar. En definitiva, se trata, en mi opinión, de un auténtico «truño», que carece de fuerza dramática por sí sola, puesto que las comparaciones en teatro amoroso llegamos hacerlas, en el subconsciente, con la obra Romeo y Julieta de Shakespeare, y la vaquera carece de los elementos dramáticos de aquella: un intenso amor entre los hijos de dos familias enfrentadas, que solo dura tres días y acaba con algunos muertos.
En las versiones teatrales populares que se representan en otros pueblos próximos a Hinojosa, como El alcalde de Zalamea o Fuente Obejuna, incluso en El halcón y la columna (Belálcazar), los libretos que sirven de soporte a las representaciones teatrales son sólidos, al estar basados en hechos históricos reales; y, sobre todo, porque las dos primeras obras teatrales sobresalen por haber sido escritas por autores que forman parte de la historia de la literatura mundial (Calderón de la Barca y Lope de Vega).
Los sucesos que sirven de soporte a las obras citadas, no son comparables con los de una obra teatral que se desarrolla en un pueblo donde nunca ha pasado nada, según Rafael Ramírez de Arellano –y lo cito por acudir a un autor no contaminado con la parafernalia de la vaquera que empezó a partir de 1998, con su primera representación–. Este investigador, en 1904, sin ninguna dudas señala a Hinojosa como el lugar al que se refiere el marqués de Santillana, cosa que a la fecha, no ha podido demostrarse. Para Ramírez de Arellano «…ningún hecho memorable se consigna en las historias de este pueblo [Hinojosa], y hoy, es villa bastante rica y poblada, sigue fuera del comercio de las letras, como todos los pueblos que están lejos de las vías de comunicación, y apenas para llegar a ellos, cuentan con caminos de herradura». 
Por otro lado también influye el hecho de que Eguílaz tenía fama de cerrar sus obras con malos finales y esta apreciación no es mía. La observación ya aparecía, con mucha ironía, en el maravilloso periódico que se editó en nuestra ciudad durante un tiempo, el llamado Hinojosa –Año III, 6/11/1932, núm. 110, pág. 7–, donde nos dejaron escrito que, según los críticos, lo mejor de las comedias de Eguílaz eran «siempre los versos de la última escena, porque lo mejor de las cosas malas, es acabar». Aclaro para evitar malentendidos, que el periódico tenía una clara inclinación por la  izquierda (y lo aclaro porque en este país la cultura de verdad parece que es patrimonio exclusivo de la izquierda y sólo parece prestarse atención a las opiniones de los «intelectuales» de esta inclinación), y fue un fervoroso defensor de la II República, sin que, por ello, se dejara ofuscar en sus firmes opiniones cuando consideraba que los gobernantes adoptaban decisiones inadecuadas; pero, dejemos la política y volvamos a lo nuestro, al final del texto, para que cada uno de nosotros podamos valorar si el Hinojosa acierta en su observación. 
El final son los últimos versos puestos en boca de Catalina, la vaquera, pronunciados después de que su padre rehabilitase su honor ante el pueblo, pues ha hija había sido acusada, falsamente por la tía del marqués, de barragana: 
¿Non soy ya vaquera de la Hinojosa?
                 …
Si una verdad sola
el mundo ha guardado,
cual roja amapola
que crece en los prados, 
y sola levanta
su hermoso calor,
¡esa verdad santa
se llama amor!



Exposición sobre "La vaquera" en el Centro Cultural de Hinojosa del Duque.

Cuando se representó por primera vez la obra de teatro popular La vaquera de la Finojosa, por los vecinos del pueblo, hace veinte años, el día 7-8-1988, ni el principio ni el final de la obra de Eguílaz importaban, por la sencilla razón que se desconocía su existencia; por lo que para representarla, se encargó expresamente la creación de un libreto al dramaturgo cordobés Francisco Benítez Castro (1944-2017).
Este autor, tristemente fallecido el pasado año, escribió una obra titulada La vaquera de la Finojosa. Retablo para un teatro popular. El texto gira sobre la representación –muy visual– de tres serranillas del Marqués de Santillana, la de la famosa vaquera, la de la serrana de Boxmediano y la serranilla de Menga de Manzanares. Consta de un Proemio y 12 escenas, en muchas de las cuales, el autor adopta el papel de director de obra y ofrece, hasta tres alternativas a la representación escénica, en función de la mayor o menor disponibilidad presupuestaria que hubiera para representar la obra. Muchas escenas carecen de diálogos, por ejemplo, la primera escena, es una simple representación visual de la entrada, en el escenario de la Plaza de la Constitución de Hinojosa del Duque, de los personajes. Este recurso permite llenar el enorme espacio de la mitad de la plaza con figurantes a pie o montados a caballo, todos ellos vestidos con recreaciones de vistosos ropajes del siglo XV, aproximadamente, los cuales protagonizan una espectacular y colorida puesta en escena, sin necesidad de diálogo.
El Proemio se inicia con el paso por el pueblo de la reina Isabel, la Católica, hecho del que no se han descubierto pruebas documentales históricas a la fecha(1), que al tener noticia de la representación, decide quedarse para verla como espectadora.  
El núcleo del argumento es muy similar a la obra de Eguílaz, se trata de un noble que escribe y representa las tres serranillas, entre ellas su enamoramiento de la vaquera y la defensa que hace esta de su integridad puesto que «non es deseosa/ de amar, nin lo espera», por lo que solo puede ofrecerle amistad al marqués, no amor; al mismo tiempo, la sombra de la posible deshonestidad de la muchacha se agita, sutilmente, a lo largo de la obra.
Se trata de un texto teatral de frases cortas, rápidas y con un desarrollo muy ágil, a diferencia del plomizo texto de Eguílaz, en el que se introducen modismos locales –por ejemplo, el famoso «¡Que barbaridad!», que tanto repiten las mujeres del coro–, gastronomía local (hornazo de fideos, olla de carnaval, rin-ran, cachorreñas, perrunas, etc.); así como la defensa a ultranza de la arquitectura local, representada, básicamente, por la Catedral de la Sierra, cuyos planos y futura construcción es mostrada por maestro de obras de la iglesia.
Las escenas se suceden unas a otras sin hilo argumental sólido que las una, lo que no ocurría en la obra de Eguílaz, muchas veces están enlazadas por grupos de mujeres del pueblo, que actúan al estilo de los coros de las tragedias griegas que introducen dramatismo al texto con sus ropajes muy teatrales y exagerados. Estas mujeres, hacen punto y aparte en el desarrollo de la trama principal, actúan como intermediarias que explican detalles de la obra para que el espectador pueda seguir el hilo argumental, al mismo tiempo cuentan otras cosas que nada tienen que ver con la trama, así nos adentran en las costumbres locales, como ocurre con el coro final, que explica, mientras el marqués abandona el pueblo sin el amor de la vaquera pero con su amistad, la ritualidad del pan en la fiesta de San Benito. 
En todo caso, cabe señalar que la obra de Benítez cuenta con un elemento muy útil y que, en estos tiempos, se ha convertido en un grito de lucha: la necesidad de recabar el consentimiento de la protagonista, cosa que no he detectado en la obra de Eguílaz, donde lo importante parece ser el consentimiento dado por el padre de la vaquera al requerimiento en amores que realiza el marqués, presuponiéndose un consentimiento tácito por parte de la amada.
En la escena X el marqués que se marcha, desea despedirse de la vaquera, y pide a la muchacha que informe de ello a su madre con la finalidad de pedirle el consentimiento para hablarla. La vaquera, muy atinada, responde como una mujer libre, fuera de su época: 
Preguntadme vos a mí
si yo quiero hablar con vos.


Cartel de la VI representación, fotografiado en el Centro Cultural de Hinojosa.



Lo que hasta ahora he escrito, no son mis impresiones sobre la representación teatral en sí misma considerada, sino tan solo las que he extraído de la lectura de los dos textos publicados en libro con el título de La vaquera de la Finojosa. Al margen, existen, al menos, siete libretos distintos sobre la obra de teatro, que cómo es lógico, recogen las adaptaciones y fusiones, realizadas por otros escritores y/o los directores de turno (1998, 1999, 2002, 2006, 2010, 2014 y 2018), los cuales, que yo sepa, no han sido publicados en formato libro y sobre los que es muy difícil documentarse, pues salvo excepciones; en muchos casos desconozco si son adaptaciones de la dirección o de profesionales de la escritura contratados para la ocasión.
La primera puesta en escena de la vaquera en Hinojosa del Duque, se realizó en el año 1998, coincidiendo con el VI centenario del nacimiento del Marques de Santillana, cuyo libreto se basó exclusivamente en la obra teatral de Benítez y fue dirigida por Francisco García. La obra tuvo una extraordinaria repercusión, por su espectacular puesta en escena en la que intervinieron unos 200 vecinos vestidos de época, los cuales la escenificaron acompañados de caballos, vacas, ovejas, etc. Su impacto fue un reclamo nacional e internacional para la ciudad, y ocurrió algo que pocas veces sucede con las noticias que no son una calamidad o una desgracia; el pueblo y la obra aparecieron, durante algunos minutos, en los telediarios nacionales. El éxito de público y de crítica sirvió para que, al año siguiente, en 1999, se representara por segunda vez, dirigida en esta ocasión por Mercedes Castro(2). La obra, por su coste y gran complejidad técnica, pasó a ser representada cada cuatro años, siendo el año 2002 cuando, por tercera vez, se representó de nuevo, basándose en la obra de Benítez y fue dirigida por Carlos María Blanco.
En la representación desarrollada en el año 2006, el director fue José Caballero Mansilla; parece ser que fue una fusión de las obras de Eguílaz y Benítez, con lo que podría haber sido este el primer año de la puesta en escena de ambas obras teatrales(3).
En la representación que se realizó en el año 2010, el libreto tuvo cambios significativos, pues se introduce al cardenal Mendoza como acompañante de la reina Isabel. 
En el año 2014, el libreto daba prioridad a la obra de Eguílaz. La redacción del texto fue realizada por Antonio Javier Cortes, el cual lo adoptó «a las calles» y la historia de Hinojosa del Duque (ABC de Sevilla, 4/8/2014). El autor, en la entrevista, aclaró la necesidad de adaptar un texto escrito en castellano antiguo de difícil su compresión, y especialmente para  introducir «localismos, gastronomía, historia del municipio, tradiciones populares». Al parecer, partir de una obra original con un lenguaje incompresible fue objeto de crítica, así mismo lo fue la forma que presentar la historia de la localidad, al introducir ciertos monumentos (Catedral y el Pilar de los Llanos) en el siglo XV, cuando aún no estaban construidos. Por todo ello, el adaptador insiste, en la citada entrevista, que se trata de una obra de ficción, que no es real.
La VII edición de la Vaquera, cuyo director es José Caballero, y que se va a representar en los días 2 al 5 de agosto de 2018 con 250 actores, contará con los precedentes de los años anteriores, experiencias que permiten que cada cuatro años, los problemas técnicos, de desarrollo y escenificación se puedan solventar con mayor facilidad. Se trata, como viene siendo habitual, de una fusión muy visual de géneros (teatro, danza, música) y de saberes por decirlo de alguna manera (comida, historia, arquitectura, antropología, oficios perdidos, etc.), que han dado lugar a un libreto renovado que mantiene unos textos de Luis Eguílez y Francisco Benítez, y en el que las piezas musicales han adquirido mucho protagonismo, al haber ido creciendo a lo largo de las VI ediciones anteriores.


Otra vista de la exposición del Centro Cultural.


¿Y por qué he escrito esto? Porque la pasión me puede, y ando por Sevilla diciendo que tienen que ir a ver La vaquera de la Finojosa y todos me piden que haga cómo cuando dices que vienes del cine. Te piden que les resumas el argumento. Siempre me quedo confusa, sin saber decir otra cosa que «es la escenificación teatral de unas serranillas del marqués de Santillana» y para salir del paso, recito eso de «…en un verde prado/ de rosas y flores, guardando ganado…», pues soy incapaz de explicar de forma coherente el argumento –especialmente cuando recuerdo el puzzle de la obra de Benítez–. ¡Ah, bendita sea la maravillosa poesía, cuya fuerza hace olvidar a mis interlocutores mi incapacidad para explicar la obra al estilo clásico, concretando la presentación, el nudo y el desenlace!


Anverso y reverso de una entrada para la representación de 2018.

La obra teatral de la Vaquera, sea de la convocatoria que sea, no nos dará una fácil repuesta a la popular pregunta ¿de qué va? si nos limitamos a explicar el contenido del libro, el libreto o la versión de la persona que la dirige. Eso es superficial, la obra de La Vaquera de la Finojosa tiene que verse con otros muchos ojos, con los de la apropiación de un mito, como un claro ejemplo de solidaridad local, como una lucha contra el olvido o como muestrario de nuestro patrimonio, entre otros.
Es la apropiación de un mito, de un símbolo universal como es la obra de uno de los escritores más conocidos y que forma parte de los libros de texto que nos acompañaron a lo largo de una etapa de nuestra formación escolar. Se ha logrado vincular el mito a un pueblo que lo ha mimado y hecho crecer como si el marqués se hubiera enamorado, de verdad, de una colodra.
Es la manifestación solidaria de un pueblo que lucha, que se presta de forma voluntaria y desinteresada a su desarrollo –en la versión actual 250 vecinos ocuparan el escenario–. Esta maravillosa gente ha dado –y da su tiempo libre y su esfuerzo por un sueño: representa cómo vive, canta, lucha y ama un pueblo; y a los que trasmito mi agradecimiento por su labor titánica.
Es la lucha de Hinojosa contra el olvido y la despoblación, lo que se hace ofreciendo un producto teatral de altísima calidad visual y escenográfica tanto para ellos mismos, como para atraer el turismo; así como para ponerse en la mira de las noticias nacionales e internacionales. Aunque sería deseable, en el futuro, por la repercusión que tiene que Hinojosa acoja más de 2000 espectadores diarios, buena parte de ellos de fuera de la localidad, que tuviera mayor repercusión económica. Los días de la representación tendrían que ser explotados al estilo del Festival de Teatro de Almagro, que tiene diversas actividades paralelas para que la gente, además de asistir al teatro, compre, beba y coma el teatro y el patrimonio local, en el que haya rutas turísticas de personajes ataviados como la obra de teatro, así como mercadillos con productos locales. Recuerdo, por ejemplo, las comidas que aparecen en la obra de Cervantes y de las que he disfrutado, alguna vez en Almagro, de forma similar, los bares y restaurantes locales podrían preparar una carta basada en las comidas que se citan en la Vaquera.
Y por último, no hay que olvidar que se trata de una representación teatral en vivo, en la que la principal protagonista no es la vaquera, sino un edificio que ha sido construido y conservado, lentamente a lo largo de los siglos, y que es una auténtica gozada contemplar: la maravillosa Catedral de la Sierra, o iglesia de San Juan Bautista. 

Sevilla, 22 de julio de 2018.


  1. De momento lo que parece estar documentado es que el cadáver de su esposo, Fernando, el Católico, si pudo pasearse por Hinojosa o su término municipal, a tenor de lo que cuenta José Julio Martín Barba, «Guayas, lutos y exequias en el itinerario del cortejo fúnebre de Fernando el Católico», artículo publicado en la revista De Medio Aevo 9 (2016/1). ISSN-e 2255-5889; págs. 23-60.
  2. Hasta la fecha, la única mujer que ha ocupado el importantísimo cargo de Directora en las siete convocatorias representadas, sería deseable que la convocatoria siguiente, la VIII, fuera dirigida por una mujer. 
  3. La Web oficial en el momento que la consulté, daba información demasiado confusa de cada una de las representaciones realizadas, con lo que no me ha quedado claro en qué momento se produce realmente la fusión. La información que facilita la Web, aunque es sumamente útil para las personas interesadas puedan llegar al pueblo, no ofrece los datos técnicos y biográficos necesarios para realizar un estudio lo más acertado posible. También parecen existir dudas acerca de cuando aparece el personaje de la reina Isabel en escena por primera vez, cuando lo cierto es que en el libro de Benítez consta su presencia desde el primer momento.


Fuentes documentales: 


  • Benítez, Francisco: «La vaquera de la Finojosa», ediciones Duque,  Hinojosa del Duque, primera edición, 1999, 135 págs.
  • Eguílaz, Luis de: «La vaquera de la Finojosa», editor Alonso Gullón, Madrid, séptima edición, 1874, 77 págs.
  • Entrevista a Antonio Javier Cortés, en ABC de Sevilla, 4/8/2014, edición digital.
  • Hinojosa, crónicas independientes, Año III, núm. 110, 6/11/1932.
  • Ramírez de Arellano, Rafael: «Inventario artístico y monumental de la provincia de Córdoba». La obra original fue publicada en 1904, he utilizado la versión editada por la Diputación Provincial de Córdoba en 1983. Pág. 646.
  • Web Oficial: www.lavaqueradelafinojosa.es/
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sábado, 23 de junio de 2018

Tres documentos sobre la prostitución en Hinojosa del Duque



© María Dolores Rubio de Medina, 2018


Estos días, releyendo «Flor Nueva de Romances Viejos» de Menéndez Pidal —curiosamente en una edición de la Dirección General de Enseñanza Primaria, de 1968, con una estampilla en tinta azul del «águila franquista»—, he dado con los tristes versos de doña Urraca, en los que dice en el Romance Undécimo de «Los Romances de Cid», cuando despojada de la herencia de las tierras del reino por su condición de mujer, llora y anuncia su venganza a su padre, el rey Fernando:

(...)
«¡y a mí, porque soy mujer,
deiásme desheredada!
Irme he yo de tierra en tierra
como una mujer errada; 
mi lindo cuerpo daría
a quien bien se me antojara,
a los moros por dinero
y a los cristianos de gracia;
de lo que ganar pudiere,
haré bien por vuestra alma.»

Leído el párrafo, he recordado que alguna vez dije que escribiría en este Blog algunas notas sobre cómo han llevado nuestros paisanos «aquestas vergüenzas de la carne»; así que me pongo a cumplir lo dicho, porque aunque Tierno Galván (fue alcalde de Madrid) decía que las promesas electorales están para no cumplirlas, nada dejó dicho, que yo sepa, de las no electorales, con lo que no hay librillo en la materia que me libre de cumplirla.

Así que me pongo a la tarea como una mera cronista de hechos. Me limito a reproducir textos que me han impresionado o inquietado, sin realizar valoraciones morales, legales o religiosas sobre su contenido. Será el lector el que deberá sacar, o no, sus conclusiones conforme a sus creencias o su falta de creencias: sus leyes o su falta de leyes; su moral o su falta de ella; en definitiva, sus más o sus menos.

Sin embargo, las notas que reproduzco, llevan por sí solas el toque religioso, legal, moral o marxista, incluso la aculturación para ejercer con dignidad el oficio más viejo del mundo, que dicen. 

Solo realizo esta observación respeto al Documento Núm. 3: hace años que me mostraron esa instancia dirigida a un alcalde de nuestro pasado, firmada el día 5 de junio de 1935 y, aún hoy, me asalta el asombro cuando leo la petición por su redacción educada y su extraordinario dominio del lenguaje y de las leyes existentes, ¡y fue escrita hace más de ochenta años!

Documento Núm. 1:

Procede del Archivo de Osuna (Archivo PARES: Osuna, C336, D.68). Es una queja dirigida al Duque de Béjar en diciembre de 1632.

«Excellentissimo señor.

Gaspar perez Cañas ? , y Franco Lopez, y Morales, fuimos a pedirle al Pe guardian en nombre de todos los vecinos, que confrentan sus corrales con una callejuela, que en ella se hacen muchas offensas de Dios, donde se an cogido hombres y mugeres de noche y es un Lugar publico donde se ofende a Dios suplicamos a vsa. excellencia la mande tapar, para que se eviten estas offensas de Dios, que todo el lugar le dará mil Bendiciones a vsa. excellencia, y al convento (???), y aseguraremos nuestras casas, y crea vsa. excellencia que si no fuera por la prisa que llevara todas las firmas de nosotros, aquí van algunas, que por no cansar a vsa. excellencia no van todas. Ntro. señor nos ??? excellencia de su villa de la Hinojosa y de diciembre de 1632.»

Siguen al pie cuatro firmas.




Documento Núm. 2

Son dos notas incluidas en la pág. 6 del Semanario "Hinojosa", de fecha de 8 de noviembre de 1931, una de las secciones recoge ciertas las Notas de la Alcaldía, y entre otros asuntos, impone una multa de 25 pesetas a una persona por «escándalo y transitar por la Plaza de la Constitución acompañado de una mujer de la vida alegre». 

         La segunda noticia es un serio toque acerca de lo que representa este problema en la sociedad, y se incluye en el apartado FOGONAZOS. La explotación sexual se vincula con ¡"la explotación en el trabajo"!, así puede comprobarse con la lectura de los tres párrafos de la columna:

«Desparecida —por fortuna— la trata de negros, subsiste para el baldón de la civilización y del sentimiento, la explotación inicua de pobres mujeres que han de vender los lacios encantos de su cuerpo, por unas miserables monedas: es lo que se conoce por el nombre de trata de blancas.

¿Qué actitud deben observar ante este vergonzoso negocio los hombres que hicieron del ideal socialista, el note y guía de sus vidas? Imaginamos que no es muy difícil determinar y concretar esa opinión, si recordamos que uno de los postulados esenciales del Partido es combatir la explotación en el trabajo. Al ser así, ¿qué de anatemas y condenaciones debe suscitar en la conciencia de un socialista auténtico, el escandaloso lucro que las ama de casa públicas consiguen con la mercancía humana de las pobres pupilas? Para éstas, toda la consideración, el respeto, la piedad, es poco nuestro juicio. Pero las que gozan, triunfan y suben a expensas de tantas tragedias, solo merecen el aislamiento y el vacío, por constituir la burguesía más pintoresca y oprobiosa que puede existir en un régimen capitalista.

¿Qué piensan de todo esto, los socialistas de Hinojosa?»




Documento Núm. 3:

«SR ALCALDE-PRESIDENTE DEL EXCMO AYUNTAMIENTO DE ESTA CIUDAD.

XXX de la XXX XXX, mayor de edad, soltera, de profesión su sexo, natural de Madrid y vecina de Córdoba, con domicilio accidentalmente en esta Ciudad de Hinojosa del Duque en calle XXXX, número XX, provisto de su correspondiente cédula personal N.º XXX, Tarifa 3ª Clase 13ª expedida en Córdoba en primero de Junio del año actual, a V.S. con el debido respeto expone: Que creyendo reunir las condiciones y requisito que las vigentes disposiciones regulen y determinan para la instalación de Centros ó casas de «Lenocinio» y deseando la recurrente establecer provisionalmente una, en la citada casa donde habita, es por lo que,

SÚPLICA

a V.S. previos los informes y reconocimientos de sanidad correspondientes, se digne concederle la apertura de dicha casa, en la inteligencia, que tan pronto como encuentre otra, en extremos más apartados de la población efectuará su traslado.

Gracia que espera merecer de la reconocida rectitud de la digna y superior autoridad de V.S. cuya vida se conserve muchos años.

Hinojosa del Duque a 5 de junio de 1935.»

Y todo ello lo materializa en un escrito realizado en su papel oficial con su correspondiente número de serie, sus sellos, sus timbres y su nombre enterito en la firma (solo he dejado el garabato), como puede verse.






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Sevilla, 23 de junio de 2018.