sábado, 4 de marzo de 2017

«HINOJOSA ROMANA» por DON AMADEO ROMERO TAULER


Sevilla, 4 de marzo de 2017

Reproduzco en este blog un artículo escrito por D. Amadeo Romero Tauler sobre el pasado romano de Hinojosa del Duque (Córdoba), el cual tiene una curiosa historia. Su origen se encuentra en las correrías exploratorias que realizaron, en tiempos muy lejanos, D. Amadeo y D. Pablo Manuel Rubio Ramos, profesor y discípulo —más tarde, ambos profesores del Colegio de los Padres Carmelitas en Hinojosa— por los alrededores de Hinojosa. 
El Convento de los Padres Carmelitas tenía un Colegio, hoy desgraciadamente desparecido, en el que impartían clase tanto a internos como a externos, aspirantes al sacerdocio o no. Por este enclave educativo desfiló una incansable plantilla de frailes que formaban a los alumnos en distintas disciplinas y que tenían una vinculación extraordinaria con Latinoamérica, por lo que recibir formación en el citado Colegio —masculino, desgraciadamente— suponía adquirir  unos conocimientos humanísticos muy abiertos.
Los frailes que impartían las distintas asignaturas, ya sea por su vinculación con la Orden, ya sea por inquietudes personales, rotaban continuamente por el Convento de Hinojosa y otros lugares, de ahí que los recibimientos y las despedidas fueran constantes entre los que permanecían en el pueblo y los que se iban. En una ocasión, para la despedida de Fr. Gregorio Barbancho, o.c. la Congregación religiosa decidió regalarle un libro con textos de los distintos compañeros para que se lo llevase a su nuevo destino como recuerdo. En ese libro del que se imprimió un solo ejemplar —que yo sepa— y que llevaba (y lleva pues mantengo la esperanza que esté en alguna biblioteca) el título de Libro Homenaje a Fr. Gregorio Barbancho, o.c., Hinojosa 9 de mayo de 1953, D. Amadeo Romero Táuler escribió un artículo titulado: «Aportaciones al estudio de la Hinojosa Romana», que en aquella época en la que no existían fotocopias ni medios de reproducción como ahora, fue copiado a mano en unas cuartillas por mi padre, el 23 de junio de 1953, gracias a lo cual no se ha perdido una de las pocas investigaciones de nuestra historia local. 

Cuartilla manuscrita con el inicio del artículo de don Amadeo,
letra de Pablo Manuel Rubio Ramos



El manuscrito tiene mas de 60 años; curiosamente, unos 30 años después de que fuere escrito, al introducir unos tubos para canalización de aguas en la carretera que viene de Belalcázar, a la entrada de Hinojosa, los obreros, al sacar tierra a gran profundidad con una excavadora, hallaron notables restos de tumbas de esa Hinojosa Romana. De ese momento proceden estas vasijas, las cuales tienen hasta marcas personalizadas en el culo, como se muestra en las fotografías procedentes de mi archivo personal. 



En la actualidad, los citados objetos del ajuar funerario localizado se encuentran expuestos en el Museo Etnológico de Hinojosa del Duque por depósito realizado por mi padre, Pablo M. Rubio Ramos.
Transcribo literalmente el texto del artículo de don Amadeo procedente del libro dedicado al Padre Gregorio para disfrute de todos —especialmente de sus alumnos— a los que ha dejado un inolvidable recuerdo, por sus conocimientos y su amena conversación.
* * *
Aportación al estudio de la Hinojosa Romana
por Amadeo Romero Tauler, profesor
Cuando en el año 208, antes de Cristo, lucha Escipión el Africano con Asdrúbal Barca y lo vence en Fécula (Bailén?) y, después de vencido este marcha a Italia a reunirse con su hermano Anibal, los acontecimientos se precipitan en Andalucía. Escisión, ayudado por el príncipe turdetano Culeas vende en Hipa (Alcalá del Río) a la derecha del Guadalquivir y otro príncipe turdetano, Attenes, se pasa al partido de Roma t muchas ciudades y fortalezas se rindieron. Antes de que Escipión marchase a Roma, porque la tarea de acabar con los cartagineses no era difícil, ya Hinojosa debía de haber caído en poder del vencedor, porque hemos de suponer que desde el primer momento convertirían los romanos este territorio en un bastión contra los asaltos de los feroces lusitanos que, sabemos desde antiguo saqueaban la rica regiónn del Betis. No hay duda de que esta era una región de tránsito, porque aparecen fortificaciones del tipo de los «castros» tan abundantes en el noroeste de la Península, y por el hecho de haberse encontrado aquí un escarabajo egipcio que sólo pudo ser importado por los fenicios; lógicamente, si era camino comercial y punto de contacto de diversas culturas, hubo de ser ocupado inmediatamente para evitar las terribles incursiones de los habitantes de Occidente.
Plinio nos informa de que la región entre el Guadalquivir y el Guadiana se llama Betunia y se dividía en Céltica, la que linda con la Luisitania y pertenecía al Convento Jurídico de Hispalis y Zúrdula, la que limitaba con la Luisitania y Cartaginense y pertenecía al Convento Jurídico de Córdoba; pero si es fácil localizar una región tan extensa, cuando se trata de determinar claramente sus límites y localizar las ciudades, el asunto se hace extremadamente difícil y sin ánimo de polemizar con el P. Juan Ruíz, cuyo esfuerzo por estudiar la Historia de su pueblo admiramos, no nos convence con sus razonamientos al concluir que esta ciudad se llamaba Solia. Baste decir que García Bellido, el actual catedrático de Arqueología Clásica de la Universidad de Madrid dice que la Beturia Céltica ocupaba tambiénn la región próxima al Estrecho y la ciudad de Arunda, que el citado Padre identifica siguiendo a Historiadores antiguos con Aracena, Garcíaa Bellido dice que es Ronda y respecto a esta región y con muchas dudas sólo se atreve a localizar: Mellaria, Fuente Ovejuna; Misobriga,: Capilla y Lisafone: Almacén, estas dos últimas localizadas por el P. Ruiz como El Guijo y Bienvenida.
Pero si es dudoso el nombre de la Hinojosa Romana, no lo es su existencia desde tiempos anteriores a Roma. Innumerables hallazgos de hachas de piedra pulimentada, hasta dentro del propio casco urbano, y de sepulturas cubiertas de placas de pizarra, que por su estructura deben pertenecer, lo más tarde a la Edad del Hierro  el mismo trazado de las calles del núcleo primitivo, nos llevan a la conclusión que ya en los tiempos neolíticos debía de existir un núcleo de población de cierta importancia. Y si todavía quedaba alguna incertidumbre acerca de la Hinojosa Romana, quedaron disipadas el año pasado cuando en compañía de nuestro discípulo Pablo Rubio Ramos, tuvimos la la fortuna de descubrir la Necrópolis romana de la ciudad, a unos doscientos metros de distancia de las últimas casas, a ambos lados de la carretera de Belalcázar. Su enorme extensión: hasta el camino del cementerio actual por un lado y el camino de Santo Domingo por el otros y uno cien metros de largo indican claramente que no pudo pertenecer más que a una población de bastante importancia.
No hemos podido sacar mucho fruto del hallazgo; porque, ingenuamente, comunicamos la noticia en el Córdoba, intervinieron los organismos oficiales, que ni investigan ni dejan investigar, y esto nos ha impedido descubrir siquiera una tumba cualquiera, por lo que tenemos que reducirnos casi a una simple inspección ocular. No obstante, hemos comprobado que se trata en su mayor parte de sepulturas abiertas en la tosca del granito y cubiertas de tejas y ladrillos romanos que pertenecían a diferentes fábricas, ya que difieren en cuanto a grosor, sistema de enlace y forma de los bordes laterales. Conocemos la marca de una de las fábricas. Cuatro circunferencias interiores unas a otras y tangentes todas en un punto del borde de la teja.
También se encuentran trozos de objetos de alfarería basta, lo que indica la existencia de talleres locales y la marca de fábrica, semejante a la huella que dejarían la fibras de una tabla de madera alrededor de un nudo. Abundan los trozos de ánfora de barro blanco, prueba evidente de la existencia de un activo comercio con la región de la campiña de Córdoba. Al lado de estos humildes productos de la artesanía local hallamos trozos innumerables de hermosa vajilla de mesa de fino barro barnizado de rojo brillante, lo que se llama “barrosaguntino” muy celebrado por Plinio y Marcial.
Aunque este fuese el más importante núcleo de población, no era único como en la actualidad, ya que en su término existían multitud de viso o aldeas, pues la población en la antigüedad estaba mucho más regularmente repartida sobre el territorio que en la época presente, pues no se había realizado la desastrosa acumulación de latifundios que trajo consigo la Reconquista.
Entre los vicos más interesantes que hemos podido localizar citaremos dos que se encuentran al lado de la vía romana que se dirigía a Monterrubio y que debía de seguir el trazado del camino actual, o sea, parte de lo que hoy es la Plaza del Pilarete, no del Callejón de Hinguita, como dice el P. Ruiz. Cruza la Carretera del Marmol a uno de cuyos bordes se ve el enorme corte del terreno ocasionado por los carros y al llegar al cercado de Bernabé se aparta definitivamente de la carretera; o sea, es el camino que sigue la romería de San Benito. Esta vía enlazaría con la que desde Mérida por Metellarium, Misóbriga y Lisafone se dirigía al oriente y centro de España. El primero de los susodichos vivos se encuentra en el Cerro del Molinillo (Viña de Teodoro González), en uno de los lugares más bellos de los alrededores, sobre una pequeña meseta al lado del Arroyo de las Viñas. La población ocupara una extensión de cien metros de diámetro y todo el lugar esta completamente cubierto de restos de material de construcción y objetos de alfarería de los tipos anteriormente descritos y con las mismas marcas de fábrica. Abundan extraordinariamente, los procedentes de importación.
Unos kilómetros más, en la Gutierra, existió otro numéricamente más importante. Aquí, a los mismos materiales de construcción se suman la existencia de un sepulcro construido de hormigón, y restos de la presa de un molino de la misma construcción. En el primero se han encontrado ladrillos circulares, procedentes de fustes de columnas, resto de una fundición de hierro y una cabeza de caballo hueca, fundida en plomo, y tanto en uno como en otro, son abundantes los hallazgos de monedas. por desgracia, las colecciones que poseían los propietarios de las fruncías desaparecieron durante la guerra, de otra forma nos hubieran permitido fijar la época de su mayor esplendor, aunque esta debido durar hasta mucho después, porque son muy abundantes los hallazgos de monedas árabes.
Otro de los núcleos de población ocupaba el lugar de los Huertos Familiares*. Allí, junto al material anteriormente descrito (hemos encontrado enormes ladrillos de más de diez kilos de peso), se ven las piedras de un molino romano y la planta y muros de un pequeño edificio de hormigón, que todavía conserva el enlucido compuesto de una concreción de cal, arena y tejas machadas.
Aunque ya en el término de Belalcazar, en Gogollalta, en la finca de Dª Rosa Montero, también existen pequeñas agrupaciones de edificios, que aunque son poblados ibéricos, quizás, pertenecientes a la cultura de los «castros» —que se dedicarían a la ganadería, aunque la simultanearon con algo de agricultura—, seguían existiendo en la época romana, pues queda junto al material prerromano, también romano, así como trozos de vajilla y una necrópolis al lado del Arroyo de la Dehesa o de S. Bartolomé, que presenta sepulturas cubiertas de teja romana.
Muy cerca de allí, en el llamado Maquielo de los Herradores, en el camino a Belalcázar existió un núcleo de bastante más importancia, a juzgar por el material existente, y allí está el monumento más importante que hemos logrado localizar hasta ahora. Se trata de la base, hoy casi reducida de una plancha de hormigón, en parte, destrozada por los buscadores de tesoros, de un edificio, que está sobre una cueva natural y adosado a unos riscos. Sería un templo. Aún se ven en las heredades que lo rodean los trozos cilíndricos de granito que formaron los fustes de las columnas.
También se han encontrado algunas minas en los mismos alrededores de esta población, en el Camino de Córdoba y muchas más quedarán por descubrir, lo que no sería difícil con un estudio más minucioso del término, que nos completarían el conocimiento acerca de la distribución de la población en esta época y del grado de esplendor a que llegó aquella cultura en los primeros siglos del Imperio.
A pesar del insuficiente conocimiento que estos hallazgos nos permiten, podemos sacar algunas consecuencias. No sólo existía la población, sino que era el más importante núcleo de todo el término, aunque su radio debía ser mucho más pequeño que el actual. El centro sería, como ahora, la plaza, pues a ella van a confluir todas las vías importantes de la población su límite no llegaría más allá de la Plaza de los Caños Verdes o hasta el final de la Corredera por un lado y la Plaza del Pilarete, por otro, un descampado. En el otro sentido apenas llegaría de San Isidro a la Caridad. Las calles que quedan fuera de ese núcleo por su trazado recto y su anchura muestran que son de época reciente, tanto que las portadas de estilo gótico nos indican que poco más había superado, en extensión, a principios del siglo XVI.
Respecto al número de habitantes con los precedentes datos no se pueden hacer cálculos ni aproximados; no obstante la Necrópolis nos asegura que se trataba de un núcleo de mucha importancia y si tenemos en cuenta que la mayoría de la población estaba expandida en vicios por toda la anchura de su término, creo que se puede afirmar, sin peligro de equivocarse, que la proporción relacionada con la media de España debía de ser mayor, que la población actual.
Esperemos que a lo ya conocido venga a sumarse algún día el feliz descubrimiento de alguna inscripción que nos proporcione un conocimiento más completo.

* En los Huertos familiares se encuentran 7 u 8 tumbas sobre piedra de granito.
Más allá, en el Quinto de  Dª Guadalupe Blasco,a la derecha de la Carretera del Viso, se encuentra unos restos de edificio cuadrangular, que dan la sensación de depósito de aguas, pero no hay medio de encontrar la canalización desde el arroyo.

Artículo publicado en el 
Libro Homenaje a Fr. Gregorio Barbancho, o.c., 
Hinojosa, 9 de mayo de 1953.

* * *
Como complemento de los datos anteriores, puesto que don Amadeo —incansable en su lucha para que el castillo de Cortegana recuperase parte de su esplendor— es un perfecto desconocido entre la gente de la Hinojosa de hoy, reproduzco la breve semblanza que el ABC de Sevilla del día 12 de febrero de 1969 realizó del hombre que aprovechó su estancia en nuestro pueblo para intentar investigar su historia, durante los más dieciséis años que residió en nuestra población. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario