domingo, 16 de diciembre de 2018

Romance de las viejas rencillas



           (c) María Dolores Rubio de Medina, 2018.


En una casa de lenocinio,
a unos metros de las escuelas
se ha cometido un infortunio,
en horas de infantes dormidos.

Quisieron amañarlo como suicidio,
pero huyó del lupanar, persona principal,
autora del desgraciado homicidio,
y detrás, mujeres de mala nota.

Han tocado a rebato las campanas
para avisar del devenir de las rencillas,
entre el que, en los plenos, levanta el acta
y un estricto padre de familia.

En duelo, una bala atravesó la faz
del tercer teniente de alcalde, 
cuando un encelado quebró la paz
entre juegos de naipes.

Ha levantado la cabeza el doctor,
para decirla a madama Eugenia
que es noche de fiero dolor,
porque yace finado su amante casado.

Busca la Guardia Civil, aparejada,
voceando por las calles de Hinojosa,
a quién dejó huérfana una camada
de cuatro hijos y plantó viuda.

Al Secretario homicida halláronlo,
escondido en la fábrica de harinas,
sin fútil resistencia, apresánrolo
y a la cárcel condujéronlo.

Eugenia Carrillo, ante el juez,
ha comparecido, digna y enlutada,
para contar que no fueron de naipes,
ni de mujeres; que otras, fueron las rencillas.

No es sabido si la dueña del lunapar,
enlutada como dolorida viuda,
bajo las almohadas, pistolas a la par,
atesoraba en el cofre de las alhajas.

Y el Secretario, abatido y calavera,
confesó que en legítima defensa,
la bala del arma había disparado,
antes que el difunto pudiera.

Y aunque guardaban rencores atravesados,
eran hombres de otros pastos,
que de gastos presupuestados,
y no de mujeres, habían parlamentado.






Nota aclaratoria:

El lunes, 7 de noviembre de 1932, el Secretario del Ayuntamiento de Hinojosa del Duque, Cipriano Crespo Calvo, mató de un tiro a Blas Tabas Caballero, tercer Teniente de Alcalde en una casa de lenocinio de la localidad. Se dice que fue una discusión sobre mujeres, pero lo cierto es que, hasta donde he podido averiguar, ambos contendientes habían mantenido discusiones legendarias por asuntos de impuestos y gastos presupuestarios en los plenos del Ayuntamiento. El Secretario fue absuelto del crimen, pues se entendió que había actuado en legítima defensa.




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sábado, 8 de diciembre de 2018

Los Calvarios del Valle de los Pedroches (II)



Agradecemos, de corazón, a don Antonio Gil, y a todos los amigos, conocidos y paisanos que han acogido nuestra loca idea con tanto cariño y entusiasmo, esa de rescatar unos túmulos del olvido.


Opinión publicada en el "Córdoba", el 1/12/2018.


domingo, 25 de noviembre de 2018

Los Calvarios del Valle de los Pedroches (I)



Los Calvarios del Valle de los Pedroches, 
Pablo M. Rubio Ramos
Editorial La Brujita, 
Sevilla, 2018. 44 págs. 
Primera edición numerada de 50 ejemplares. 

El folleto es, más que nada, una especie de álbum de fotografías  sobre unas raras construcciones rurales muy peculiares; a las que antecede una breve introducción, que, en palabras de Pablo M. Rubio –me perdonarán que utilice el nombre que aparece en su placa de abogado, nunca sé cómo citar a quien fue mi padre, fuera de la familia; en Hinojosa del Duque lo conocían como don Manuel; en Sevilla, como Pablo–, son unos túmulos cuadrados de dos metros de altura, construidos con paredes de piedra de granito, de unos tres metros de lado, en cuyo interior, relleno de tierra a modo de macetón, está plantado un añoso olivo…

Los Calvarios son unas construcciones que legaron nuestros antepasados; unos enormes y extraños macetones que no tienen similitud con ninguna otra manifestación cultural, pues a la fecha, desconocemos si existen en otras localidades fuera de Los Pedroches; aunque creo recordar que podría existir algún Calvario similar en Cabeza del Buey. En todo caso, su significado, al día de hoy, se ha perdido.

"Los Calvarios del Valle de los Pedroches", un cuidado producto propio de coleccionista local.

Sobre esta extraña construcción, Pablo M. Rubio escribió en agosto de 1995 un pequeño artículo (páginas 5-9 del folleto) en el que expuso sus opiniones sobre su posible origen, su fecha de construcción, sus ritualidades y su situación –salvo alguna excepción– al borde de los caminos que conducen a ciudades importantes. En las que fueron sus carpetas de diapositivas se encontraban fotografías de algunos de esos Calvarios, concretamente entre otros, localizamos los de Fuente La Lancha, Villanueva del Duque, Alcaracejos, El Guijo, El Viso,Villaralto e Hinojosa del Duque.

Reproducciones de los Calvarios, a la izquierda los del Guijo y el Viso (fotografías antiguas); a la derecha mapa y detalle de las Cruces del Calvario de Villanueva del Duque, de una riqueza insólita frente a la austeridad del resto.

Manuel Rubio de Medina siempre había tenido la idea de rescatar las diapositivas, con sus cielos tremendamente azules, en los que casi se diluye el verde oscuro de las hojas de los olivos, junto con el texto, por su valor histórico-social y cultural para hacer un pequeño libro. Empezamos, pues, con la tarea de revisar las carpetas de diapositivas buscando las que necesitábamos, para poder escanearlas y transformarlas en archivos digitales; por esta razón, en las fotografías de la primera parte, por tratarse de imágenes tomadas entre los años 1972 a 1985, el paso del tiempo ha quedado reflejado en su nitidez y profundidad de campo. No obstante, es un testimonio extraordinario, pues nos permite ver como fueron nuestros Calvarios hace más de 40 años.
Mapa con la ruta seguida para elaborar el folleto: 1. Fuente La Lancha; 2. Villanueva del Duque;
3. Alcaracejos; 4. El Guijo; 5. El Viso; 6. Villaralto; 7. Hinojosa del Duque; y 8. Belalcázar.

La segunda parte del folleto (págs. 19 a 40) reproduce los Calvarios al día de hoy, son imágenes que fueron tomadas  aprovechando los puentes laborales de los meses de octubre y noviembre de 2018. Sin embargo, ante la dificultad que habíamos tenido para localizar los lugares dónde se encontraban los Calvarios de algunos pueblos, optamos por acompañar las imágenes con las coordenadas de localización de los túmulos, obtenidas con un móvil; y aprovechamos para recuperar para nuestra ruta un Calvario reconstruido, el de Belalcázar.

El tiempo transcurrido entre las fotografías de la primera parte del folleto y las tomadas en los dos últimos meses, nos permite calibrar cómo las distintas Corporaciones locales o Hermandades han cuidado parte del patrimonio de su pasado.

Tal como señalamos en el folleto, con este proyecto, que desafortunadamente tiene un alcance muy limitado, pues no hemos querido perder el tiempo buscando financiación para hacerlo más extenso, solo hemos pretendido que cuando «se haga referencia a los Calvarios en una conversación cotidiana, los interlocutores no muestren su asombro, por desconocer algo que, en la mayor parte de Los Pedroches, sigue formando parte de nuestro patrimonio ecológico, histórico, cultural y religioso», puesto que, «no lo dudamos, volverán a dar que hablar». 

Esperemos que este pequeño esfuerzo sirva para abrir una nueva ruta turística, la de los Calvarios y que impulse un nuevo empuje cultural para Los Pedroches. En definitiva, pretendemos que los túmulos entren a formar parte –los que no lo son– de los planes urbanísticos y culturales futuros de los Ayuntamientos y de las Hermandades; aunque, en algunos casos, como el de Hinojosa del Duque, cuyo olivo se quemó hace un montón de años, no podamos recuperar, ni siquiera con este esfuerzo, el maravilloso dicho que hace, también un porrón de años, ha dejado de escucharse por sus calles:

«Eres más viejo que el olivo de San Gregorio».

En la imagen de abajo, el Calvario hinojoseño con su desgraciado olivo,
que, poco menos, ha debido de padecer las siete plagas a lo largo de los años.


Sevilla, 25 de noviembre de 2018.
María Dolores Rubio de Medina

domingo, 18 de noviembre de 2018

Fray Diego Cisneros (1737-1812), un famoso bibliotecario desconocido por los hinojoseños


(C) María Dolores Rubio de Medina, 2018,

Entre las páginas de un programa de Feria de San Agustín de 1973 de Hinojosa del Duque, que perteneció a mi padre, encontré una transparente hoja de «papel cebolla» —papel en el que mi padre tecleaba los asuntos de su despacho de abogado—, que motivó mi curiosidad al reproducir una partida de nacimiento. 

El documento, que reproduzco literalmente, dice lo siguiente:

«En el Libro 17 de la sección de bautismos de la Parroquia de San Juan de Hinojosa del Duque aparece una partida bautismal del tenor siguiente: 

AL MARGEN: ‘‘Diego hijo de D. José Gasco de Cisneros y Dña. Catalina Becerra su mujer. Padrinos. Lorenzo Morillo Astorga y Maria Morillo Asorga su hija. Nacio el 25.’’

EN LA PÁGINA: ‘’En la Parroquial de esta villa de Hinojosa en veinte y siete días del mes de Noviembre de mil setecientos y treinta y siete años, Yo D. Juan Caballero Cañas de Oro Cura de esta Parroquial bapticé a un niño a quien puse por nombre Diego hijo de D. José Gasco de Cisneros y Dña. Catalina Becerra su mujer nació a vente y cinco días de dho. mes fueron sus padrinos Lorenzo Morillo Astorga y Maria Morillo Astorga, su hija, a los que avisé el parentesco espiritual que contrajeron con el baptizado y sus padres y las demás obligaciones, siendo testigos D. Antonio Morillo Astorga Cura de esta Parroquial y Bartolomé Ropero y los firmé.
Juan Caballero Cañas de Oro.- Rubricado’’».

De inmediato me entró la curiosidad por averiguar quién había sido ese ilustre antepasado hinojoseño; que no dudaba que hubiera llegado a ser muy reconocido y apreciado por sus contemporáneos, pues de no ser así, mi padre no hubiera guardado el documento. 

La primera dificultad para localizar al tal Diego, nacido el 25/11/1737, fue su nombre; aparentemente, utilizando los criterios actuales, tendría que haberse llamado Diego Gasco Becerra; no tardé en saber, después de diversos intentos de búsqueda con los apellidos, a través del PARES, que el personaje que buscaba era «Fray Diego de Cisneros», un religioso que gestionó los papeles necesarios para pasar a Indias, y cuyo expediente de embarque se conserva en el Archivo de Indias de Sevilla. 

Pronto supe, que a diferencia de otros personajes hinojoseños, sobre este si existe una biografía significativa, por ello me limito a realizar un breve resumen de su vida para ponerlo «en órbita colodra». 

El padre Cisneros ha sido sobradamente estudiado por el Prf. Dr. D. F. Javier Campos y Fernández de Sevilla, a quien tuve la osadía de escribir para preguntarle si conocía algún grabado o retrato de nuestro Fray Cisneros con la pretensión de poder ilustrar esta entrada. Por otro lado, sus andanzas, también aparecen ampliamente reseñadas en Internet por diversos autores, por lo que me limitaré a hacer un resumen básico de su vida, a través de diversas notas que he  recopilado de diversas fuentes:

  • Nació en Hinojosa del Duque, el 25/11/1737.
  • Tomó el hábito de los Jerónimos en el Real Monasterio de El Escorial el 27/10/1752.
  • Al parecer fue confesor de María Luisa de Parma, después reina de España al contraer matrimonio con Carlos IV.
  • En El Escorial desempeñó el cargo de bibliotecario hasta 1771. (¡Qué maravilla que un paisano nuestro se ocupase de catalogar, solicitar y recopilar libros para esa octava maravilla que es la Biblioteca de El Escorial! He tenido la fortuna de visitarla varias veces, al ser asidua a los cursos de verano de la UCM en El Escorial).
  • Se le consideró, en su tiempo, un experto en Patrística griega, pues mantuvo correspondencia con D. Juan de Iriarte.
  • El 16/8/1771, a consecuencia del fallecimiento de Fray Antonio Medel, sacerdote Profeso del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial, fue elegido para desempeñar «la Administración, que exercia en Lima de varias encomiendas que gozan en esta Ciudad con destino a sufragios, y obras pías que fundó el Sr. D. Phelipe Quarto, y Nuevo Rezado, que se vende en el Reino del Perú», por lo que se concede por el Rey licencia para pasar a dicha capital. (Fuente: Archivo de Indias, documento: Contratación, 5517, N. 1, R.3). En resumen del Dr. Campos, se encargó de administrar «la venta de los libros litúrgicos y las rentas que el Monasterio del Escorial tenía en Perú concedidas por Felipe II (1573) y Felipe IV (1664)».
  • A principios de 1772 viajó a Sevilla y Cádiz para gestionar su pasaje para partir al Perú, y se le autorizó a «llevarse en su compañía un criado, en fuerza de aquel propongo Josepf Domingo Alvarez, natural de la ciudad de Sevilla de veinte y cuatro de edad, C. R. tigueño, pelo negro, cerrado de Barbas, y frente ¿expandida?». La autorización de embarque fue firmada en Cádiz sobre 11/1/1772; fraile y criado embarcaron en el Navío Aquilés.
  • En su nuevo destino, Perú, además de ejercer las funciones encomendadas, contribuyó a la renovación de los estudios académicos que se realizaban en el Convictorio de San Carlos (Perú).
  • Creó y organizó una biblioteca personal que, posteriormente donó, y que pasaría a ser la Biblioteca de la Universidad Mayor de San Marcos; siendo también base de la Biblioteca Nacional del Perú.
  • De 1790-1795 perteneció a la Sociedad de Amantes del País, que editó el  periódico «Mercurio Peruano», a consecuencia de su relación con los ilustrados de este periódico, tuvo problemas con la Inquisición. Este periódico es de fácil acceso en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
  • Falleció a los 75 años, Lima, en 1812. 
Primer número del "Mercurio Peruano".


Para quién quiera ampliar conocimientos sobre Fray Diego Cisneros, opto por señalar los artículos escritos por el Dr. D. F. Javier Campos y Fernández de Sevilla, del Real Centro Universitario “Escorial-María Cristina” San Lorenzo del Escorial, que son fácilmente localizarles en internet, y de cuya disposición y amabilidad para consultar cualquier tema referido a esta figura doy fe. El Dr. Campos me informó de que, a la fecha, no tiene conocimiento de que se conserve un grabado o retrato de Fray Cisneros, ni en España ni en Perú.

  • (2009). «Del Escorial a Lima: Fry Diego Cisneros. Bibliotecario e Ilustrado», publicado en «Boletín de la Real Academia de la Historia», CCVI/II (2009) 177-229).
  • (2009): «El monje jerónimo español fray Diego Cisneros, el Santo Oficio de Lima y el Inquisidor General», publicado en el «Anuario Jurídico y Económico Escurialense», XLII (2009) 511-530 / ISSN: 1133-3677 
  • (2014): «El padre jerónimo Diego Cisneros, los libros prohibidos y el Mercurio Peruano», publicado en el» Anuario Jurídico y Económico Escurialense», XLVII (2014) 629-654 / ISSN: 1133-3677. 

Por último, en unos días, el 25 de noviembre, se cumplirán 281 años desde nacimiento de Padre Cisneros; esperemos que estas notas sirvan para que haya ocasión, alguna vez, para celebrar en Hinojosa algún acto relacionado con su figura.


Firma de Fray Diego Cisneros en 1772,
de los documentos del permiso para pasar a la ciudad de Lima (Perú).





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domingo, 21 de octubre de 2018

1933: Testimonio gráfico del asesinato del alcalde de Belalcázar, Pedro José Delgado Castellano


El 24 de marzo de 1932, Belalcázar quedó profundamente conmocionada cuando tres obreros asesinaron al alcalde de la localidad, Pedro José Delgado Castellano (Retamalo). Los asesinos fueron Dionisio Gallego Cáceres (el Pintao), Juan Núñez Castellano (el Parrito) y Antonio Tobajas Valentín (el Cagón). Toda la historia de este desgraciado hecho, con sus antecedentes, ha sido magníficamente narrada por Feliciano Casillas Sánchez, cronista de la localidad, en su monumental obra El asesinato del alcalde de Belalcázar (Córdoba), Ediciones Litopress, 2013, 514 págs. cuya lectura recomiendo encarecidamente. 


Portada del libro de Feliciano Casillas Sánchez.

En la página 227 de su libro, Feliciano Casillas reproduce la imagen del cadáver del alcalde, que fue publicada por el periódico madrileño Ahora, 26/3/1933, pág. 22. La imagen apenas es visible por lo oscuro de la página del periódico, por esta razón, al haber localizado un ejemplar del periódico en la Biblioteca Nacional de España, en el que se aprecia el desgraciado hecho con bastante detalle, procedo a mostrarlo. 

Ahora, 26/3/1933, pág. 22.
Detalle de la imagen anterior.

El mismo periódico, Ahorael día 28/3/1933, reproduce una imagen de los asesinos (pág. 15) y otra de la comitiva del entierro del alcalde (pág. 16). 

Una imagen de los asesinos fue publicada, mediante un fotomontaje, sobre una foto del entierro, por el diario La Voz de Córdoba, 27-3-1933, pág. 10, como se expone en el libro El asesinato del alcalde de Belalcázar (Córdoba), en la pág. 237. La fotografía de los asesinos publicada por Ahora, es otra distinta de la ya conocemos por el libro de Feliciano Casillas.
Ahora, 28/3/1933, pág. 15.

Detalle de la fotografía,

En cuanto a la fotografía de la Comitiva del entierro, es la misma que, un día antes, fue reproducida por el diario La Voz de Córdoba, 27-3-1933, pág. 10, como se expone en el libro El asesinato del alcalde de Belalcázar (Córdoba), en la pág. 237.


Ahora, 28/3/1933, pág. 16.


sábado, 6 de octubre de 2018

El cuento de los «arbitrios sobre los toques de campana»



© María Dolores Rubio de Medina, 2018

Con esto de la polémica sobre la propiedad de la Mezquita de Córdoba, donde la historia se interpreta por quienes no son expertos en la materia, he recordado la polvareda que se levantó en el primer trimestre de 1933, en Hinojosa del Duque, en la idealizada II República. La mecha, ni más ni menos, la encendieron los socialistas. Al igual que en lo de la Mezquita, lo que se llamó «arbitrios sobre los toques de campana» fue un asunto propio de gente que, en lugar de arreglar los problemas, como estos les vienen grandes, se dedican a liarla, desviando la atención a cosas que manejan perfectamente, hasta que aparecen los héroes de turno y les desmontan el invento. Así que vamos con el cuento para descubrir esos héroes.


Fueron otras campanas, pero las soportó esa torre,
la de la iglesia de San Juan Bautista, la llamada "Catedral de la Sierra".

Érase que se era un pueblo llamado Hinojosa del Duque en el que, en el frío invierno de 1933, la Corporación municipal acordó sablear a la Iglesia, imponiéndole un impuesto originalísimo: sobre los toques de las campanas. La Corporación local, como todos los Ayuntamientos de todos los tiempos, necesitaba de recursos, así que se reunió en la correspondiente sesión y la mayoría socialista propuso lo que el semanario Hinojosa, 8/1/1933, núm. 119, definió como «Una proposición impolítica», por sugerir la imposición de «un arbitrio municipal sobre ‘toques de campana’». 

La plantilla del periódico –de izquierdas y firme defensora de la II República, no se vayan a creer–, no tuvo empacho en escribir en la primera página del periódico que aquella decisión era una «Novedad pintoresca de ciertos revolucionarios teatrales, que nos hacen recordar al maestro Ortega y Gasset cuando afirmaba que muchos hombres se obstinan en hacer ‘‘una República agria y triste’’». En definitiva, el Hinojosa, 8/1/1933, núm. 119, argumentó lo mismo que  pasaría con el famoso impuesto de la banca que quieren imponernos ahora, que sería el ciudadano el que tuviera pagarlo, porque «…no ha gravar para nada los ingresos del clero, porque este se limitará a incluírselo al feligrés». Deja claro que esa propuesta de recaudación era propia de sujetos en los que no había «cristalizado el verdadero y auténtico sentido de la República liberal y democrática».

Como es un cuento, tiene que aparecer algún malo cometiendo un despropósito. En nuestro caso fueron los concejales con su voto secreto. La propuesta socialista de imponer un nuevo tributo fue aprobada en sesión del Ayuntamiento el día 10/1/1933, en votación secreta; el resultado fue el siguiente: 9 votos a favor, 4 en contra y 1 en blanco (Hinojosa, 15/1/1933, núm. 120, pág. 4). 

La plantilla del periódico aclaró que no pretendía iniciar una campaña en contra de la medida; y menos mal que no lo hicieron, pues tiemblo de pensar el ensañamiento del Hinojosa, si hubiera hecho lo contrario. En definitiva, no dejaron pasar oportunidad para meterse con la Corporación local, publicando  con un toque irónico– que esperaban que la medida tuviera efectos retroactivos, para que, de esa manera, el Ayuntamiento, necesitado de ingresos, pudiera recaudar más por las bodas y los bautizos realizados, meses antes, por los que concejales que votaron a favor de la medida. Y aseguran que los defensores del impuesto argumentaron que «las creencias religiosas es un artículo de lujo, sobre el que debe de recaer el peso de un arbitrio» (Hinojosa, 15/1/1933, núm. 120, pág. 4). Además le recordaron a la Corporación que la medida ya se había intentado imponer, sin éxito, en una iglesia de Dos Hermanas (Sevilla), al haber prosperado el recurso que se interpuso contra ella. 

Por si fuera poco, pese a no hacer campaña, el Hinojosa no dudó en publicar un par de duros artículos en contra de la medida:

  • El primero de ellos está firmado con seudónimo, por Giraldillo, que describe el panorama de un pueblo que no paga el tributo, condenando «… a funerario silencio los bronces de nuestras iglesias no nos despertarán al rayar el aurora, para que acudamos presurosos a reanudar el cotidiano y regenerador trabajo; no alegrarán nuestra vida ni lloraran nuestros duelos en las irreparables perdidas de las prendas de nuestro amor; no saludaran al morir el día de laboriosos hijos de mi pueblo…» (Hinojosa, 29/1/1933, núm. 122, pág. 4).
  • El segundo, está firmado por Fermín Aranda Arias, quien escribe desde Teror (Canarias), y que, entre otros temas, se pregunta cómo se podrían computar los toques de campana. Propone la creación de un nuevo puesto de trabajo en la plantilla del Ayuntamiento para que fuera ocupado mediante la técnica del enchufe, el del «Inspector de campanas». El articulista, perplejo, se pregunta si el Ayuntamiento no tiene mejores cosas que hacer, y por si estuviera falto de ideas, le sugiere que podría dedicarse a arreglar el salón de plenos o a reparar las escuelas para que en los días de lluvia el material no se moje «como si estuvieran en plena calle» (Hinojosa, 5/2/1933, núm. 123, pág. 3).

Y ahora le corresponde entrar en escena a los héroes o mejor, dicho, a los «ángeles», de esta historia. Estos papeles fueron desempeñados por Ángel Martínez Ballesteros, párroco de la iglesia de san Juan Bautista, y Ángel de Tena Martín, párroco de la iglesia de san Isidro Labrador, los cuales tuvieron el atrevimiento de firmar el recurso que se interpuso contra el Ayuntamiento de Hinojosa del Duque por «el arbitrio municipal sobre ‘toques de campanas’» para que fuera elevado al Sr. Delegado de Hacienda de la provincia de Córdoba, a quien correspondía su resolución. El recurso fue publicado en su integridad por el Hinojosa, 12/2/1933, núm. 124. El semanario hizo un esfuerzo extraordinario, pues la transcripción del recurso ocupa casi tres páginas de un total de 10 que forman el número, esto demuestra lo revolucionada que estaría la ciudadanía de la época, pues se trataba, recuérdese, de un periódico que prometió no hacer campaña sobre el tema de los famosos toques.

El recurso está argumentado maravillosamente, a todas luces fue redactado por un buen abogado –aunque no tengo pruebas, me hace ilusión atribuir su redacción a Manuel Antón Garrido, director del Hinojosa, que no solo era propietario del seminario, sino también abogado–. 

En resumidas cuentas, los argumentos para pedir la supresión del impuesto sobre el toque de las campanas giran sobre la interpretación del artículo 27 de la Constitución de la República Española, de 9 de diciembre de 1931, del que reproduzco lo relevante para entender el asunto: «La libertad de conciencia y el derecho de profesar y practicar libremente cualquier religión quedan garantizados en el territorio español, salvo el respeto debido a las exigencias de la moral publica.
(…)
Todas las confesiones podrán ejercer sus cultos privadamente. Las manifestaciones públicas del culto habrán de ser, en cada caso, autorizadas por el Gobierno.
(…)».

El recurso consta de tres puntos diferentes que rebaten el derecho que tiene el Ayuntamiento para establecer el impuesto, cada uno de ellos demuestra que el Ayuntamiento de Hinojosa, en su sesión del día 10/1/1933, se había pasado, como popularmente se dice, cinco pueblos:

1.º- Los concejales habían aprobado un acuerdo ilegal, sin tener la competencia necesaria. Conforme al artículo 27 de la Constitución,  se tenía que dejar claro si «tocar las campanas» era un acto público o privado. Si se entendía que el toque era un acto realizado en un ámbito privado, el Estado solo tenía que «cuidar que no se falte a la moral pública; pero si el culto religioso se ejerce fuera de los lugares sagrados mediante manifestaciones en la vía pública, ya la Ley Constitucional requiere una previa autorización. Pero no de esta o de la otra autoridad, sino precisamente del Gobierno», no del Ayuntamiento. 
El recurso argumenta que el acto de tocar las campanas se realiza para cumplir con «ritos canónicamente incorporados a la práctica de la religión católica, puesto que por medio de aquellos se realizan las horas de oraciones preceptivas para los creyentes, se convoca a estos a la celebración de determinados oraciones preceptivas…»; y, por otro lado, que «los referidos toques no se ejecutan fuera del recinto de las iglesias». Es decir, que es una actividad privada, realizada de forma privada, por lo que al no ser una manifestación pública, no tenía que ser autorizada mediante la imposición de un impuesto por el Ayuntamiento. Y si se consideraba que era pública, la competencia sería del Gobierno, no del Ayuntamiento.

(Confieso que me deja un poco perpleja el argumento de que el toque de las campanas es una manifestación privada, pues entiendo que como se escuchan en todo el pueblo y más allá, es algo con repercusión pública. Supongo que el recurso podría referirse a que las campanas se tocan desde dentro del edificio propiedad de la iglesia).

2. º- El pago de contribuciones solo podía hacerse en el marco del art. 115 de la Constitución, que establecía que nadie estaba obligado pagar las contribuciones que no hubieran sido aprobadas por las Cortes. Se recurre el acuerdo porque, además, las Corporaciones locales solo podían exigir el pago de los impuestos incluidos en los supuestos regulados en el art. 326 del Estatuto Orgánico de los Ayuntamientos. Ninguno de estos supuestos se adaptaba al impuesto de las campanas. Imponerlo lesionaba «los legítimos intereses de los reclamantes y de sus feligreses, intereses que tienen un doble carácter, pues o son valores espirituales que por robustecer la formación moral del individuo alcanzan una alta estimación económica, o bien son bienes puramente materiales considerablemente prejuzgados con daños de fácil apreciación cuantitativa.
Los intereses del primer grupo sufren con el arbitrio acordado una lesión injusta por cuantos serán objeto de una coacción que se opondrá al desenvolvimiento pacífico y ordenado de una noble y desinteresada finalidad moral, cual es la que la religión católica tiene por misión y que está permitida por la legalidad vigente. Los intereses de segundo orden, los estrictamente materiales, serán así mismo perjudicados con igual injusticia toda vez que el arbitro establecido, quebrantando el principio de generalidad característico de todo gravamen fiscal recaerá solamente sobre una clase o grupo de vecinos, siquiera esta población constituyen ya la inmensa mayoría: Los que profesan la religión católica, no obstante tener reconocida constitucionalmente la legitimidad de su confesión religiosa» (Hinojosa, 12/2/1933, núm. 124, pág. 6).

3.º- Finalmente, porque el artículo 321 del Estatuto Orgánico de los Ayuntamientos dispone que las exacciones municipales tenían que ser aprobadas mediante una ordenanza, en la que debía de constar: «las condiciones en que nace la obligación de contribuir, las exenciones legalmente acordadas, las bases de perfección, los tipos de gravamen, las responsabilidades por su incumplimiento, la fecha de su aprobación, la del comienzo de su vigencia y el plazo en el que haya de permanecer en vigor».
Ordenanza que, como bien supone el lector, no existía.

Por todas estas razones, nuestros «ángeles» pidieron que se dejara sin efecto la aprobación «del arbitrio impuesto sobre los toques de campana».

Por si fuera poco, el periodicucho (lo digo con mucho cariño, pues soy admiradora recalcitrante de los redactores del semanario), sí, ese que dijo que no iba a hacer campaña, volvió con otro editorial en portada, en el número siguiente, donde informaban de que el documento presentado por los párrocos había sido leído en el pleno municipal, donde se estimó «que debía accederse a lo que solicitaba: es decir, elevarlo al Sr. Delegado de Hacienda de la provincia para que estudiase las razones que se expongan en contra de la imposición de dicho arbitro». El Hinojosa aclara que, aunque eso era lo que tenía suceder, lo extraordinario del asunto fue que al voto de protesta contra el arbitrio, realizado por el Sr. Leal, se le unieron otros concejales que antes habían votado a favor de su aprobación, y que  lo que «conviene advertir para conocimiento del lector es que esos hombres se manifestaron entonces bajo la fuerza de la disciplina y hoy piensan, hablan y actúan sin restricciones ni perjuicios entre nosotros» (Hinojosa, 19/2/1933, núm. 125, pág. 1). 

Así que, al final, va ser verdad, que el Hinojosa no hizo campaña en contra del impuesto, pues se abstiene de decir aquello tan socorrido, de que algún concejal pensara que «hay unos traidores entre nosotros», pues justifica el cambio del voto de una forma muy hábil y oportuna. ;-)

Y como colofón, el día de la Pepa, ese semanario, famoso por no hacer una escabechina del asunto, sacó una noticia –en su haber hay que decir que no la estampó en la primera plana–, en la que decía: 

«Pues teníamos razón!
La Superioridad declara ilegal 
el impuesto sobre las campanas».

Al parecer, la semana anterior, el Delegado de Hacienda de la provincia de Córdoba consideró «que el impuesto sobre las campanas no se apoyaba en precepto alguno, y en su consecuencia, ha procedido a eliminarlo del presupuesto municipal. Por si esto fuera poco, la superioridad advierte en unos de los Considerandos que el acuerdo no podría tampoco tener validez por no haber sido votado por la mayoría absoluta del Concejo» (Hinojosa, 19/3/1933, núm. 129, pág. 7).




Y colorín, colorado, este cuento ha acabado y, aunque las campanas de esta historia desaparecieron en la Guerra Civil, con el tiempo, nos trajeron otras, por lo que hoy podemos comer perdices y ser felices escuchando las campanas, libres de impuestos de toques; pero esquilmados por otros muchos.