lunes, 9 de febrero de 2026

LE GUIDE D’OCULISTIQUE



© MD Rubio de Medina, 2026.




La primera reproducción del manuscrito árabe de «La Guía del Oculista», de Mohammad ibn Qassoûm ibn Aslan al-Ghâfiqî la vi, hace unos años, en Belalcázar. Un cronista de Belalcázar,  Joaquín Chamero, me enseñó su impresionante colección de libros, documentos, periódicos, utensilios para encuadernar, etc., entre los libros tenía una reproducción, encuadernada por él mismo, de la «Guía» de Al-Gafequi, concretamente del manuscrito conservado en la Biblioteca de El Escorial. Al parecer, dicen, que existe otra copia en El Cairo.


Pues bien, Mohamed Al-Gafequi, cuyo nombre procede de su origen natal, Gafiq –con los años Gahete o Belalcázar–, fue un médico que había estudiado en el s. XII en Córdoba y Bagdab y se estableció en Córdoba donde ejerció. Fue uno de los primeros médicos que se atrevieron a operar las cataratas. En 1965, con motivo del VIII Centenario del nacimiento de Al-Gafequi, se colocó una estatua suya del escultor Miguel Arjona Navarro en la judería de Córdoba, concretamente en la Plaza del Cardenal Salazar.


A Mohamed Al-Gafequi se le atribuye la leyenda de haber dado nombre a las gafas, por el parecido de su nombre con la palabra árabe Gafo que significa curva, haciendo referencia a la parte curva de las patillas de las gafas que sirven para sostenerlas en las orejas.


Otra leyenda en torno a su persona dice que su manuscrito nunca había sido traducido. Es falsa, en parte. Descubrí gracias, entre otros a Jorge Hernández Morillo, que existe una traducción parcial. En 1933 los Laboratorios del Norte de España (Barcelona) publicaron una traducción parcial realizada por el Dr. Max Meyerhit, en francés. 



Sobrecubierta de la traducción francesa
de la "Guía del Oculista", sobre ellas
el chisme que me permite escribir esta
entrada: "mis gafas".


Al parecer se editaron 1500 copias, de la que tengo el ejemplar número 97, que he conseguido en la librería de segunda mano de Sevilla, Los Terceros, a un precio muy por debajo del que circula por internet. El ejemplar intonso (sin separar las páginas unas de otras) estaba salpicado de manchas, despegado y quebrado. Tardé una semana en recomponerlo, ajustarle las páginas, usar papel de seda para ocultar los defectos y dejarlo a mi gusto. 



Portadilla interior de 
"LE GUIDE D'OCULISTIQUE"

Se trata de un libro de grandes dimensiones con sobrecubierta de pergamino, con letras doradas en la portada y en el lomo de la sobrecubierta. Tiene 228 páginas. La delgadez del libro me causó desconcierto, pues recordaba el peso del imponente tomo encuadernado que había puesto en mis manos Joaquín Chamero. (Joaquín encuaderna como los ángeles, todo hay que decirlo).


Cuando, después de la restauración, me puse a sacar notas del libro, descubrí leyendo la introducción del Dr. Max Meyerhit que los laboratorios le consiguieron una copia fotográfica de calidad del manuscrito árabe que estaba custodiado en El Escorial y que, con ayuda del copista egipcio Mahmoud Sidqi Efendi, pudo descifrar el texto.


Desde la Introducción se observa cierta decepción por parte del traductor, pues descubrió que el contenido real del extenso manuscrito que tiene seis partes, distribuidas con la siguiente estructura:


«Tratado I: Explico las recomendaciones de Hipócrates, la nobleza de nuestro arte, los elementos, las diferencias entre ellos, y el temperamento .

Tratado II:  Explico la configuración de la cabeza, los órganos del ojo, las arterias, las venas, la descripción del ojo, los músculos, la mente. 

Tratado III: Explico el aire que rodea nuestro cuerpo, el movimiento y el descanso, los alimentos y las bebidas, el sueño y la vigilia, las excreciones.

Tratado IV: Explico las condiciones antinaturales, es decir, las enfermedades, sus géneros y especies, la descripción de las enfermedades orgánicas, la solución de la continuidad, las causas morbíficas, las enfermedades (de las partes) homogéneas [del cuerpo], las causas de las enfermedades orgánicas, los accidentes según las enfermedades, los tipos de (estos) accidentes, los accidentes que afectan el sentido de la visión, la calidad del disfrute y el dolor. A continuación, los accidentes que afectan el movimiento voluntario, los accidentes resultantes de la naturaleza o la enfermedad o de condiciones tanto naturales como mórbidas, los accidentes que afectan a la digestión y aquellos que por lo tanto afectan las condiciones del ojo.

Tratado V: Discuto la clasificación y las enfermedades y su tratamiento, los colirios secos (akhâl) y en pasta (chiyâfât), los polvos (Dharoûrât), los sternutatoires (sa'oûtât), los hieras (ayâridjât), los try-phéras (itrifâlât), los decoctos, bebidas, ungüentos (marâhim) y aceites (adhãn).

Tratado VI: Discuto el tratamiento del ojo.»



Página 107 de "Le Guide D'Oculistique",
reproduce el instrumental que Al-Gafequi
usaba para operar las cataratas.


De ese extenso contenido, según el traductor, sólo en la Sexta parte se discute de la materia propia de un médico oculista; el resto de los capítulos, al parecer, son generalidades médicas que se encuentran en otro tratados, por lo que elude traducirlos.


Esta es la razón de la delgadez del libro con respeto a la copia del manuscrito original que tuve en mis manos: el traductor se ha centrado, tan solo, en lo que considera más importante. Es una traducción fragmentaria que sólo reproduce con fidelidad los dibujos originarios del manuscrito.


Por su parte, Le Guide D’Oculistique, traducida por el Dr. Max Meyerhit, tiene la siguiente estructura:


Introducción.

Prefacio.

Primer Tratado del Libro. Este incluye la traducción de dos capítulos, uno «Sobre recomendaciones de Hipócrates» y otro «Sobre la nobleza de la profesión».

Sexto Tratado del Libro. Incluye los siguientes Capítulos:

Capítulo IV. «Sobre los males oculares de los niños».

Capítulo V. «Las discusiones de los males del ojo y sus tratamientos». Se distribuye en 37 secciones, cada una con su correspondiente título.

«El Capítulo sobre el nombre de los males de la conjuntivitis». Se desarrolla desde la sección 38 a la 73.

«Descripción sobre la operación de cataratas y su procedimiento».

«Nota del traductor a las secciones 74 a 95».

Apartado suplementario o Anexo. Este incluye los siguientes apartados:

-Glosario árabe-francés.

-Índice alfabético.

-Indice de ilustraciones. (Incluye las ilustraciones originales del manuscrito).


Es sorprendente que, con esta distribución, Le Guide D’Oculistique que tiene, como se ha dicho, 228 páginas, solo las páginas 17 a la 158 se dediquen específicamente a la traducción de partes del manuscrito de Al-Gafequi.



Detalle del título, en árabe, del manuscrito,
impreso en la sobrecubierta de pergamino
del libro que contiene la traducción francesa.

Y nada más puedo contar, pues al carecer de formación médica, no estoy facultada para opinar sobre los preceptos médicos de Al-Gafequi; no obstante, es un orgullo que sea de los nuestros uno de los padres de las primeras operaciones de cataratas y que haya dado nombre a las gafas.


Más pronto que tarde, espero que Belalcázar pueda presentar la traducción completa de «La Guía del Oculista» y que podamos contemplar la  estatua que se está realizando de Al-Gafequi, como ya nos congratulamos de visitar, en el terreno que ocupó el cementerio viejo, la estatua de Sebastián de Belalcázar.





Sevilla, 9 de febrero de 2026



domingo, 18 de enero de 2026

ZASCAS A TRES LEYENDAS SOBRE BELALCÁZAR

© MD Rubio de Medina, 2026.



Antes de nada, mi eterno agradecimiento a mi documentalista

de cabecera en lo que se atañe al condado de  Belalcázar,  

don Jorge Hernández Morillo, por su paciencia infinita y

por poner luces en mis incursiones librescas.



Estos días he andado enfrascada en lecturas sobre el condado de Belalcázar y he dado con material para meter algún zasca –como se dice ahora en el reino de Twitter, rebautizado como X– a algunas leyendas que discurren por ahí.


I. La leyenda más enredada es la determinar quién fue el primer conde de Belalcázar.


La historia no es para menos, puesto que el especialista en el condado de Belalcázar, el historiador Emilio Cabrera Muñoz en su monumental El condado de Belalcázar (1444-1518), editado por Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, 1977, designa a Alfonso I de Sotomayor, como II señor de Gahete, Hinojosa y la Puebla (1453-1464); y le atribuye a Gutierre II de Sotomayor y Zuñiga, el título de I conde de Belalcázar, dignidad condal que abandonó para abrazar la vida religiosa en Guadalupe como monje Jerónimo y, posteriormente, como monje Franciscano.


Portada del monumental manual
del don Emilio Cabrera Muñoz.


Pues bien, al margen de todas las pruebas que existen en los archivos, hay dos libros relacionados con Hinojosa del Duque que, antes que publicase el profesor Cabrera Muñoz su tesis doctoral, ya señalaban que el hijo legitimado del maestre de Alcántara, don Gutierre I de Sotomayor, Alonso I fue el primer conde de Belalcázar. Estos libros son:


a) La ilustre y noble villa de Hinojosa del Duque del Fr. Juan Ruiz, C.A.O. (Jerez de la Frontera, 1923), quien tuvo el privilegio de consultar los documentos conservados en el archivo de Hinojosa del Duque, papeles que fueron destruidos, a propósito, en transcurso de la Guerra Civil, desapareciendo con ello un extraordinario fondo documental. El padre Juan Ruiz no deja dudas, al relacionar a la dinastía de los Sotomayor, en su pág. 126, menciona a «Don Alonso de Sotomayor, I Conde de Belalcázar (1466)»;.


Aquí ya hay otra confusión porque Alonso es Alfonso para otros. En los documentos del Archivo de la Nobleza y en los inventarios que se conservan sobre la casa de Osuna (en la que se integró el condado de Belalcázar) se cita de las dos maneras. Personalmente lo llamaré «Alonso» y se acabó.


b) El segundo libro que cita a don Alonso de Sotomayor como el I conde de Belalcázar es el Portafolio Fotográfico de España. Aquí ha saltado mi sorpresa, porque he tenido el libro delante toda mi vida, ya estaba en la biblioteca de mi padre cuando yo nací, pero nunca he reparado en el texto, subyugada por la belleza de las fotografías de mi pueblo, que reproducen el patrimonio destruido en la Guerra Civil y la Hinojosa que fue. Las fotografías, aunque no están firmadas, son de Pedro Gómez Gil, beato; se puede saber porque algunas son las mismas fotografías que conserva, ampliadas, su familia en alguna casa de Hinojosa, por lo que no hay dudas.


El Portafolio Fotográfico de España (A. Martín, editor. Barcelona), no lleva fecha de edición; no obstante la serie empezó a editarse en el año 1911, aunque lo más lógico es que las 15 fotografías sobre Hinojosa que recoge sean de finales de los años 20 del siglo pasado, fechas en las que, también, comenzaron a publicarse en diversos periódicos locales o cordobeses.



Portada del Portafolio fotográfico de España.


Pues bien, ese Portafolio está agrupado por partidos judiciales, y da algunas notas sobre el partido judicial hinojoseño que comprendía Belalcázar, Fuente la Lancha, Hinojosa del Duque, Santa Eufemia, Villaralto y El Viso. 


Página del Portafolio con los pueblos
que comprendían el Partido Judicial de Hinojosa del Duque.

Me ha llamado la atención un apunte en el que no había reparado hasta el momento, sobre Belalcázar, dice: «En 1445, Don Juan II donó esta villa al maestre de Alcántara Gutierre de Sotomayor, a quien se atribuye la fundación de la magnifica fortaleza que ha dado nombre a la población.

La erección del condado se debe a Don Enrique IV, siendo el primero de dicho título don Alonso de Sotomayor, hijo del maestre anteriormente mencionado, habiendo pasado últimamente a los duques de Osuna.». 


No puedo citar la página porque, desgraciadamente, el Portafolio no está paginado, pese a su extensión fotográfica, no obstante pongo las fotografías de las páginas.


Página con la referencia al primer conde de Belalcázar.

Continuación de la página anterior.


En fin, dos aportaciones más para combatir la leyenda del profesor Cabrera Muñoz, que dice que el primer conde de Belalcázar fue Gutierre II de Sotomayor, posteriormente fray Juan de la Puebla. Con esta cita solo reitero que los que tomaron las notas, consultaron documentos originales, pues se publicaron cuando Hinojosa conservaba «sus papeles de viejo» en su archivo municipal.


II. Vamos, ahora, a descabezar la segunda leyenda. Cuentan que la reina Isabel dijo un día, mirando la fortaleza de Gahete (Gaete o Gahet): «Qué bello alcázar tenéis, conde». 


Se rumorea que ese conde sería el conde Lozano, don Gutierre III que cayó en la guerra de Granada, en los alrededores de Casarabonela; y se dice que esa reina Isabel fue la reina Católica. La leyenda es creíble, pues ambos personajes se conocieron y guardaron una relación estrecha, pues el apodado conde Lozano, por su apostura y gallardía, nacido Álvaro de Sotomayor y Zuñiga y que cuando su hermano renunció al condado tuvo que adoptar el nombre de Gutierre III y fue el III conde de Belalcázar, estaba casado con Teresa Enríquez, prima hermana de Fernando el Católico.


Pues bien, ¿y si no fuera Isabel la Católica la que pronunció esa frase? ¿Y si no fuese el conde Lozano, el mentado? No es para menos el peso que tiene esa frase en la historia del condado, pues a partir de ahí, Gahete, Gaete o Gahet, empezó ser conocida como Belalcázar (Bello + Alcázar).



El Bello Alcázar.


Las crónicas hablan de una reina Isabel, pues bien, resulta que hubo otra reina con este nombre por estos años, fue Isabel, infanta de Portugal, la  segunda esposa de Juan II, el padre de Enrique IV de Castilla y de Isabel I de Castilla.


Juan II, el famoso coprotagonista del mural de Belalcázar pintado por el artista gráfico Art Kato fue el que le dijo al Maestre de Alcántara: «de no ser por vos, nos fuéramos rey de Castilla», se casó en agosto de 1447 con Isabel de Portugal, de la que se cuenta que yendo camino de no sé que destino, se alojó en la fortaleza de Belalcázar.


¿En qué fecha se atribuye la frase? Por lo que cuenta Domingo Sánchez Loro en El parecer de un Dean (Publicaciones del Movimiento, Cáceres, 1959), sería en 1453. El libro dice textualmente en su página 161 lo siguiente: «Dicen que, pasando por allí la reina doña Isabel –esposa de don Juan II– de gloriosa memoria se aposentó en él y, agradada de la lindeza del edificio, luego que entró, dijo: Bello Alcázar tenéis, Conde. Y desde aquel día, tomó la villa este nombre, que es, con poca corrupción, el que ahora conserva, dejando el antiguo. (…). Fue esto el año 1453».


Aunque me cuadra la historia, la referencia al año 1453 me deja completamente perpleja, pues tenía entendido que Alonso I fue conde en 1455 ó 1456. No obstante, conviene precisar que en 1453 ya era rey Enrique IV, el hijo del marido de Isabel de Portugal, por tanto, cuando se pronunció la famosa frase, Isabel era la viuda del rey Juan II.


Hay otras citas que atribuyen a una reina Isabel la frase «Qué bello alcázar tenéis, conde», pero sin entrar en detalles sobre qué reina se trataba; por ejemplo, la historia incompleta se repite en la Crónica de la Orden de Alcántara de fray Alonso de Torres y Tapia (Madrid, 1763).


III. Y por último, retomando las cosas del conde Lozano, en algunos blogs circulan versiones del famoso y bellísimo romance que dice: «Álora, la bien cercada / tú que estás a par del río / cércote el Adelantado / una mañana de domingo…», señalando que el Adelantado es el conde Lozano; que por cierto, tampoco es el que aparece en el Romance del Mío Cid.


Este conde Lozano fue, como se ha mencionado, el III conde de Belalcázar, nacido como Álvaro y conocido como Gutierre III de Sotomayor, III conde de Belalcázar, casado con Teresa Enríquez, la hija del Almirante de Castilla y prima hermana del rey católico, Fernando I. Murió el 21 de junio de 1484 en Casarabonela, atravesado por una saeta envenenada, a la lozana edad de los 22 o 24 años (la edad cambia según el cronista que cuenta la historia), pero no fue el Adelantado citado en el romance.


El romance de «Álora, la bien cercada» cuenta la muerte del II Adelantado Mayor de la frontera de Andalucía y Notario Mayor, Diego Gómez de Ribera (también conocido como Diego de Ribera) que murió en las murallas de la villa de Álora, no en Casarabonela, años antes, en 1434.


Y acabo ya; quizás –que no lo sé–, alguna otra vez vuelva a combatir alguna otra leyenda; pero de momento doy por terminado este capítulo. Disculpen lo que he enredado con los nombres y las fechas, pero la culpa es de esos Sotomayor, que se cambiaban los nombres como si fueran curas rebautizándose varias veces a lo largo de sus vidas, provocando que a los interesados en el pasado nos traigan por el camino de la amargura cuando enredamos entre legajos.


Sevilla, 18 de enero de 2026



martes, 16 de diciembre de 2025

"Ynojosa" y unos segadores muy reivindicativos

 En la cercana Dos Torres tenemos un legado maravilloso, el Archivo Municipal, cuyos responsables han digitalizado y clasificado su documentación histórica, hecho bastante infrecuente en la comarca de Los Pedroches.

Uno de esos documentos se refiere a Hinojosa del Duque, se trata se un pleito sobre una reclamación salarial de unos segadores que pretenden romper los límites salariales impuestos por el "patrón", dieron todos ellos con sus huesos en la cárcel.

Gracias a los responsables del Archivo he podido tener en mis manos unas páginas de los autos del pleito, bastante enredado, y lo poco que he sacado en claro –me ha costado una montaña entender alguna cosilla– lo he volcado en uno de mis cuadernillos que, como viene siendo habitual, pongo a disposición de los interesados.

Agradecida de antemano a los lectores, ante los que me disculpo de antemano por no haber podido ahondar más.



CUADERNO COLODRO NÚM. 15