He leído el artículo de Juan-Ramón Barbancho Rodríguez en Nosotros del mes de agosto de 2026 que se titula "Y llegó agosto". Me ha llamado la atención desde la primera palabra, pero destaco solo una parte del primer párrafo, en el que me voy a detener por su frivolidad.
El autor escribe sobre el cambio de las fechas de celebración de la Feria de San Agustín de Hinojosa del Duque, que antes era a caballo entre la última semana de agosto y la primera de septiembre, dice:
“Hace tiempo era los últimos días de agosto y primeros de septiembre, pero se cambió. Nunca lo he entendido. Yo lo hubiera resuelto diciendo miren ustedes, la feria de Hinojosa es en estos días, ¿que no pueden venir? Pues a más garrapiñadas caemos y problema resuelto, pero esto no es muy popular.”
Juan Ramón: no acabo de entender esa falta de empatía por el cambio de fecha, aunque la encubras de un toque humorístico. También fuiste testigo de cómo, en los setenta del siglo pasado, se produjo un cambio demográfico importante en nuestra localidad y en Los Pedroches: la gente se iba del pueblo buscando mejor trabajo. Es una suposición mía, puesto que hemos jugado en la plaza de niños, en el escudo, en los tiempos en que se llamaba "Plaza de los Mártires", hoy "Plaza de la Catedral".
Voy a explicarte la razón del cambio: se hizo a petición de las familias hinojoseñas obligadas a emigrar a Madrid, Barcelona, Bilbao y otros lugares (por cierto, emigraban a pueblos de los cinturones urbanos, pero todos estaban en una capital, cosa extrañísima) para conseguir mejoras laborales y económicas.
Esas personas trabajadoras que se habían ido, a su pesar, de Hinojosa, volvían a su localidad natal en sus vacaciones de verano. Volvían con gran ilusión para descansar en su pueblo y en los últimos días de agosto tenían que volver a su lugar de trabajo y de residencia para poner en marcha la intendencia necesaria para que sus hijos comenzaran el nuevo curso escolar, que comenzaba a principios de septiembre, y preparar su reincorporación al trabajo. Las familias cortaban sus vacaciones cuando en Hinojosa comenzaban las fiestas grandes para atravesar toda España en un coche atestado hasta topes de maletas y de cosas del pueblo (dulces, jamones, morcillas, las macetas de barro para plantar flores, los regalos para los vecinos y los compañeros de trabajo…). Dos días de viaje echaban los que volvían a Barcelona, por un poner, y ese retorno casi siempre les coincidía con el paseo de los gigantes y cabezudos que daban inicio a la Feria de San Agustín.
Esas familias trabajadoras fueron la primera generación “exiliada” que continuó viviendo todos sus agostos en el pueblo, hasta que sus hijos, nacidos en Hinojosa, crecieron y dejaron de volver porque las costumbres de pasar el veraneo ya eran otras.
Cierto, que hubo otra gente que se fue más lejos: Suiza, Alemania, Francia... Esos trabajadores, por lo común, no se llevaban a la familia, que se quedaba en el pueblo esperando la vuelta del cabeza de familia, que apenas volvían una vez al año, si podían, que de todo había.
Pues bien, la fecha de la feria se cambió a petición de esas personas que, cada vez que venían a su pueblo y se cruzaban con el alcalde, rogaban que cambiara la fecha para poder disfrutar un par de días en la feria en su pueblo.
“Manolo, pordió, ¿no puedes adelantar unos días la feria, que tengo que volver a la fábrica?”.
Esa gente que luchaba por mejorar la vida de su familia yéndose muchos kilómetros lejos, sufría por no poder disfrutar con los suyos o con los amigos un par de días feria, puesto que comenzaba el 28 agosto (creo que era esa fecha) y acababa a mitad de la primera semana de septiembre, mes en el que tenían que reincorporarse al trabajo.
Venían al pueblo como trabajadores sometidos a una disciplina laboral: tenían las vacaciones cuando se las daba su empresario o su fábrica, no cuando les placía.
A eso se le llama escuchar a tu pueblo y valorar si el cambio de fecha perjudicaba o no a Hinojosa.
El cambio se hizo por ellos para que disfrutaran de un par de días de la Feria de San Agustín.
Juan Ramón: no espero que estas líneas te sirvan de explicación, puedes cuestionarlas a tu gusto; no obstante, ya tienes datos de primera mano de la razón por la que se cambió. Y no te preocupes, si te pasas por la feria, cómprate cinco bolsas de almendras garrapiñadas y me mandas el tique, que te pongo un bizum para que te las comas a la salud de aquellos hombres y mujeres de Hinojosa que pidieron lo único que la vida les permitía en los 70 del siglo pasado: vivir dos días de feria en su pueblo.
(Por cierto, no hablo de oídas: soy testigo del tono de impotencia con que pedían esos trabajadores el cambio de fecha).
No hay comentarios:
Publicar un comentario