viernes, 1 de mayo de 2020

Los Gómez Gil y la Virgen de Guía




© María Dolores Rubio de Medina, 2020

Cuenta la leyenda que la pequeña talla de la Virgen de Guía, la venerada imagen de cinco pueblos (Alcaracejos, Villanueva del Duque, Dos Torres, Fuente la Lancha, Hinojosa del Duque), desapareció en la Guerra Civil, siendo su último paradero conocido la Catedral de la Sierra o iglesia de San Juan Bautista.
Por la terrible pandemia que nos está arrebatando los seres queridos, la libertad, la economía, la estabilidad social y el sosiego, la Virgen llegará en solitario a Hinojosa el próximo domingo 3 de mayo. De su traslado se encargará D. Jesús Enrique Aranda Cano, párroco de San Juan Bautista y de San Isidro Labrador de Hinojosa del Duque. La imagen llegará sin los fastos con los que, de ordinario, la recibe el pueblo hinojoseño en las calles de su pueblo. Será recibida desde los balcones y ventanas.
Con la pretensión de que, por mi parte, tenga la Virgen de Guía el homenaje que se merece, le ofrezco la primera biografía de los hermanos Gómez Gil; uno de los cuales –según unos Pedro; según otros, Ignacio– es el padre de la actual imagen, que fue rematada y dorada por el escultor cordobés Díaz Peno en 1939.
Y de paso, con este nuevo trabajo, seguimos avanzando en el conocimiento de la «Historia Colodra», en este caso exponiendo la vida y la obra de los polifacéticos artistas locales hinojoseños que, en el primer tercio del siglo XX, volcaron en Hinojosa del Duque su talento para la fotografía, la pintura y la escultura. Su inclinación por el arte, especialmente por las manifestaciones de la religión católica, fue tanto su pasión como su infierno. En la cúspide de su labor creativa fueron asesinados en septiembre de 1936, encontrándose, en la actualidad, en proceso de beatificación.

Si quieren conocer la historia de los Gómez Gil y su especial vinculación con la Virgen de Guía, aquí pueden leer el CUADERNO COLODRO NÚM. 5, dedicado a «LOS HERMANOS GÓMEZ GIL, ‘LOS PINTORES’ DE HINOJOSA.»



En Sevilla, a 1 de mayo de 2020.
Día del Trabajo y confinada en casa.



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miércoles, 8 de abril de 2020

ANOTACIONES SOBRE LA SEMANA SANTA COLODRA


En esta Semana Santa tan atípica, en la que todos los principios y valores –incluso la muerte– han dado un vuelco que nos impedirá volver a ser lo que fuimos por esta plaga maldita, pongo a disposición de todos los que quieran acercarse a este blog, el artículo que escribí para la revista Cruz de Guía, núm. 23.

    Desde aquí, reitero mi agradecimiento a la Agrupación General de Hermandades y Cofradías de Semana Santa de Hinojosa del Duque, por la invitación que me remitieron en su día, que me ha permitido explorar una parte de la historia de la Semana Santa hinojoseña indagando en las hemerotecas públicas, labor que me ha permitido reescribir cosas que ya fueron escritas, pero que muchos hemos olvidado.

     


Portada de la Revista.



ANOTACIONES SOBRE LA SEMANA SANTA COLODRA

Los años pasan por la Semana Santa hinojoseña dándole señorío, belleza y, sobre todo, prestancia barroca. No en vano, ha obtenido su reconocimiento como Fiesta de Interés Turístico Nacional, tampoco podemos olvidar que, como en cualquier otro lugar del territorio nacional, nuestras imágenes religiosas se caracterizan por su extremado carácter realista. Desde tiempos inmemoriales los historiadores han destacado el carácter religioso de nuestra ciudad, actitud muy practicada por el autodenominado «poeta de la Sierra», Manuel Sancha de Belasco (1730-1808), quien muestra en sus romances una visión marcadamente religiosa y moralizadora con «nociones también muy medievales acerca de la vida en la superficie de la Tierra y sobre la naturaleza de las criaturas de Dios» (Caro Baroja, 1990: 175).

Al día de hoy podemos preguntarnos: ¿los hinojoseños –de nacimiento y de corazón– hemos superado esas nociones marcadamente tradicionales, en los umbrales de década de los veinte del siglo XXI? Para contestar, nada mejor que hacer un repaso a algunos años de nuestra historia para recordar cómo han evolucionado las manifestaciones religiosas. Es de justicia anticipar que, personalmente, estimo que hemos protagonizado cambios importantes antes de que se produjeran en otras ciudades más desarrolladas y con mayor pujanza económica. Adoptamos comportamientos más igualitarios desde antes de la Transición, lo prueba que cuando llegué a Sevilla para cursar mi Bachillerato, a mis nuevas compañeras les llamaba la atención (aparte de la pasión con la que hablaba –y hablo– de mi pueblo) que llevara a las espaldas varias salidas como nazarena del Convento. En Sevilla permitir la salida de las mujeres en las Cofradías no era lo habitual. No obstante, seamos justos, y recordemos que hubo tiempos en que las mujeres fueron a remolque de las circunstancias que les tocó vivir, así por ejemplo, los pasquines del año 1958 realizados por la Directiva de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Orando en el Huerto y con la Cruz a Cuestas recogían que en la procesión primero irían los hombres, después la Cofradía con el paso y, por último, las mujeres.

A lo largo de la historia de nuestra ciudad –lo somos por Real Decreto desde 1927–, la Semana Santa se ha ido adaptando a las circunstancias económicas y políticas de cada momento, como es de sobra conocido, a finales del siglo XIX las Cofradías que procesionaban eran dos: Jesús Nazareno y la Vera Cruz (Romero / Cortés / Fernández, 2015: 20). Durante mucho tiempo fueron las únicas que hicieron estación de penitencia, aunque sabemos que la integración de los habitantes de Hinojosa en agrupaciones religiosas no dejaba de crecer, así en el año 1923 habían unas cincuenta asociaciones piadosas, entre ellas 3 Cofradías y 31 Hermandades (Ruiz, 1923: 57), entre ellas la de Vera Cruz, que en otros documentos se denomina Cofradía. Durante la II República las dos Cofradías que procesionaban (Ahora, 20/03/1932) optaron por no pedir el necesario permiso a las autoridades para salir a la calle por temor a que se produjesen enfrentamientos o actitudes incorrectas; no obstante, no fue este el comportamiento seguido en todos los pueblos de Los Pedroches, así por ejemplo, en Alcaracejos salieron a la calle las 2 procesiones diurnas, no las 3 nocturnas, que no solicitaron permiso.

En Hinojosa los grandes cambios no llegaron hasta final de la década de los 50 del siglo pasado. El año 1958 fue pródigo en noticas, el periódico Hinojosa, del mes de febrero, recogió el rumor de los cambios que se avecinaban y publicó «de fuente generalmente bien informada que en nuestro pueblo se está formando una Cofradía de Semana Santa al estilo de todas las Cofradías de Semana Santa que existen el mundo. Con esto queremos decir que será algo nuevo aquí, donde todavía no había sonado la hora de que en Procesiones de esas festividades desfilaran sólo los cofrades, con sus túnicas y todos los accesorios que componen tan vistosa cabalgata. Esta que desfilará, será así precisamente. Y añaden esas fuentes, a ella solo pertenecerá gente joven, que por regla general siempre tienen ansía de novedad». ¿Quiénes eran esas fuentes tan bien informadas? Ni más ni menos que dos de los activos participantes en la fundación de la nueva Cofradía, Carlos Cerro y Pablo Manuel Rubio, director y redactor-jefe, respectivamente, del Hinojosa.

La misteriosa nueva Cofradía a la que se refiere la noticia es la popularmente conocida como «la del Convento» que, al parecer, no conserva los estatutos fundacionales. Poca gente conoce que, más allá del intento de constituirla en 1933 –episodio recogido en el libro Historia de la Semana Santa de Hinojosa del Duque–, para tener información sobre los requisitos y los estatutos necesarios para constituirla, algunas personas, entre ellas dos profesores del colegio de los Carmelitas: Amadeo Romero Tauler y Pablo Manuel Rubio, se desplazaron a Belalcázar para contactar con Rodrigo Medina Rubio, de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, para que les explicara el proceso fundacional por haber sido la última Cofradía fundada que tenían más a mano –en realidad, refundada–.

Ciertamente, el grupo de jóvenes que pretendía innovar la forma de vivir la Semana Santa hinojoseña lo logró con acierto, aunque como cuentan en la Historia de la Semana Santa de Hinojosa del Duque, la Cofradía saliera a la calle con elementos prestados, macetas de casas particulares y túnicas cosidas a toda prisa.

Ese mismo año, otra vez el Hinojosa (núm. 10, mes de mayo) nos ilustra sobre la evolución de los comportamientos protagonizados por esas «criaturas de Dios» –Caro, dixit–, pues acertadamente publica que «las Cofradías de Semana Santa no se duermen, han salido tardías pero ciertas, con un ímpetu realmente arrollador. Trabajan ambas con entusiasmo para incrementar sus fondos y captar nuevos adeptos. Por otra parte, se anuncia que en la Parroquia de San Isidro se está constituyendo otra capaz de dar réplica a la de San Juan y a la de los Padres Carmelitas. Nos alegramos de veras, pues la única manera que el entusiasmo no decaiga, en la sana y honrada competencia que acarrea el estímulo y el éxito».

Durante los años 60 se abrió la etapa de consolidación de la Semana Santa hinojoseña, lentamente comienza el proceso de embellecer y mejorar los ornamentos de las tallas y los pasos, a pesar de los escasos medios económicos de los que disponía cada Cofradía. Nos ilustra sobre estos cambios Juan Murillo Díaz, quien en El Cronista del Valle de fecha de 4/4/1964 describe su esplendor. Los actos comenzaban con la salida de «la cofradía infantil  de ‘La Pollinica’ que con sus vistosos informes [ponía] una nota de color por las calles en su recorrido». También describe los ropajes de los cofrades y menciona las bandas de música que acompañaban a cada Cofradía. La salida del Jueves Santo de la Cofradía del Convento, la del Santísimo Cristo de la Misericordia y María Santísima de los Dolores fue acompañada por la banda de cornetas y tambores de Jesús Recatado, de Pozoblanco; mientras que la Cofradía de Nuestro Padre Jesús con la Cruz a Cuestas y María Santísima de los Dolores y la de Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto, contaban con su propia banda, que también se desplazaban a Belmez y Belalcázar para acompañar a las salidas procesionales de  las Cofradías de estos pueblos.

Podría seguir escribiendo detalles porque el tema es inagotable, pero como se trata de un artículo no de un libro, estimo oportuno no agotar en exceso a los atentos lectores y opto por concluir agradeciendo de corazón la confianza que me ha otorgado la Agrupación General de Hermandades y Cofradías de Semana Santa para que escriba en su Revista;  y dando repuesta a la pregunta del inicio.

¿Qué futuro hemos de esperar de la Semana Santa hinojoseña? ¿Hemos superado los comportamientos tradicionalistas, como ya se intentó a finales de los años 50 del siglo pasado? En mi opinión, los cambios se irán introduciendo de la misma manera: lentamente; han surgido novedades que, a veces, son redescubrimientos de las etapas artísticas que hemos dejamos atrás,  por ejemplo, lo vemos en la recuperación del estilo barroco para decorar los pasos y bordar las vestiduras de las imágenes. Fuera de eso, lo que nunca cambiará, como decía el Hinojosa (5/4/1931), es el «carácter realista de nuestra escultura religiosa», por eso las novedades nunca serán excesivas, porque «por circunstancias étnicas y de carácter cultural, nuestro pueblo permanece silencioso y ausente ante los problemas abstractos que se le [(…) ofrecen, lo que obliga] a ajustar la actitud política a este sentido realista, ofreciendo al pueblo problemas concretos y de inmediata comprensión, para levantarlo de esta postración e indiferencia política en que se encuentra sumido»; por ello todos tenemos la obligación de hacer que el «entusiasmo no decaiga, en la sana y honrada competencia que acarrea el estímulo y el éxito».


¡Viva la Semana Santa de Hinojosa del Duque!


María Dolores Rubio de Medina
Sevilla, enero  2020.


Bibliografía:

CARO BAROJA, JULIO (1990): Ensayo sobre la Literatura de Cordel, Ediciones Ismo, S.A., Madrid.

ROMERO FERNÁNDEZ, LUIS; CORTÉS JURADO, ANTONIO JAVIER; y FERNÁNDEZ NOGALES, MARÍA DEL CERMEN (2015): Historia de la Semana Santa de Hinojosa del Duque, Ayuntamiento de Hinojosa del Duque.

RUIZ, JUAN (1923): La ilustre y noble villa de Hinojosa del Duque.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Papeles & Palabras



Del queso a la feria de la estampida 


Mal que me pese, la comunicación de la Alcaldía de Hinojosa del Duque sobre la celebración del II Salón del Queso de Andalucía es uno de los mejores textos que han nacido, desde hace mucho tiempo, entre las paredes del edificio del Excelentísimo Ayuntamiento, inaugurado por don Guillermo Caballero Rubio, a quien tuve el orgullo de conocer, tratar y, sobre todo, de aprender, pues también fue el director de mi colegio de EGB.

Dicho esto, pongamos el queso en su lugar y hagamos historia local de las cosas que no cuenta. Después de haber pedido durante unos ¿cuatro años? a la Junta Andalucía –la del PSOE– que le dieran una feria hermosa para el recién construido recinto ferial sin ningún resultado, la Sra. Díaz perdió el gobierno andaluz y asistimos a un relevo en la cúpula de la Junta.

Ignoro si los que solicitaron, de nuevo, la feria se habían leído ese librito que hizo furor en los inicios del s. XXI titulado: ¿Quién se ha llevado mi queso?, pero lo cierto es que los miembros del IFAPA-Hinojosa se encontraban preparados para aplicar uno de sus consejos: estaban prestos al cambio, así que sacaron del cajón el proyecto y se lo vendieron a los recién llegados. ¡Milagro!, para mi pasmo, le dieron la Feria del Queso de Andalucía a mi pueblo con toda las de la ley. Para ello, el cargo que fuera del nuevo gobierno andaluz, el trifachito que lo llaman, desvistió un santo (Zuheros) para vestir a otro.

Mi pasmo se hizo crónico cuando –antes y después del 16-17 de marzo de 2019– contemplé en las redes las fotografías del evento. Los dirigentes de la Corporación local, los del IFAPA y los de la Junta de Andalucía aparecían cada uno por su lado, como el agua y el aceite en el mismo tarro, tratando de no mezclarse en las mismas imágenes.

Hoy que saben, por lo bajini, sin declaración oficial, que la feria que le quitaron a Zuheros se la llevan a la capital cordobesa andan de morros buscando apoyo testimonial de los que no tienen el poder, sin reparar en que, cómo dicen en el librito, «las viejas convicciones no te conducen a un queso nuevo». Cuando estuvieron ocupando la misma barca olvidaron que no es suficiente con contentar al público, sino que también hay que cuidar al productor, no al del queso –que esos sí tuvieron sus puntos de venta en el recinto ferial–, sino al que pone la carpa para montar el espectáculo, que es al que hay que ponerle la medalla y darle el lugar de honor en las fotografías.

Tener una «Escuela de Capataces», como se decía antes, y dar formación quesera no son razones suficientes para retener este tipo de feria, no hay que olvidar que gran parte de esos 20.000 visitantes fueron hinojoseños que aprovecharon para visitar su pueblo. Fueron básicamente los hinojoseños de dentro y de fuera –a los que, inexplicablemente, no se menciona en el comunicado para darles las gracias; afortunadamente sí se acuerdan de dárselas al director y al personal del IFAPA– los que contribuyeron al éxito de la feria.

No, al Ayuntamiento no le corresponde quejarse de algo que no logró traer y que tampoco ha sabido retener. Cambiando el lugar de celebración del acto a una capital no se abandona lo rural; en primer lugar porque esos 20.000 visitantes se duplicaran o triplicaran en lugares con mayor aforo, así los puestos de Los Pedroches, si se montan, serán visitados por más gente; y, en segundo lugar, porque quienes abandonan lo rural son, principalmente, las Corporaciones locales que se están pasando de frenada con sus pretensiones, imitando las costumbres de las capitales. Están destinando recursos considerables del presupuesto local para montar actos culturales-turísticos-gastronómicos que solo generan recursos puntuales para la hostelería  y los negocios locales durante un par de días. Cuando los visitantes de fuera se van, con ellos se llevan su poder adquisitivo. 

Con o sin queso por medio, la Alcaldía tiene que dejar de inventarse eventos de fin de semana para rebañar unos instantes de popularidad en las redes sociales. Tiene que hablar en serio con los empresarios, autónomos y profesionales liberales para crear las condiciones que impidan que, dentro de un año, seamos, otra vez, récord de bajas en el padrón local y con diferencia con cualquier otro pueblo de los Pedroches.

La gente tiene que ir a Hinojosa, pero no a comprar un poco de queso; tiene que ir a montar la quesería allí. A quedarse. Primero creas la industria, luego, acaso, podrás montar no una feria, que esas cosas nos vienen grandes, pero sí un mercadillo local de unas horas. Se trata que se venda lo que se fabrica en Hinojosa, no lo que se fabrica en Málaga, por un poner. 

Mientras la Alcaldía no haga su trabajo, no tendremos feria del queso que valga, solo seremos récord con la «feria de la estampida».

4 de marzo de 2020


María Dolores Rubio de Medina


Soñaba con publicar artículos de opinión como este en el NOSOTROS, soñaba... 




domingo, 16 de febrero de 2020

Belalcázar y la devolución del patrimonio religioso depositado durante la Guerra Civil





Belalcázar y la devolución del patrimonio religioso depositado 
durante la Guerra Civil

           
Resumen: 
Las guerras provocan víctimas, dramas humanos y destrucciones materiales. A veces, la salvaguarda de las vidas y del patrimonio se logra desplazándose a lugares más seguros. Así sucedió con alguna de las obras artísticas de la villa de Belalcázar, que fueron depositadas en un organismo creado para su protección y, años después, recuperadas por sus propietarios.  

Palabras clave: 
Guerra, depósito, devolución, escultura, ropas.


Belalcázar and the return of religious heritage deposited 
during the Civil War

SUMMARY: Wars cause victims, human dramas and material destruction. Sometimes, the safeguarding of lives and heritage is achieved by moving to safer places. This happened with some of the artistic works of the town of Belalcázar, which  were  deposited  in an organization created for their protection and, years later, recovered by their owners.



Keywords: War, deposit, return, sculture, clothes.

El texto del artículo forma parte de: 
Sevilla, 16 de febrero de 2020.



martes, 31 de diciembre de 2019

CONTINUIDAD EN LAS COSAS DEL PADRE JUAN RUIZ



Por mi casa corría una leyenda. Mi padre presumía de ser el orgulloso propietario de uno de los escasos ejemplares existentes del libro La ilustre y noble villa de Hinojosa del Duque, del padre Juan Ruiz (1923). Sin embargo, el libro, misteriosamente, no lucía en las baldas de su biblioteca. Contaba que lo había prestado a no sé quién y que se lo habían llevado a no sé dónde. Siempre le reproché esa generosidad, pues pasaban los años y el libro no volvía a su dueño. Ya se sabe que los libros son orgullosos, si son prestados, no retornan jamás. Con tiempo aquella presunta realidad, la posesión de ese libro, la encasqueté en los reductos consagrados a las leyendas.



    Hasta 1989 en que se publicó la edición facsímil, no tuve un ejemplar de la historia del Padre Juan Ruiz en las manos. Era –es, y siempre lo será– el libro clave en la historia de Los Pedroches, puesto que se apoya en fuentes documentales que desaparecieron en la Guerra Civil. Fue en ese año cuando empecé  a conocer otras cosas de la historia de mi pueblo.

    Unos cuatro años después, un día, cuando ya había olvidado el libro perdido, mi padre entró en casa muy agitado. Blandía en lo  alto algo; era el ejemplar prestado que mostraba como si fuera un trofeo. Me lo enseñó con aire de triunfo. Era el libro de la leyenda. El libro, un día dejó de ser orgulloso y volvió a su casa.

   Mi padre se sentó ante la mesa de su despacho y estampó, en lo que sería la Tercera en un periódico, estas líneas:

Insólita aventura: En 1962 presté este ejemplar al catedrático de Historia del Instituto de Córdoba D. Juan Gómez Crespo, quien a su vez lo da al académico y cura D. Juan Jurado Ruiz para que me lo devolviera. Este lo entregó a Miguel Muñoz, quien lo hizo llegar a mis manos por medio del párroco de san Juan de Hinojosa, en julio de 1994, justo 32 años después.
¡Buena Gente!
                                                                      Rubio




    Durante 32 años el libro estuvo fuera del  control de mi familia; no habrá que esperar otros 32 para poner en circulación, en el 2020, un nuevo libro sobre Hinojosa del Duque. 

    Esperamos que a lo largo de nuevo año que comienza en unas horas, la historia –al menos la referida a la actividad municipal del Ayuntamiento– tenga continuidad en el mismo año en que finalizó el libro del Padre Juan Ruiz, desde 1923 hasta 1975. 



Primeras Galeradas. En revisión.
244 páginas.


Tal cual, índice, sin pasar por el corrector.



     Esa es la promesa.

    Feliz 2020.


MD Rubio de Medina

Sevilla, 31 de diciembre de 2019.

martes, 24 de diciembre de 2019

Navidad, 2019.





Fondo: un pañuelo de Bimba&Lola, clavado con alfileres en el respaldo de mi sofá. 
Imagen: Maqueta de la iglesia de san Juan Bautista de Hinojosa. 
Nacimiento en miniatura que le he pedido prestado a mi madre. 
Suelo: cuadro con el cartel de la última representación de “El Halcón y la Columna” de Belalcázar. 
Iluminación: apuntando con una linterna sostenida con los dientes por tener las manos ocupadas con el móvil para hacer la fotografía. 
Tal cual, sin filtros.

Bienvenidas las mitomanías, felices momentos, felices fiestas.

MD Rubio de Medina

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Mi batallón, mi libertad



«Nuestro Batallón, nuestra libertad.

E n un lugar que algunos llamaron Hinojosa de Córdoba surgieron leyendas, como la de los escopeteros rastreando el Camino de Sevilla para dar escarmiento a los bandoleros o para proteger a la gente y a los ganados cuando se barruntaban lobos. También existen en los libros de difuntos de  la iglesia de san Juan Bautista anotaciones de soldados hinojoseños que murieron luchando contra el ejército napoleónico. Por si fuera poco, contamos con una nueva leyenda: ha aparecido en la Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba un librillo de 23 páginas con el discurso que dio el párroco Juan José Zamorano en la entrega de la Bandera al Batallón de las Milicias Nacionales de Hinojosa de Córdoba, el día 27 de enero de 1839. 
No me cuesta imaginar al capellán del Batallón dirigiéndose a los voluntarios hinojoseños con voz engolada y prepotente, pues llega a decirles lo que, en su opinión, hubiera dicho la reina-niña Isabel, de haberles entregado personalmente la bandera. Las Milicias Nacionales fueron un cuerpo armado que trataba de mantener el orden y la paz constitucional, y justamente en Hinojosa, el padre Zamorano articuló su discurso al Batallón sobre tres pilares: trono, patria y libertad, en un momento histórico en que se había restablecido la Constitución de 1812 sobre el Estatuto Real.
Hoy, como sabemos, trono y patria son conceptos muy cuestionados y discutidos; pero no está de más recordar que el capellán, al entregar la Bandera, les dijo a los milicianos que esperaba que pudieran  «empujar y derribar con ella, hasta el último sillar del trono de los tiranos y allanar el suelo de la libertad que coloque a todos los hombres con igualdad al nivel de la justicia». ¿Y qué mejor justicia podría haber –ayer, hoy y mañana– que lograr la aplicación del artículo 13 de La Pepa, ahora que empiezan a quitarle el polvo a las urnas para cosechar votos? Sí, ese artículo que dice que el «objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que lo componen».
¡Qué batallas fueron las del capellán Zamorano! ¡Qué paisanos aquellos que fueron voluntarios a la Primera Guerra Carlista persiguiendo esa felicidad! Aunque  la patria y el trono están irreconocibles por los tejemanejes, nos queda una pequeña libertad: la de votar. Pero… ¿quiere que le susurré un secreto, padre Zamorano? Desde Hinojosa –o desde otro lugar– los ciudadanos ya solo aseguramos el bienestar de una clase privilegiada que no entiende que está al servicio de Nosotros, la de los políticos. 

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El art. 14.4.º de la Ley de Propiedad intelectual reconoce al autor el derecho a exigir la integridad de la obra; en mi caso, ni siquiera pude alegar ese derecho; directamente publicaron mi artículo en Nosotros (cuadríptico publicado en Hinojosa del Duque) censurando las líneas finales. Se publicó sin el párrafo destacado en rojo, tal como descubrí cuando me llegó un ejemplar impreso.

Por esta razón mi segunda –y última colaboración– en Nosotros, la correspondiente al mes de octubre de 2019, tiene tanto espacio blanco al final, porque suprimieron lo que, extrañamente, consideraron molesto.

Dios sabe que he perdido premios literarios por negarme a firmar los abusivos contratos que me ponían por delante –no en vano he escrito un libro defendiendo los derechos de los autores, aunque tenga más penas que glorias–; Dios sabe que he dejado alguna revista cuando he considerado que alguien se estaba pasando de rosca –y no me refiero a «Nosotros»–; Dios sabe que he dejado la presidencia de alguna entidad por no estar de acuerdo con alguna decisión, porque la regla de funcionamiento es la mayoría –con la que estoy de acuerdo al 100%–, por lo que siempre estoy en una disyuntiva cuando no estoy de acuerdo con lo que se ha aprobado: acepto la decisión mayoritaria y me como mis principios o me voy con mis principios a otro sitio; Dios sabe que después de estar persiguiendo casi toda mi vida ser profesora con contrato en la Universidad, cuando lo conseguí, dejé pasar la oportunidad porque quería dejar claro que si no entraba en la Universidad era por decisión mía, no porque el sistema me hubiera vencido. Con estos antecedentes, era fácil tomar la decisión de irme con la música a otra parte para seguir siendo libre y no pasar por censuras absurdas.

Y en todas partes lo hice exactamente igual que en «Nosotros»: siempre me he largado sin rodeos, sin negociar nada, simplemente avisando que ya me había ido.  



María Dolores Rubio de Medina
Sevilla, 13 de noviembre de 2019.