domingo, 22 de mayo de 2022

COMERSE GAFIQ



© María Dolores Rubio de Medina, 2022


Gafiq, Gahete o Belalcázar eran –y es– en mi imaginario personal, un lugar para ver, con su castillo cerrado a cal y canto, hasta hace poco tiempo. Ahora ya podemos subir a su torre del homenaje, la más alta de todos los castillos españoles, y echar los ojos al vuelo para ver el territorio de tres Comunidades Autónomas (Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha); pero, ademas, desde ayer, sábado, Gafiq es, también, un lugar para comer, al margen de los desayunos pantagruélicos con churros, en mitad de la Plaza de la Constitución.


En 2020, un mes antes del cierre de la hostelería por el anómalo e ilegal cerrajón impuesto en el país (con un inadecuado estado de alarma para los fines que perseguía), el día de los enamorados, abrió en la Plaza de la Constitución de Belalcázar el restaurante Gafiq Gastronómico, en la Casa de la Cultura, en el edificio que antes fue iglesia de San Antonio y también hospital. El restaurante es un nuevo espacio gastronómico, insólito por la novedad de su enfoque que, de entrada, te recibe como un teatro, con un espectacular collage realizado con libros abiertos y donde, los libros se apilan, otra vez, sobre algún reclinatorio. 



Cortinaje en la entrada del bar.



Cuadro-collage en la pared del bar,
compuesto de libros abiertos.


En poco más de par años, en un país que ha sufrido los altibajos económicos derivados de la inadecuada gestión de pandemia, que encerró a la gente en sus casas y lugares de residencia, el
restaurante Gafiq Gastronómico se ha transformado en un Centro de interpretación de degustaciones gastronómicas, impulsado por un dúo que ha traído novedades al lugar que fue la cabeza del Condado de Belalcázar. El nuevo concepto de espacio de hostelería y de enseñanza gastronómica está siendo liderado por D. Francisco Ayora y D. José Vigara (cocinero), y ha logrado conquistar su lugar en las revistas gastronómicas, como lo demuestra la revista Gurmé Córdoba (ABC) del día 3/2/2022.


Reclinatorio con libros en un ángulo
del comedor.

Confieso que me acerqué al lugar, más que nada, por la arquería de granito de su interior que había visto en las fotografías de las redes sociales, antes que por su carta. Los arcos de granito y la disposición del comedor me recordaban el «comedero» de la casa de mis abuelos en Belalcázar. En Hinojosa del Duque los «comederos» eran –y son– los lugares de la afueras donde se guardan y alimentan los animales, se guarda el tractor o los aperos y donde, en ocasiones, se tiene algún huertecito. En Belalcázar, como bien supe leyendo La vida rota de Corpus Barga, años después, «comedero» es la cocina, el lugar más caldeado de la casa por estar la chimenea, siempre encendida en invierno; pero acabé yéndome del lugar, resuelta a volver, más pronto que tarde, porque descubrí que en Gafiq podía comerse con añoranza de los tiempos que se fueron, adaptados al siglo XXI.


La sala interior del restaurante es un lugar espacioso, con sus mesas de camilla (con su brasero de picón o ascuas en invierno), muy separadas unas de otras, que permite la conversación fluida y discreta con tus comensales sin tener que enterarte de las confidencias de los ocupantes de las mesas vecinas. Está decorado con mobiliario de principio del siglo XX y, en uno de los recodos de la sala, recordando los antiguos doblados, están los aperos del campo, debidamente apilados y colgados de las paredes, que crean una tenue atmósfera propia de un pueblo agrícola-ganadero.


Comedor: arquería de granito y mesas camilla para
los comensales; al fondo un altillo con aperos de labranza.

Detalle del altillo.


Al leer la carta, reparé en los rótulos que separaban los entrantes, de los platos y postres. Descubrí que la seriedad del proyecto de hostelería no estaba exenta de un gran toque de humor. Los entrantes venían agrupados bajo el título de «Nos entretenemos???»; los primeros bajo la entrada: «¡Mama! ¿Qué comemos hoy?», la frase que daba entrada a que tu madre, harta de la pregunta, te contestase: «comida»; los pescados bajo un divertido, «Al agua patos»; y las carnes comenzaban bajo el eslogan «La cabra tira al monte»; para finalizar con unos postres... «De rechupete». 

Optamos por pedir un vino de la tierra, un «pitarra» y una entrada, «La torreznera», compuesta de lomo, chorizo, torrezno y costilla en adobo, que fue presentada en un artilugio de hojalata con tapa. Pese a ser de la zona, me resultó tan extraño que pregunté su origen, me dijeron que era de un hojalatero de Hinojosa del Duque. Tradicionalmente, las torrezneras que he conocido era una ollas de barro con una especie de canalón acoplado en las bocas con agujeros, donde se iban echando el lomo y los torreznos cuando se freían en las matanzas para escurrirlos y pasarlos luego a una orza con manteca para conservarlos varios meses. Fui a comer, y también alimenté mi espíritu, ese artilugio de hojalata ha ampliado mis conocimientos antropológicos, para el colmo.


La torreznera, las viandas sobre un lecho de patatas fritas,
fueron regadas con una copa de "Pitarra".


Y como no sabíamos cuánta cantidad tenía el plato, optamos por pedir dos primeros e ir viendo como venía el asunto; así cayeron una «crema de salmorejo con patatas de mi pueblo» y una «mazamorra de queso y fruta escarchada» (exquisita). 



Mazamorra de queso y fruta escarchada.

Crema de salmorejo con patatas de mi pueblo.


Eran platos delicados y tradicionales, con su punto de acabado moderno, abundantes y contundentes, por lo que pasamos directamente al postre («yogur de oveja con pasas al chocolate» y «Flor de almendra» de las Clarisas de Belalcázar) y  optamos dejar para otra ocasión, la prueba de los segundos.


Abajo, la famosa Flor de almendra de las Clarisas de Belalcázar, 
exquisito postre a base de almendra laminada.


Yogur de oveja con pasas al chocolate.


El trato de los camareros fue correcto y sobre todo, la cocina iba como una seda, los comensales eran servidos con rapidez y a su tiempo, sin demoras entre plato y plato; anomalía que, desgraciadamente, es uno de los males de la cocina de Los Pedroches. Lo más importante fue descubrir cómo integran las cosas de la tierra –el vino de Pitarra, la callada y eficaz labor de las Clarisas sirviendo su exquisita repostería, las verduras y chacinas de la comarca, etc.– en la carta, demostrando aquello de que buen vasallo fuera (cocinero, que fue excelente), si hubiera buen señor (buen producto de la tierra).


Las visitas culturales a Belalcázar, para ver el castillo y/o el Monasterio de Santa Clara, cuando no para asistir a su teatro popular: «El halcón y la columna», que este año se verá acrecentado con la representación, por primera vez, de «La Cueva de la mora de Gadif» de la que es autor «mi maestro de encuadernación y mi consultor de cabecera de la historia de Belalcázar», Joaquín Chamero Serena, tiene su culminación en algo que, con mucho esfuerzo, está surgiendo poco a poco, gracias al esfuerzo de unos emprendedores que se han arremangado para sacar adelante los negocios que han montado en su tierra. 


La torreznera en miniatura donde te presentan la cuenta,
ideal para dejar las propinas. 


Por eso, desde hoy, les recomiendo comerse y beberse Gafiq (con los ojos y con la boca), lo harán como un conde, un señorito, un rojo o un anarquista de la casa de los Barga, que haberlos, haylos.


Sevilla, 21 de mayo de 2022.

jueves, 12 de mayo de 2022

LA PUENTE




© María Dolores Rubio de Medina, 2022.


Fue una infancia en la que las calles no tenían los nombres de la nomenclatura oficial. Tampoco los adultos, que eran designados por la cortedad a la que alcanzaba nuestro mundo, limitado a la escuela y las calles más cercanas a casa. La gente, los amigos, eran conocidos por su nombre de pila; por el primer apellido cuando había muchos Manolos y no se podían llamar «Manolo» en un partido de fútbol para pasar la pelota porque acudían a llamada cuatro Manolos a la vez, aunque fueran del equipo contrario. Tampoco tenían nombres ni apellidos las familias, todo se resolvía cuando había que mencionarlas diciendo: «la madre de Jesús», «la tía de Jesús», «el padre de Jesús», «el hermano grande de Jesús», etc. así hasta abarcar a toda la dinastía.

Pero si hubo un lugar esotérico y mágico; odiado y amado en la infancia de la generación de los 60 en Hinojosa del Duque, ese lugar fue, sin duda, La Puente. Claro que el verano sin escuela era cuestión aparte, cuando nos aventurábamos a colarnos en una piscina de una huerta o en el cine de verano sin pagar la entrada.



"La Puente" en 1974.


Muchas tardes empezaban en La plazoleta o en Las Cuatro Equinas y acababan en el estanco de la Teresa, donde se compraban dos cajas de mixtos por una peseta para meternos en La Puente. El que había pagado las cerillas encabezaba la marcha. Así nos introducíamos, en cuclillas, una fila de muchachos y muchachas, uno detrás de otro, por el túnel con la ansiada aspiración de salir por la otra boca, por la otra Puente. Se avanzaba por el interior de la alcantarilla a la tenue luz del cerillo, sin ver otra cosa que la espalda del que tenías delante y un halo luminoso más al fondo, hasta que el que sostenía el mixto se quemaba los dedos y lo tiraba. Se hacía la oscuridad. Esperábamos disimulando el miedo, a oscuras, hasta que el intrépido cabeza de la expedición abría la caja, sacaba otro cerillo y lograba encenderlo, no siempre a la primera, y, de nuevo, lo oscuro era menos oscuro.

La aventura siempre acababa abortada, a mitad del recorrido llegábamos al cieno del interior de la cañería, y se imponía la cordura, nadie quería pisar el barro para mancharse los zapatos y que le echaran una bronca en casa. La sensatez predominaba y desistía de ir de Puente a Puente como si estuviéramos jugando a La Oca. Otras veces la razón llegaba cuando se acababan los mixtos y desistíamos caminar a oscuras. La vuelta siempre era rápida, todos corriendo en cuchillas en dirección a la luz que entraba por la boca del túnel, empujándonos unos a otros, aliviados de poder salir y dejar atrás aquella oscuridad. 

Fracasar en la aventura no nos quitaba las agallas de intentarlo de nuevo, alguna vez con una vela que la corriente dentro del túnel apagaba rauda, con que los mixtos también se agotaban más pronto que tarde; en otra ocasión con un espejo roto. A Pelagio, el de comercio, le llegó una partida de espejos, uno de ellos salió de la caja roto, y Pelagio lo tiró a la basura. Alguien rescató el marco con medio espejo y colocándolo en la boca de La Puente, moviéndolo para que se reflejara el sol, a los gritos de los que se metieron dentro, logró iluminar el interior de la alcantarilla. Fue la vez que llegamos más lejos, pero de nuevo el cieno de las aguas residuales, nos cortó el paso.

Había que seguir intentándolo, pero un día, los niños de Hinojosa, se quedaron sin La Puente. Las autoridades locales, con buen criterio, pusieron una reja a la entrada. Siempre que paso por ahí, por ese lugar, hago lo mismo que otros amigos de aquella época harán: echarles maldiciones a quienes nos desmitificaron uno de los lugares de la niñez poniéndole una reja, como si fuera una cárcel.



"La Puente" en enero de este año.


Sevilla, 12 de mayo de 2022.

jueves, 5 de mayo de 2022

Las cruceras de la Cruz del Chaparral (Añora)




© María Dolores Rubio de Medina, 2022


El primer fin de semana de mayo de 2022, tras dos años de celebraciones suspendidas por la pandemia, se reanudaron las festividades de mayo ligadas a las cruces y las romerías. En Añora (Córdoba), el ritual del primer fin de semana del mes de mayo es «vestir la Cruz», costumbre que se realiza desde el s. XVI. En su origen era una fiesta religiosa, que hoy incorpora otros actos de carácter más lúdico-económico; y que incluye, por ejemplo, la celebración de un mercadillo en la plaza principal de pueblo, la organización de un concurso de pintura rápida y diversas actuaciones musicales.


Detalle de una Cruz interior, 2022.


La «Fiesta de la Cruz» –o como se la denomina en muchos pueblos de Los Pedroches, «las cruces de Añora»–, ha sido declarada Fiesta de Interés Turístico de Andalucía. La espectacularidad de la fiesta y la repercusión que tiene a nivel comarcal y nacional, son sobradamente conocidas, no en vano, en Añora se «vestía las cruces» cuando en ningún otro pueblo de la Comarca se realizaba un celebración similar. Hoy en día, la celebración de concursos de Cruces en el mes de mayo es una celebración muy popular en los pueblos de Los Pedroches; no obstante, el único pueblo que sigue guardando su originalidad y carácter genuino es Añora, pues tiene Fiesta de la Cruz con una marca propia, una forma de concebir las cruces que la diferencia de los demás pueblos. A ello contribuye, de manera especial, la abundancia de cruces de granito en el pueblo, dispersas por sus calles o plazas, que permiten a «las cruceras» –cierto que también intervienen hombres, pero siempre ha sido una fiesta más asociada a las mujeres, que llevan a cabo la voz y el esfuerzo cantante– desplegar su creatividad.

Usando el vocabulario local, las Cruces «se visten», exactamente como si fuera una persona. Atrás quedaron esas «cruceras» vestidas de negro y con mandiles que se reunían en torno a las mismas eternas cruces exteriores, o se recogían en los interiores de las casa, en las que, como cuevas, se abría la habitación de la Cruz, mientras ellas vigilaban, sentada en recios bancos de madera o alrededor de la mesa camilla, a los propios y foráneos que invadían la intimidad de sus casa para «espiar» la belleza del interior. Atrás quedaron «las cruceras» enlutadas que el tiempo ha detenido en las páginas del libro Cruces de Añora. Paisaje en el tiempo de Ismael Sánchez Aparicio y Alejandro López Andrada (Ayuntamiento de Añora, 2000). Hoy «las cruceras» son de nuestro tiempo: miran mucho por su economía, por lo que adquieren los productos necesarios para hacer los adornos de las cruces en Amazon (donde compran la purpurina, alguna pistola de silicona, la resina, el pegamento, etc.); consultan el tiempo que hará en sus móviles, para ver si la inoportuna lluvia invadirá su efímera creación; y atienden a los medios de comunicación locales, nacionales e internacionales, que acuden al pequeño pueblo de poco más de 1.500 habitantes para que hablen del misterioso ritual de «vestir la Cruz», que cada año revive en  el mes de mayo.


La Cruz del Chaparral


Aunque este año «las cruceras» han volcado su creatividad en cuatro cruces interiores y ocho exteriores, me voy a centrar en la Cruz del Chaparral; por dos razones; primero, porque cuando me puse en contacto con mi amiga, la escritora Raquel Gil Espejo, para avisarla de que iría a Añora, me dijo con gran alegría: Este año soy crucera, así que, por este detalle, he dispuesto de una fuente de primera mano para hacer este «Trabajo de Campo»; y, en segundo lugar, porque, a pesar de haber obtenido solo el cuarto premio del concurso de las Cruces, «las cruceras» introdujeron un introdujo una innovación que, al parecer, no fue muy valorada por el jurado: pusieron cifras al trabajo realizado, al instalar un panel informativo en el que, didácticamente, explicaban el proceso de elaboración de las hojas y las flores con tela de cancán y utilizando botellas de plástico de color blanco que fueron acumulando a lo largo del año. Gracias a ese panel, conocemos la cantidad de adornos que tuvieron que confeccionar para «vestir» a la Cruz.


Panel informativo del proceso creativo del la Cruz.


La Cruz del Chaparral es exterior, está dispuesta sobre una plataforma de granito de dos niveles; en el centro, al final de tres escalones de granito cuadrados, se alza la Cruz. Para vestirla, una treintena de noriegos (de ellos 22 mujeres) desarrollaron la idea de una «jefa», aunque estamos ante una colectividad, cuya cohesión social se basa en la participación de todos, por los que se fueron incorporando opiniones para mejorar el diseño. Durante unos dos meses, el grupo se reunió en una casa «prestada», donde fabricaron artesanalmente los adornos, aunque algunas personas elaboraron sus trabajos en sus propias casas. 

Al igual que en cualquier otra Cruz, el secretísimo del diseño es otro de los elementos de cohesión social del grupo. Se oculta al resto del pueblo, a los otros grupos que también elaboran, en secreto, sus propias cruces. Informar del proyecto es dar armas a la competencia, jugarse el prestigio de la Cruz. Al día de hoy, el comercio electrónico es un plus para mantener en secreto su elaboración, pues los materiales adquiridos para vestir la Cruz llegan al pueblo en cajas herméticamente cerradas.

Es el propio grupo de «cruceras» y «cruceros» el que asume los gastos de la elaboración de su Cruz, así en la Cruz del Chaparral, cada miembro participó añadiendo al fondo común 20 euros, que se utilizaron, principalmente, para comprar los materiales, incluso para adquirir los sacos de sal que sirvieron de alfombra para la Cruz. También forman parte del fondo los botes procedente de los premios, los cuales, si se obtienen, se guardan para la elaboración de la Cruz del año siguiente; pues hay que seguir manteniendo el prestigio de ese barrio, de esas calles, de esa cruz de granito, hay que continuar con la ritualidad. 

En la localidad se le da forma a los hierros que sirven para fijar el decorado de las Cruces exteriores, que se encargan a los herreros que han sido contratados por el ayuntamiento. También corresponde al consistorio local preparar las estructuras metálicas que sirve para colocar los focos que iluminarán las Cruces exteriores, pues no hay que olvidar que el día grande de la fiesta es la noche, la del sábado al domingo, en este año 2022, la noche del 30 de abril al 1 de mayo. 

En días previos, un grupo de cruceras se reunió para preparar los dulces que se fueron consumiendo durante la noche de la velá que, sobre todo, son muestra de la hospitalidad con la que los noriegos agasajan a los vecinos y forasteros que acercan a visitar las Cruces. Se hicieron bandejas y bandejas (a veces se presentan en pequeños barreños) de hojuelas (flores de sartén), borrachuelos, rosquillos... También se preparó chocolate. 

Una vez que «las cruceras» hubieron confeccionado y reunido las distintas piezas para vestir la Cruz, a primera hora de la mañana del mismo día en el que celebra el día grande de la Cruz (la velá), que siempre es en sábado, salieron a la calle con los materiales para comenzar a «vestir la Cruz». Es el momento en que se hace más patente la labor de los hombres del grupo, que intervienen en la colocación de las carpas; en el montaje de los andamios que servirán a las «cruceras» para colocar los adornos, en este caso fueron unas estructuras de hierro que se fijaron al suelo con tornillos; aunque si el material lo permite, también se fijan con silicona. También se ocuparon de reunir troncos, cerca de la Cruz, para hacer la candela, alrededor de la que transcurre el día y la noche, y se realizan las comidas de confraternidad, que también salen de un fondo común.

A las 19,00 horas del sábado (30 de abril) comenzó el momento mágico de la apertura de las cruces y, oficialmente, la «Noche de la Velá», la fiesta grande. «Las cruceras» intentan atemperar los nervios, pues la suerte ya está echada, contemplan la Cruz vestida y reciben los elogios de los visitantes, mientras cantan las canciones típicas, «los mayos». El grupo, con disimulo, intenta identificar entre el gentío a las 4 personas que forman el jurado que concederá los premios. La fiesta no para, un grupo de jotas noriego y la Tuna van actuando alrededor de las Cruces, entreteniendo a los noriegos y a los forasteros, mientras, a lo largo de la noche, los integrantes del jurado, normalmente relacionados con el mundo de la cultura, van visitando cada una de las Cruces, solo se conoce su identidad cuando se falla el concurso en la Casa de la Cultura. Este año, el fallo se fijó para las 3,30 de la madrugada. 

Cuando se conocen las Cruces ganadoras de los premios, las ganas de fiesta van decreciendo y los grupos de «cruceros» y de visitantes comienza a retirarse a descansar. A «las cruceras» todavía les quedará otra jornada, pues las Cruces estarán abiertas todo el domingo. Al día siguiente, bien entrado el día, comienzan a agruparse alrededor de su Cruz, en la que celebraran otra comida de confraternidad, mientras, de vez en cuando, suena el popular estribillo:

Mayo, mayo, mayo;

bienvenido seas para trigos y cebadas, 

caminitos y veredas.



Participante del V Concurso de Pintura "Fiesta de la Cruz".



Sevilla, 05-05-2022. 


lunes, 2 de mayo de 2022

EL ESTADO DE LA HINOJOSA DEL IV DUQUE DE RIVAS (TESTAMENTARÍA)

Con la lectura de una parte de la testamentaría del IV Duque de Rivas se descubre que fue propietario de diversos inmuebles rústicos en varios lugares a los que llamaba el «Estado de la Hinojosa».

Los documentos podrían haber sido unas hojas sueltas, manuscritas, que posteriormente fueron encuadernadas en un libro que en la lomera –en letras doradas– lleva dos leyendas: «Hinojosa» y «Duque de Rivas». En la primera página del libro aparecen un par de líneas que resumen su contenido de forma muy básica: «Índice de los documentos pertenecientes al Estado de la Hinojosa».

Se trata de un libro delgado, tamaño folio, encuadernado en cuero negro, con la lomera y las esquinas con apliques verdes. Las cubiertas se rematan con con adornos dorados. Las guardas interiores son de un bello y grueso papel de aguas de tonos grises, negros y dorados, salpicadas de pintas blancas.

El libro-testamentaría es propiedad de D. Daniel Castellano Aranda que, generoso como pocos, me prestó el volumen, lo que me ha permitido transcribir su contenido en ratos muertos. 

La transcripción la vuelco en este 


CUADERNOS COLODROS NÚM. 7


de forma literal, sin ningún añadido ni ninguna investigación, como material para que que otros investigadores, si lo consideran oportuno, puedan sacarle el partido que merece. 

Curiosamente, aunque el título del libro se refiere a Hinojosa del Duque, muchas de las fincas rústicas a las que se citan no se corresponden con su término municipal, pues también abarcan tierras dispersas por Belalcázar y algún pueblo de Extremadura, como veremos.



Sevilla, 2 de mayo de 2022.

viernes, 29 de abril de 2022

LABRADORES HINOJOSEÑOS CONTRA LA USURA CAMPESINA (1932).


© María Dolores Rubio de Medina, 2022


He mencionado, en alguna ocasión, que buena parte de la estabilidad social existente en Hinojosa del Duque, en el primer cuarto del siglo XX, tuvo su razón de ser en un grupo social que no se daba en otros lugares cercanos, como en Belalcázar, pueblo que era mucho más conflictivo, al depender sus jornaleros de los grandes terratenientes. 


Tierras municipales actuales:
la Dehesa de la zona de descanso de la Virgen de Guía.


En Hinojosa, aunque también era una ciudad muy afectada por el desempleo, un parte de la población tenía cierta estabilidad económica, al proceder del sector de los «matrimonios de media yunta»; es decir, de la unión en la que cada contrayentes aportaba como dote matrimonial, «media yunta». Por ejemplo, si cada uno de ellos aportaba una mula, ya tenían el medio de locomoción necesario para tirar del arado y labrar la tierra.

Hablamos pues, de labradores que gozaban de cierta autonomía, no de jornaleros agrícolas que dependían de que los propietarios de las tierras los contratasen. Los peones agrícolas solían aguardar en un punto, frecuentemente en la plaza principal del pueblo, hasta que pasaba alguien y los contrataba para ganarse el pan del día, si había suerte. El empresario podía ser un terrateniente, un pequeño propietario e incluso el ayuntamiento, en el marco de los planes aprobados por la Diputación para combatir el paro.

Ahora bien, ¿cuál era la forma de acceder a la tierra para trabajar en  explotación propia? Los métodos más comunes eran los siguientes:

a) Al producirse uno de los ritos de paso de la organización socio-económica: el matrimonio. Cuando la familia de los contrayentes tenía ciertos medios, el nuevo matrimonio podía disfrutar de la cesión de tierras hecha por sus progenitores. Estos supuestos eran muy minoritarios, pues lo común es que dos generaciones diferentes explotasen las mismas tierras durante largos años. Las labores agrícolas, al estar escasamente mecanizadas, precisaban de abundante mano de obra, por lo que era normal este sistema de explotación conjunta.

b) Por herencia, cuando había un patrimonio que transmitir a los herederos. En muchos casos, las nuevas unidades familiares pasaban a ser propietarias de tierras propias, puesto que las condiciones higiénico-sanitarias (falta de médicos, falta de hospitales y medicamentos, alimentación deficiente, etc.) provocaban una mortalidad muy alta. Era frecuente heredar las tierras alrededor de los 30 años. No como en los años 60-70, período en que el aumento de la esperanza de vida, derivado de las mejoras higiénico-sanitarias, tuvo como consecuencia que el campo no cambiase de manos. El campo quedó en manos viejas, cansadas, provocando que los hijos, al no heredar no lograban la independencia económica, por lo que comenzaron a emigrar a los núcleos industriales que ofrecían generosos sueldos en las fábricas, y puestos laborales que podían desempeñar sin tener gran formación educativa.

c) Otra de las fórmulas utilizadas para tener tierras propias fue endeudar a la familia, solicitando préstamos bancarios para adquirirlas. En Hinojosa del Duque, alrededor de 1928, un sector importante de la población accedió a tierras propias que adquirieron a crédito. Los suelos procedían del reparto de tierras municipales que fueron puestas en el mercado. No todos los campesinos pudieron asumir la devolución de los pagos de los créditos a los bancos, en consecuencia, los impagos provocaron que muchas entidades de crédito adquieran fincas a precios bajísimos porque las personas que las habían comprado no pudieron asumir la devolución del capital prestado, incrementado con unos intereses abusivos. 

El sistema de créditos degeneró en una verdadera usura contra los campesinos, y fue dando bandazos hasta que se convirtió en un verdadero problema, a partir del año 1930. La bola de la usura campesina creció de tal modo que, en 1932, el problema se trató en las Cortes de la II República.

Los labradores hinojoseños, a través del diputado D. Antonio Jaén Morente, elegido en la legislatura 1931-1933, por el Partido Derecha Liberal en la circunscripción de Córdoba (provincia), trataron de llamar la atención del Ministro de Justicia, en la Sesión celebrada en las Cortes el 4/11/1932, sobre el problema, ofreciendo como solución que se aprobase una ley moratoria de los pagos, que les permitiese ampliar el plazo para devolver los créditos que solicitaron, en su día, para pagar las tierras.

Los labradores honojoseños, según explicó en su intervención el señor Jaén, «hasta el año 30 pagaron, según se dice en frase vulgar, religiosamente todos los intereses y todos los plazos a que se comprometieron al dividirse entre ellos el termino municipal; pero después de esta fecha no han podido seguir pagando, dándose el caso de que muchos Bancos locales se han adjudicado fincas por un 10 o un 15 por 100 de su verdadero valor. Como digo, ellos piden una moratoria, y fundamentalmente la siguiente moratoria, sobre la cual quiero llamar la atención de los Sres. Ministros: ‘‘Los Bancos, a excepción del Banco Hipotecario, vendrán obligados a renovar la operación mediante el abono del 10 por 100 de la deuda, hasta que se cumpla la fecha de la prórroga referida.’’. 

Por eso, el diputado llamó la atención «sobre el gravísimo problema de la usura campesina, que en los tiempos actuales de la República ha sido acrecentada y se ve mas acentuada que en los días anteriores al año 1930».

Aunque la petición del Sr. Jaén iba dirigida al Ministro de Justicia, también tuvo ocasión de dirigirse al Ministro de la Gobernación, ante el que expuso, de nuevo, detalladamente, las circunstancias de la realidad socio-económica que, en 1932, se dio en Hinojosa del Duque

No hay que olvidar que el día 9/8/1927, la Gaceta de Madrid, publicó el Real Decreto del rey Alfonso XIII por el que confiere a Hinojosa del Duque el título de CIUDAD. El honor se le otorgó, entre otros méritos, por el creciente desarrollo de su agricultura, industria y comercio; sin embargo, cuando el Sr. Jaén habló en las Cortes, lo que describió, ni más ni menos, fue una ciudad en decadencia. 

Para entenderlo, no hay nada mejor que reproducir las palabras que le dijo al Ministro de la Gobernación, así asimilaremos la gravedad que alcanzó el problema de la usura campesina en Hinojosa, aunque sus palabras son reiterativas de lo que le dijo al Ministro de Justicia: 

«En la tierra cordobesa hay un pueblo, uno de los magnos pueblos de aquella serranía, Hinojosa de Córdoba, en el cual se agudizan el problema del paro y el problema agrario de un modo intensísimo. Hinojosa del Duque, como primitivamente se llamaba, Hinojosa de Córdoba, como le llamamos hoy, es un pueblo de la sierra cordobesa, con un enorme término municipal que hace cuatro o cinco años fue repartido entre unos modestos terratenientes. Estos terratenientes modestísimos están sujetos a una serie de trabas y se ven gravados de modo cruel por la usura en sus diversas manifestaciones, dándose el caso de que en un solo Juzgado se están tramitando en la actualidad 120 ejecuciones. Como digo, el problema de la usura es allí algo de una gravedad tan enorme, que amenaza acabar con todo el término municipal y con la orientación agrícola de la comarca. Estos terratenientes modestísimos se dirige por mi conducto al Sr. Ministro de Justicia, y también a la Cámara, con una solicitud que he de adjuntar, adverándola, para los fines reglamentarios, con mi firma modestísima, a los efectos de su publicación, en la cual piden una ley de moratoria. Piden esta moratoria precisamente porque están completamente dispuestos a pagar cuanto deben. Hasta el año 30 pagaron, según se dice en frase vulgar, religiosamente todos los intereses y todos los plazos a que se comprometieron al dividirse entre ellos el termino municipal; pero después de esta fecha no han podido seguir pagando, dándose el caso de que muchos Bancos locales se han adjudicado fincas por un 10 o un 15 por 100 de su verdadero valor. Como digo, ellos piden una moratoria, y fundamentalmente la siguiente moratoria, sobre la cual quiero llamar la atención de los Sres. Ministros: ‘‘Los Bancos, a excepción del Banco Hipotecario, vendrán obligados a renovar la operación mediante el abono del 10 por 100 de la deuda, hasta que se cumpla la fecha de la prórroga referida.’’».

En la misma Sesión –del día 4/11/1932–, el Sr. López de Goicoechea, otro miembro de las Cortes, expuso un problema similar respecto a las minas de La Unión y de Linares, circunstancia que fue aprovechada por el Sr. Jaén para adherirse a su petición, por entender que existía «un caso absolutamente idéntico en la provincia de Córdoba, en Hinojosa del Duque, que también está llamado a desaparecer. Habiendo sido uno de los florones de la industria, hoy esta en decadencia; y al sentido, al espíritu de las palabras del Sr. López de Goicoechea me uno, por lo que se refiere a Hinojosa del Duque».

En definitiva, para florones históricos, los de estos labradores hinojoseños que lograron que su lucha contra la usura campesina llegase a las Cortes, aunque no sepamos el resultado que obtuvieron en sus peticiones.

28-04-2022. 



Nota: 

D. Antonio Jaén Morente, elegido por el partido Derecha Liberal Republicana, ejerció la profesión de Catedrático del Instituto de Córdoba y fue Director del Colegio Asunción. Desempeño su actividad de diputado desde el día 07/07/1931 al día 05/05/1933.

Su discurso sobre el problema de la usura campesina se ha extraído del diario de las Cortes de la época, que se encuentra en la Web del Congreso.

miércoles, 20 de abril de 2022

LA CÁTEDRA CONSTITUCIONAL DE DON DIEGO DE PADILLA, PÁRROCO DE HINOJOSA DEL DUQUE


© MD Rubio de Medina, 2022.




Si hablamos de Constituciones, mi debilidad emocional, que no jurídica, siempre ha sido la Constitución aprobada el 19 de marzo de 1812, festividad de San José, conocida como la Pepa. A lo largo de sus 384 artículos, aparecen alguna que otra «chifladuras», como el art. 13, por el que siento una debilidad absoluta. Su contenido carga a las espaldas del Gobierno una tarea propia de Estados-ficción, pues dice lo siguiente: «El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen».


Aunque el tema no es novedoso –ya fue avanzado por D. Luis Romero Fernández, cronista de Hinojosa, a quien agradezco la ayuda prestada para completar este artículo–, sí es motivo de orgullo saber que la aprobación de la Pepa provocó mucho interés en Hinojosa del Duque, como se demuestra cuando comprobamos que, durante la Legislatura 1810-1813 de las Cortes de Cádiz, el nombre de nuestro pueblo salió en el Diario de Sesiones de las Cortes. Esa mención fue un hito notable para los tiempos que transcurrían, habida en cuenta que, en ese período legislativo, no existió ninguna otra referencia a nuestro pueblo.


El hito llegó de la mano de D. Francisco Barbancho, procurador síndico constitucional de la villa de Hinojosa del Duque, que en 1813 expuso la pretensión del cura D. Diego de Padilla de que se estableciera una cátedra gratuita para enseñar  la Constitución de 1812 a los vecinos de Hinojosa.


D. Diego Padilla era oriundo de un pueblo de Córdoba (1), y prestó servicios como cuarto curato de la parroquia de San Juan Bautista, que estaba vacante desde la muerte de D. Miguel López Caballero (2). Como cuenta el padre Juan Ruiz, desde la Real Cédula de 1803, la iglesia de San Juan Bautista se vio reducida de 6 a 4 curas propios, que ocupaban los cargos de Vicario, Rector, Obrero y Racionero (3). Supongo que D. Diego, al ocupar la cuarta plaza, desempeñó el cargo de Racionero, nombre que tradicionalmente ha designado al prebendado que tenía ración o renta en una iglesia.


La pretensión del cura de Padilla para implantar una cátedra de enseñanza constitucional en la villa de Hinojosa, aparte de ser un loable propósito, estaba plenamente justificada por el fuerte vínculo que existía entre el texto constitucional y la religión católica, por lo siguiente:


1. La cátedra era un medio para dar a conocer a un pueblo, con alto analfabetismo, el contenido de las leyes que tenían que regir su vida y su convivencia como vecinos y como ciudadanos políticos.


2. La Constitución de 1812 no consagraba la libertad religiosa, sino que imponía la religión católica, lo que favorecía, evidentemente, a quien pretendía crear una cátedra, por ser religioso. La religión católica se planteaba como una obligación derivada del Derecho Positivo, no solo era una cuestión de fe, de ahí que enseñar la Constitución fuera enseñar, también, las obligaciones religiosas a los ciudadanos.


La obligatoriedad de la religión católica se establecía en el art. 12 de la Constitución, cuyo contenido es el siguiente: «La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquiera otra». Esa pretensión a alcanzar a la organización del Estado y a la vida política-religiosa, al menos, se manifestaba:


a) En las obligaciones de los Diputados, los cuales, según el art. 117 de la Constitución, en la celebración de la última Junta preparatoria, tenían que jurar poniendo la mano sobre los Santos Evangelios y con unas frases reguladas, que eran  las siguientes: «¿Juráis defender y conservar la religión Católica, Apostólica, Romana, sin admitir otra alguna en el Reino? -R. Sí juro. -¿Juráis guardar y hacer guardar religiosamente la Constitución política de la Monarquía española, sancionada por las Cortes generales y extraordinarias de la Nación en el año de 1812? –R. Sí juro. -¿Juráis haberos bien y fielmente en el cargo que la Nación os ha encomendado, mirando en todo por el bien y prosperidad de la misma Nación? –R. Sí juro. –Si así lo hiciereis, Dios os lo premie, y si no, os lo demande».


b) En las obligaciones del Rey y del Príncipe de Asturias; el primero, obligado en su subida al trono, por la gracia de Dios y por los Santos Evangelios, a defender y conservar «la religión Católica, Apostólica, Romana, sin permitir otra alguna en el Reino»; (...) –art. 173–; y el segundo, a realizar el mismo juramento en relación con la religión –art. 212–.


3. La enseñanza de la religión católica y de los derechos civiles formaba parte de la enseñanza primaria, así lo establecía el art. 366 de la Constitución: «En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer, escribir y contar, y el catecismo de la religión católica, que comprenderá también una breve exposición de las obligaciones civiles».


Una vez que ha quedado claro que el interés del cura Diego de Padilla por enseñar la Pepa no puede circunscribirse exclusivamente al ámbito político, sino que abarcaba también al religioso, paso a reproducir el texto del Diario de Sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias, núm. 790, sesión del día 10/03/1813, donde se expone el interés que tenía el cura de Padilla en fundar una cátedra de enseñanza constitucional en Hinojosa del Duque. 


El Diario dice lo siguiente: «Señor, Francisco Barbancho, procurador síndico constitucional de la villa de Hinojosa del Duque, en la provincia de Extremadura, por sí, y á nombre de los vecinos del mismo pueblo, penetrado del más profundo respeto, á V. M. le tributa expresivas gracias, no solamente por haber sancionado la Constitución política de la Monarquía, si también porque con sus sabías leyes ha  hecho desaparecer de nuestro suelo algunas instituciones  odiosas, hijas de los siglos bárbaros, que no siendo conformes al espíritu de nuestra santa religión,  desconceptuaban entre las naciones cultas al humano y generoso pueblo español.

Mas es preciso, Señor, que todos los ciudadanos se persuadan de la utilidad de tan sabias leyes, á fin de que las cumplan y guarden con el mayor esmero; y para esto seria conveniente que V. M. autorizase la enseñanza de nuestro precioso Código  fundamental. Con este motivo el infrascrito procurador tiene el honor de proponer á V. M. que en este pueblo (el cual consta de cerca de 2.000 vecinos y es el mayor de toda la comarca) se establezca una cátedra en que se enseñe nuestra Constitución, para cuyo desempeño gratuito se ha ofrecido el párroco D.  Diego de Padilla. 

Dígnese, pues, V. M. de aceptar estos homenajes de respeto y de  gratitud y mandar el establecimiento de la referida cátedra para  la utilidad común. Dios nuestro Señor eleve á V. M. al más alto  grado de poder y gloria en beneficio de la Nación española. Hinojosa 24 de Febrero de 1813. =Señor. =Francisco Barbancho.» (4).


En repuesta a esa petición, las Cortes acordaron insertar la felicitación en el Diario de Sesiones; y sobre la cátedra «para la utilidad común», acordaron que la misma pasase a la Comisión para ser analizada.


Y colorín, colorado, habida en cuenta que no hay más mención posterior a la cátedra, el cuento se ha acabado. Nos queda el orgullo de saber que en Hinojosa vivieron hombres notables que lucharon por formar a sus conciudadanos; no obstante, tengo que puntualizar que la admiración de los feligreses por el padre Diego fue muy corta. Nuestro protagonista, temiendo por su vida, tuvo que abandonar el pueblo precipitadamente, cuando abolieron la Constitución de 1812, pero esa es otra historia, que espero poder contarles algún día


Sevilla, 20 de abril de 2022.


[Día de la abolición de las mascarillas en interiores, 

salvo en los supuestos incluidos en la letra pequeña de la norma].




NOTAS:

  • (1) Según D. Luis Romero Fernández es de Espejo; no obstante, es posible que el personaje sea D. Diego Padilla y López, natural de Baena, que consta como alumno del Seminario de San Pelagio de Córdoba.
  • (2) Diario de Madrid, núm. 151, 31/5/1810, pág. 601.
  • (3) Padre Juan Ruiz:  La ilustre y noble villa de Hinojosa del Duque, Jerez de la Frontera, 1923, pág. 252.
  • (4) Algunos párrafos de esta noticia fueron reproducidos en la prensa, por ejemplo, en: El Conciso (Cádiz). 11/3/1813, pág. 1; y Aurora patriótica mallorquina, núm. 61, 29/4/1813, pág. 2.


FUENTES:


  • Aurora patriótica mallorquina, núm. 61, 29/4/1813.
  • Constituciones históricas. Ediciones oficiales. Recopilación de Raquel Rico Linage, Universidad de Sevilla,1989.
  • Diario de Madrid, núm. 151, 31/5/1810, pág. 601.
  • Diario de Sesiones de las Cortes Generales y Extraordinarias, núm. 790, sesión 10/03/1813, que puede consultarse en la Web del Congreso de los Diputados. (Nota: el texto del «Diario de Sesiones» ha sido reproducido literalmente; no obstante, le he añadido las tildes correspondientes).
  • Constitución de 1812.
  • El Conciso (Cádiz). 11/3/1813.
  • Peset Reig, Mariano / García Trobat, Pilar: «Las primeras cátedras de constitución» en Cuadernos del Instituto Antonio Nebrija de Estudios sobre la Universidad, I (1988), págs. 225-244.
  • Peset Reig, Mariano: «La Constitución de 1812 y las Universidades» en El legado de las Cortes de Cádiz, coordinado por Pilar García Trobat y Remedios Sánchez Ferriz, 2011; págs. 229-258.
  • Romero Fernández, Luis: «Textos para la historia de Hinojosa del Duque (1779-1880)» que pueden descargarse en su blog, en este enlace:

https://drive.google.com/file/d/1b1svKH3kzcQPVLxGKJhTDvWDgCmAW7vL/view

  • Ruiz, Juan: La ilustre y noble villa de Hinojosa del Duque, Jerez de la Frontera, 1923.