sábado, 7 de agosto de 2021

DOMINGO REX: EL LEGADO DE UN REPUBLICANO ERRANTE



© María Dolores Rubio de Medina, 2021.



Corren malos tiempos para la lírica republicana, especialmente en mi pueblo, Hinojosa del Duque, pero me asomo por aquí, a cuerpo gentil, para presentar mi penúltimo libro. Se trata de la biografía -un libro de 264 páginas- de los hombres más misteriosos que han pasado por mi pueblo, el maestro republicano Domingo Rex, cuya vida he reconstruido siguiendo su hilo a través de sus publicaciones en los periódicos. 



Un proyecto personal al que, después de varios años de trabajo,
por fin le he dado carpetazo.




Para explicar las razones que me llevaron a embarcarme en este proyecto, que tras tres años de investigación, viajes, búsqueda en archivos y hemerotecas digitales, y uno transcribiendo los apuntes recopilados, nada mejor que reproducir la introducción de mi libro:



«Mi padre, Pablo M. Rubio Ramos, fue gran amante de las cosas de nuestro pueblo, Hinojosa del Duque; conocía las veredas, los montes, las minas, las eras, los corrales, la gente del campo, los profesionales. A todos los lugares y a todas personas los llamaba por su nombre, apellidos y apodo; sin embargo, sus conocimientos se estrellaron contra la fotocopia de un documento que alguien le regaló un día. Era la portadilla del libro escolar Luces, con el nombre de Domingo Rex y con Hinojosa del Duque, debajo. No le pudieron dar el santo y seña de aquel escritor, parecía que se lo había tragado la tierra. En los años en los que internet comenzaba a despuntar, apenas pudo averiguar que Domingo Rex había sido maestro en su pueblo durante la II República y que fue uno de los fundadores del periódico Hinojosa.


Un día, buscando en internet libros de segunda mano sobre mi pueblo, di con ese volumen que intrigó a mi padre. Lo vendían por 100 euros, me pareció excesivamente caro y lo dejé pasar, cosa de la estoy arrepentida. Mi padre nunca hubiera dejado pasar esa oportunidad, aunque sí he logrado acariciar un original de ese libro tan extraño en Belalcázar, el pueblo de al lado, y que, probablemente, perteneció a los hijos de Corpus Barga, como me explicó su propietario, Joaquín Chamero. La vida tiene esas rarezas. 


Otro día metí en un buscador de prensa digital las palabras «Domingo Rex» y quedé sorprendida por la cantidad de periódicos que citaban su nombre. Había sido una persona muy popular en la cultura española de los años veinte del siglo pasado hasta que desapareció de la escena literaria, provocando la extrañeza de sus colegas periodistas. Descubrí que la tierra que se había tragado a Domingo Rex era la mía, que fue el lugar donde estuvo destinado como maestro, entre 1930-1933; y, además, que podía seguir el hilo de sus andanzas a través de las noticias que se publicaron en el periódico Hinojosa. 


Mi propósito fue rescatar del olvido a Domingo Rex, el hombre que había intrigado a mi padre; obsesión que se hizo más intensa cuando reparé en que se estaban rescatando a los intelectuales españoles emigrados, a consecuencia de la Guerra Civil, a México. A Domingo Rex, con harta frecuencia, se le cita como un diplomático rico o un editor de recursos sobrados; lo cierto es que nunca fue así, casi todos sus proyectos literarios y sus negocios acabaron en fracaso. Los primeros 50 años de su vida, que centran el contenido de este estudio, estuvieron llenos de penurias más que de felicidad y recursos, sólo logró cierto acomodo cuando se integró en la radio mexicana y se arriesgó a publicar libros que sirvieron para que los exiliados españoles en México recuperasen algo de la cultura española.


Este estudio es una biografía incompleta que permite poner algunas luces sobre los avatares de su vida, datos que he logrado rastreando los periódicos españoles, franceses, mexicanos y brasileños. Me he centrado en sus primeros 50 años, especialmente en los años que pasó en España, pues sobre su vida mexicana, el propio Rex se ha ocupado de dejar sus impresiones en sus memorias, libro que publicó cuando tenía 82 años. 


¿Quién fue Domingo Rex? La repuesta tiene dos versiones; la corta, que consiste en leer el poema que transcribo y que se publicó en el semanario Hinojosa, n.º 7 (1930), página 2, titulado «Tu vida», en el que Agustín Navas clava su personalidad en pocas líneas; o la versión larga, para sumergirse en la lectura de este estudio que resume, a grandes rasgos, la mayor parte de su vida. 


En sus manos pongo las dos versiones, empecemos con la corta:


Tu vida


                                                  Para Domingo Rex.


Cabalgando en el rocín de tu ilusión

has corrido por el mundo sin ventura,

imitando a Don Quijote en su locura

y llevando por celada el corazón;

es tu vida, de su vida imitación;

tu figura, copia es fiel de su figura,

cual la suya es tu propia desventura,

y te cerca, cual a él, la incomprensión…

Sin coraza, sin caballo, sin espuela

sigues siendo noble andante caballero

en el campo de batalla de una escuela…

Tu cerebro, forjador de idealidades,

no descansa, siempre crea: o sublimes

fantasías o propias enfermedades…

                                                          Agustín Navas.»



Para empezar a saborear la versión larga:



Cubiertas de la biografía.
La contraportada es una composición de los libros
publicados por Rex como autor o editor,
incluyendo una fotografía del autor tomada
durante la proclamación de la II República en Hinojosa.


En estos momento, el libro se encuentra fuera de los círculos comerciales, por tratarse de una autoedición; no obstante, en breve, espero tener ocasión de poder presentarlo en Hinojosa, de lo que daré la debida publicidad cuando fuere posible.





En Sevilla, 7 de agosto de 2021. 


II Año del Glorioso Bicho Fiero.

sábado, 31 de julio de 2021

ISABEL I DE CASTILLA. JUSTICIA PARA HINOJOSA (Obra teatral)

 


© María Dolores Rubio de Medina, 2021

© Santos Ortega Gómez, 2021



Os presentamos nuestra nueva obra teatral, titulada Isabel I de Castilla. Justicia para Hinojosa, creada a raíz del descubrimiento de un pequeño relato encontrado en el libro La Reina Isabel. (Anecdotario de la Reina Católica), de Fernando Faina (1957), donde se narran una serie de hechos históricos acontecidos durante su reinado.


La trama se ha completado tras una exhaustiva investigación a través de fondos documentales de diversa índole, como el archivo de los Duques de Osuna (en el que se integran los fondos del Condado de Belalcázar y del Ducado de Béjar), conservado en el Archivo de la Nobleza (Toledo); además de contrastar información sobre datos geográficos, distancias entre puntos recorridos, etc., podemos asegurar que toda aquella información aportada en cuanto a localizaciones y hechos es veraz.



Portada del manuscrito teatral, 
diseñada por Santos Ortega Gómez.


Cierto es que, como autores, nos hemos permitido ciertas licencias para adaptar la obra, pero ninguna que afecte a la veracidad de los hechos históricos. Por ejemplo, hemos añadido una escena en la que se entierra un pequeño tesoro de monedas de oro. Este acontecimiento se ha incluido ya que, a principios del siglo XVII, se descubrió en Hinojosa del Duque a las puertas de la Iglesia, y mientras se excavaba una fosa para enterrar un cuerpo, una gran cantidad de monedas de oro. Este hecho aparece documentado en el Archivo de la Nobleza (OSUNA, C458 5, D.I.). Pensamos que este episodio podría resultar interesante para intercalarlo en la  obra, de tal manera que alguna escena gira alrededor del enterramiento de ese tesoro.


La obra ha sido registrada, como viene siendo habitual desde nuestra colaboración conjunta, en el Registro de la Propiedad Intelectual de Andalucía, la llamada Plataforma NINFA, para garantizar nuestros derechos.


El manuscrito, puesto que de momento no entra en nuestros planes inmediatos su publicación en libro ni su representación –aunque estamos abiertos a escuchar todas las ofertas que quieran hacernos–, está distribuido en diez escenas. La obra  comienza en una estancia del Alcázar de Sevilla en plena planificación de la conquista de Granada; intervienen en su desarrollo, personajes históricos reales y varios alcaldes locales extraídos de los «Juicios de Residencia» celebrados en Hinojosa. A medida que se va desarrollando el drama, con un terrible y sangriento desenlace que hoy seria inimaginable, vemos como va cobrando importancia el papel de los recitadores de romances o de los juglares, con los que introducimos en la trama la histórica canción sobre la reina Isabel, que oralmente ha pasado en nuestro pueblo de padres a hijos y de abuelos a nietos, la cual pone el broche final a toda la historia.


El teatro popular, como sabemos, tiene una gran tradición  en Hinojosa del Duque, por lo que, como autores, esperamos que algún día puedan disfrutar de este manuscrito –desde un escenario o desde las páginas de un libro–; que lo único que  pretende es enriquecer la historia y cultura de nuestra ciudad.


Damos por acabada la tarea conjunta de escribir esta obra, en estos terribles años de la pandemia en las que las circunstancias sanitarias nos han hecho pasar demasiado tiempo en casa, periodo al que hemos tratado de sacarle utilidad; pero no cerramos la puerta a futuras colaboraciones. Así que, puede que nunca llegue el día en que podamos verla representada o publicada, pero eso es lo de menos, nosotros seguimos manteniendo la pasión por descubrir nuestro pasado para traerlo al presente, o la voluntad de escribir nuestro presente para dejarlo marcado para el futuro, tarea en la que nos pondremos, otra vez, en breve.


31 de julio de 2021.


sábado, 24 de julio de 2021

Finojosa, Castillo de Córdoba



© María Dolores Rubio de Medina, 2021

© Santos Ortega Gómez, 2021



Un misterio muy misterioso, valga la redundancia, es la leyenda sobre el origen de nuestra Virgen del Castillo, aquella sobre la que, gente con recuerdos de antes de la Guerra Civil, dice que fue la patrona de Hinojosa del Duque. Se conservan fotografías de la imagen, que desapareció en la Guerra Civil, de la que constan testimonios sobrados de que los republicanos la vistieron de miliciana, fusil incluido, en el transcurso de la contienda para mofa y burla de todo el que pasara por delante. 

Hoy, existe una nueva imagen, en la ermita Virgen del Castillo, un lugar con una arquitectura sobresaliente compuesta por un edificio religioso intercalado con edificios particulares. 




Ermita Virgen del Castillo en 1911.
Fotografía Hermanos Gómez Gil.



Ahora bien, ¿por qué se llama Virgen del Castillo? Si echamos mano de Luis M.ª Ramírez y las Casas Deza, descubrimos la existencia de un castillo; así, dice que la iglesia parroquial de San Juan Bautista, «fue casi toda reedificada en el siglo XVI con la piedra del castillo que fue demolido, el cual estuvo situado en el cerro del Cohete...» (Ramírez y delas Casas Deza; 1840 : 242). 

Al día de hoy se conservan ciertos restos en el cerro Cuete, del que nos explica el Padre Juan Ruiz, que significa Cuetum o Cota, es decir, lugar fortificado (Juan Ruiz, 1923 : 89-90). 

Lo cierto es que, donde se dice que estaba el castillo, se conservan edificios en ruinas que están muy lejos de tener el tipo de piedra y el color (muy oscuras, de variados tonos, predominando el cuarzo y de corte muy irregular) que las que forman parte de la iglesia de San Juan Bautista; aparte de que son muy pequeñas. Por otro lado, no se puede obviar que fue un castillo musulmán, y por lo tanto es más que improbable la presencia de una imagen de la Virgen en el mismo.

Si seguimos con el propio Luis M.ª, observamos que más adelante se contradice él mismo. En su Corografía cuando explica el origen de la Virgen del Castillo. Dice, ¡oh sorpresa!, que podría haber otro castillo, ni más ni menos que en el solar que ocupa la actual ermita Virgen del Castillo. 

Escribe Luis María que «el título de esta imagen da a entender, ò que fue trasladada del castillo que se demolió en ese sitio, ò que la fortaleza estuvo en el que ocupa la ermita, la cual está situada en la plaza. Si fuese cierto que en esta población no hubo más castillo que el que estuvo situado en el cerro, habíamos de decir que cuando se demolió la fortaleza se llevó la imagen al pueblo y se le construyó la ermita; pero el descubrimiento de una mina que salía de la posada de la calle del Risquillo, y se dirigía a la casa que hoy es de la familia Henestrosa y que fue uno de los antiguos beateríos á que sirvió la ermita de la iglesia, nos hace sospechar que en este sitio había otro castillo o torre, de que tomo nombre la imagen, como ha sucedido en otros muchos pueblos, donde hay ermitas de Ntra. Sra. con el mismo título». (Ramírez y de las Casas Deza; 1840 : 245). 

El Padre Juan Ruiz, no aporta ninguna novedad, salvo que la ermita de la Virgen del Castillo sirvió de iglesia «a un antiguo beaterio, que estaba en las casas vecinas y en la posada de la calle Risquillo (hoy Álvaro de Bazán) y que se comunicaban por un arquillo, se llamaba Monasterio de la Madre de Dios de arriba, para distinguirlo de la Madre de Dios de abajo, que es donde se edificó el Convento de la Purísima Concepción·(Pág. 257-258). 

Lo que hemos transcrito es sabido por todos; pero la sorpresa ha saltado cuando hemos descubierto, buscando documentación para la obra de teatro: «Isabel I de Castilla. Justicia para Hinojosa» y situar el episodio y los personajes dentro de nuestra historia local, la existencia de documentos inéditos. En el Archivo de la Nobleza (Toledo) nos hemos topado con el «Libro Inventario del Archivo de los Duque de Béjar. Tomo III» (OSUNA, C458 5, D.I.) que recopila una lista de documentos sobre los lugares de Belalcázar (Allozo, Cabeza del Buey, Hinojosa y Villanueva del Duque). 

Pues bien, en la parte dedicada a Hinojosa, las tres primeras páginas del inventario han sido una auténtica sorpresa para nosotros; en primer lugar, porque al parecer, en 1317, Hinojosa del Duque era conocida como «Hinojosa de Pedroche, aldea de Córdoba»; y en segundo lugar, porque, en 1386, había en efecto un castillo, pues se deja constancia del mismo en dos ventas realizadas por personas que eran vecinos de la Finojosa, castillo de Córdoba. 

Procedemos a transcribir literal las tres anotaciones del libro, señalando en negrita los párrafos de nuestro interés: 

1. «Señalamiento de Dehesa Boyal echo por Juan Martinez de Argote a el lugar de la Hinojosa de Pedroche Aldea de Córdoba atento a que el Ynfante Don Pedro mandara desfazer todas las Dehesas de Cordoba e de su termino salbo ende las que eran previllejadas de Cordoba e las otras que tobieren la ochaba parte de sus heredades para Dehesa a sus Bueyes y aque las Dehesas que dicha Aldea temia que las derrompieran todas porGuaradar mandamientos de Don Pedro e que no tenian tierra partida ninguna de que pudieren tomar la ochaba parte para Dehesa a sus Bueyes e que si Dehesa non obiesen que habrian de dejar la labor del Pan, e por esta razon que se podria despoblar el lugar ia los que que en este lugar guarescian non havien otra guarida sinon la labor del Pan y pidieronle queles diere Dehesa en estos tres lugares en la Dehesa que solian haver que es cerca de este lugar e en Guadamatilla y en Galapagar :: é dige la en losdichos tres lugares por que son lugares convenibles de todos los de este lugar pueden alcanzar con sus Bueyes la qual dicha Dehesa hamojona y Deslinda por los límites que en dicho señalamiento se contiene en fecha en Cordoba a 16 de Enero de 1335, que corresponde al año 1317». 

2. El segundo documento dice lo siguiente: 

«A cuya continuación está la venta echa por Pasqual Martin Nieto de Miguel Muñoz Vecino dela Finojosa Castillo de Cordoba a los Alcaldes Alguacil y Ombres buenos de dicho lugar de un heredamiento de tierra para labor de Pan en el campo que dicen de Calzadilla por precio cierto 70 maravedies de esta moneda que se agora husa que fazen 10 dineros un maravedí su fecha en la Finojosa 8 dias de Marzo del año 1386». 

3. En la tercera entrada, leemos: 

«Despues está otra venta echa por doña Romera Muger de Pedro Martin Pastor y por Pasqual Martin hijo de Juan Anton de la dicha doña Romera vecinos dela Finojosa-Castillo de Cordoba a los Oficiales y Ombres buenos del Concejo del dicho Lugar de la Finojosa de una Caballeria de Tierra para Labor de Pan en que Há 4 Yugadas a Año y vez que es cerca de Gaudamatilla en dos Pedazos los quales deslinda y venden por precio cierto 70 maravedies de esta moneda que se agora husa que fazen 10 dineros un maravedi fecha la carta en la finojosa 2 dias de Abril del Año 1386_ Caxon 15 Numo 12.». 

Con esos documentos, ya podemos decir que misterio resuelto, que Luis María acertó en una de sus suposiciones, en el siglo XIV en el actual solar de la ermita, en Hinojosa del Duque hubo un castillo o torre, con cuyos restos se podría haber construido la iglesia de San Juan Bautista, popularmente conocida como Catedral de la Sierra. 


24 de julio de 2021. 

Bibliografía: 

Luis María Ramírez y las Casas Deza: Corografía Histórico- Estadística de la provincia y el Obispado de Córdoba (1840). 

Padre Juan Ruiz: «La noble e ilustre villa de Hinojosa del Duque» (1922). 

Archivo de la Nobleza: OSUNA, C458 5, D.I. 

sábado, 12 de junio de 2021

SINRAZONES Y EL CASTILLO SIN BARRER



© María Dolores Rubio de Medina, 2021


Cuando a medianos de agosto de 2020 visité el interior del castillo de Belalcázar –el mítico lugar de mi infancia sobre el que tantas historias me contaron– mi intención era escribir un reportaje. El ruinoso castillo es, al día de hoy, un edificio histórico al que se le han puesto algunos parches para frenar su deterioro y ponerlo en la circulación del patrimonio visitable. Decía que cuando, por fin, logré entrar y subir a la torre del homenaje, mi deseo de escribir sobre esa visita se evaporó, solo quedó en la simple conquista de un anhelo de la infancia. 



Imagen exterior del Castillo de los Sotomayor.


La visita fue organizada desde «la capital». No saqué un tíquet en la zona de recepción de los visitantes al pie del monumento, sino  que pedí cita a un email como si fuera a ponerme la vacuna del COVID-19. Me dieron el día y la hora y el ruego de avisar si un imprevisto me impedía ir, exactamente como cuando me tocó ponerme la Pfizer. 

  

La visita, aproximadamente de hora y media de duración, me dejó un profundo desasosiego, lo que me hizo olvidar que mi propósito era escribir una crónica sobre mis impresiones. Me encontré con un dilema: o contaba la historia entera y de verdad, incluyendo la falta de seguridad al subir los estrechos y altos escalones de la escalera de piedra de la torre de homenaje   que me obligaron en algunos tramos ir a «cuatro patas» por no tener donde agarrarme; o no contaba nada, para no tener que contar la parte mala. Lo gracioso es que la seguridad de la subida gana con un simple cable pasado por unas argollas a lo largo de la escalera para poder sujetarse. 



La diabólica escalera de caracol de subida a la Torre,
complicada como ella sola.


Así que para no contar que me lo había pasado de maravilla pero que recomendaría la visita con suma reserva por la falta de seguridad, opté por olvidar mi promesa, y no escribir nada; sin embargo, hace unos días, estando en el pueblo, en Hinojosa del Duque, alguien me preguntó: «¿sabes si se pueden celebrar bodas es el castillo de Belalcázar?» y pensé que ya estaba bien.


Ya está bien que la Junta –propietaria del castillo– y la alcaldía estén cada una tirando de un cabo del cordel para ver quien se lleva la administración del castillo, cada una con sus tropelías y, de paso, dando por saco a los que quieren celebrar una boda en ese marco incomparable, una jornada sobre el patrimonio, una obra de teatro o, simplemente, visitarlo.


Ya está bien que las autoridades estén tirándose los trastos en la cabeza y estén cargándose con su falta de diálogo, de seguridad y por su cerrazón, uno de los pocos edificios históricos que puede mejorar la economía del sector de los servicios de Belalcázar y, de paso, de la Comarca.


Ya está bien. 



Remates exteriores.

Interior del castillo.


Interior de la Torre del Homenaje.



¿Tan difícil es que la Junta de Andalucía y la alcaldía se reúnan y encuentren una solución? El castillo –cuando la situación sanitaria lo permite– no puede ser algo que este abierto de higos a brevas, prisionero de la Administración que es propietaria del mismo. ¡Carajo, como cuando estuvieron los franceses en la guerra de la Independencia controlando su acceso! Hoy en día es más fácil conseguir que te vacunen del COVID-19 que te den un pase para visitar el dichoso castillo.


Ustedes, sí, las autoridades de uno y otro lado, de uno y otro partido, deberán tener altura de miras. ¡Dejen de mirarse el ombligo y reúnanse a dialogar! Recuerden que un pueblo –también una Comarca y el «mundo mundial»–, por su falta de generosidad, está condenado a ver de lejos, sin tocarlo a uno de los mejores castillos de España. Busquen una solución para congestionar ese patrimonio de manera segura en beneficio de todos. ¿O es que la Junta va seguir mandando desde la capital a los guías con el manojo de llaves para enseñar el castillo cada vez que celebren unas puñeteras jornadas que, para más escarnio, no se celebran en Belalcázar o en otro pueblo de la comarca, sino en la «dichosa capital»? ¿O es que la alcaldía piensa seguir echándose las fotografías de lejos?


Venga, a trabajar.



Sevilla, 12 de junio de 2021.



viernes, 30 de abril de 2021

CLASES SOCIALES Y LA PROCESIÓN DE LA "COJONÁ"


Hace años transcribí un texto que mi padre dejó garabateado sobre unas cuartillas, hablaba de la escala social hinojoseña de los años treinta del siglo pasado. Recordaba, vagamente, que en el mismo se citaban varias devociones hinojoseñas y una procesión llamada de la "Cojoná", por celebrarse antes de la siega. En mi memoria quedó asociada, erróneamente, con los primeros días de mayo, por lo que la vinculaba con la Virgen de Guía. 


Cuando he rescatado el texto, sorprendida, me he dado cuenta que estaba equivocada, que una procesión que aún se celebra, se conoció como la "Cojoná", pero no tiene que ver con la Virgen de Guía.


Vamos con la historia y con su narrador, Pablo Manuel Rubio Ramos.



* * *



LA ESCALA SOCIAL HINOJOSEÑA


por  PABLO MANUEL RUBIO RAMOS




Para quienes desconozcan la escala social de las gentes dedicadas a las tareas ganaderas, principal actividad económica de Hinojosa, diremos que se hablaba de propietarios cuando eran dueños de tierras suficientes para vivir de sus rentas sin trabajarlos, ya explotadas directamente con criados, ya administradas por un encargado o aperador, figura lo más parecida a un socio laboral; también arrendando sus propiedades. Los pastos se aprovechaban con ganaderías propias o mediante arrendamiento a ganaderos de ovino. Las montaneras se explotaban con piaras de cerdos, grandemente consumidos por su calidad; se desconocían las vacas en explotaciones ganaderas. Desde antiguo los ganaderos procedían de Soria o Segovia que desplazaban los rebaños por las cañadas y sendas de la Mesta, gente que cuando dejó la transhumancia se afincaron en la zona, comprando quintos y dehesas.


El segundo escalón lo ocupaban los labradores, importante y amplio sector que formaba la elite social. Cultivaban tierras propias, a veces incrementadas con arriendos o aparecías de parcelas propiedad de artesanos que completaban el numero de fanegas para dar empleo a la yunta y mulero o criado para todo. Su administración era poco importante: una libreta para anotar las entregas de productos al herrero, al carpintero, al barbero y al criado. El dinero escaso se destinaba a pagar la contribución y comprar lo más necesario por Feria. En general, eran personas autosuficientes, dentro de las estrecheces propias de años de sequía o muy lluviosos, que mermaban sus ingresos. Se ocupaban de vigilar al mulero y de visitar sus propiedades a caballo cuando jóvenes y en burra pacífica cuando viejos; la mayor parte del día lo pasaban en el casino. Se casaban al volver del Servicio Militar con personas de su igual categoría y, como hasta fechas recientes sus expectativas de vida rondaban los sesenta, los hijos se hacían pronto con el patrimonio familiar, heredando también de sus padres la pertenencia a la Cofradía del Santo Entierro de la Catedral de la Sierra o de la de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la iglesia de la Caridad.


En orden inferior, situamos a «los del campo», pequeños propietarios que llevaban personalmente la explotación de su cortijo en el que vivían, simultaneando la elemental agricultura con el huerto, la viña, su olivar y pequeñas ganaderas de ovejas o cabras y cerdos para la matanza que cuidaban los hijos del cortejo o algún jovenzuelo o viejo que completaba su vida laboral en un mundo sin derechos de jubilación.


Las explotaciones ganaderas de propiedades más extensas eran objeto de contratación verbal por San Miguel, con pago en especie y libramiento en la tierra de once o veintitrés ovejas propias del pastor con las que repartir proporcionalmente las ganancias. Se clasificaban en mayorales, pastores y zagales que vivían junto a la ganadería en chozos de juncos; y aquellos los últimos, en las llamadas «rosqueras» que eran pequeños chozos montados en parihuelas transportables.


Corrientemente se hablaba de propietarios de «media costilla» cuando necesitaban casarse con mujer que le aportaba la otra mitad de una yunta.


Otro tipo de empleado fijo era el puntero o mulero, dedicado al laboreo del campo, aunque realmente fuera criado para todo. De ahí la anécdota que cuentan:


Se asomó el mulero a la puerta y al comprobar que llovía, dijo:

–Agua Dios y venga mayo que ajustado estoy por año.

Y el amo le contestó:

–Agua Dios y mayo venga; que si no vas a arar, irás por leña.


El último peldaño del escalafón de este entramado social lo constituían los jornaleros –hombres que viven por sus manos, como nos enseña Jorge Manrique– que no tenían empleo fijo y se contrataban por jornadas o cortos períodos de tiempo en la Plaza cada mañana, donde esperaban a que los patronos los sacaran y los mandaran al tajo.


Todas las clases sociales festejaban por igual: las matanzas de cada año; la fiesta de San Antón, dando las preceptivas tres vueltas a la Iglesia Parroquial con sus mejores mulas ataviadas; acudían a San Sebastián donde los piñones era compra necesaria; celebraban el carnaval, comiendo chorizo y relleno; y tomaban parte en la romería de la Virgen de Guía con carros, caballos y mulas enjaezadas, y los menos pudientes con sus burros y mantas de jerga. Todos a implorar las lluvias de mayo.



1975 - La Virgen de Guía camino de Hinojosa del Duque.


En Semana Santa procesionaban con su cofradía, en especial la del Santo Entierro, de número restringido de cofrades, reservado a familias más pudientes, de acceso hereditario; o en la más populosa, la del Corpus, conocida como la «Cojoná», no por irreverencia, sino porque el comentario unánime en las filas era: «este año ‘no cojo ná’», referido a la cosecha de la que los hombres de la agricultura nunca se sienten satisfechos hasta que alguna de las hijas llega a edad casadera. A partir de ese momento, todo es riqueza, abundancia de rendimientos de los trigos en las parcelas del Cerro Picacho para que los de su misma clase social fijaran la atención en la mozuela. Las bodas respondían, en muchos casos, a los intereses de los padres. No había padre con hija casadera que no aspirase a comprar el Quinto Romero, que todavía sigue sin venderse. 


En esta sociedad clásica y clasista, a la vez, el grupo más característico e importante era el de los labradores. Hombres formales que prescindían de los escritos y eran fieles cumplidores de la palabra dada. No rudos, pero sí «abrochados».


(...).