domingo, 8 de octubre de 2017

TESTIMONIO FOTOGRÁFICO DE LA HINOJOSA QUE FUE (III): LA VIRGEN DE GUÍA


© María Dolores Rubio de Medina, 2017


Conocemos la devoción de cuatro pueblos de Los Pedroches por la Virgen de Guía: Alcaracejos, Villanueva del Duque, Fuente la Lancha e Hinojosa del Duque que organizan sus correspondientes traídas de la Imagen desde la ermita a los pueblos respectivos, siguiendo un riguroso uso del calendario para determinar la fecha que le corresponde a cada pueblo. Algún autor introduce otro pueblo más: Dos Torres (1). La historia del repartimiento del tiempo para disfrutar de la Virgen la narra el padre Juan Ruiz (2), quien relata la «Concordia» que en 1654 tuvo lugar entre Villanueva del Marqués –hoy del Duque– e Hinojosa para solucionar el conflicto sobre las tierras de la hoja de La Lancha, zona donde se encuentra la ermita; y en consecuencia, las fechas que le correspondían a cada pueblo; citándose en la «Concordia», además, los pueblos de Alcaracejos y Torremilano –que junto a Torrefranca formaría la villa de Dos Torres–. 

La Virgen, en palabras del Padre Juan Ruiz (3), «es una pequeña estatuilla, encerrada en una caja metálica con argollas, propia para ser cogida en el razón de una silla de montar», casi todos la hemos conocido sobre una peana en una de las iglesias o sobre unas andas, fuera del famoso arcón, si es que se sigue conservando.


La Virgen de Guía en el año 2005.

Existen pocas imágenes antiguas de las procesiones que se celebran en Hinojosa, de ahí mi sorpresa cuando hace un par de meses localicé en dos ejemplares de la revista «Blanco y Negro» (Madrid), dos fotografías de la procesión de la Virgen de Guía. 

La primera imagen fue publicada en el día 8/5/1932, acompañada de un texto que dice lo siguiente: «Una procesión tradicional en Hinojosa del Duque (Córdoba). Se celebra todos los días 1º de Mayo la procesión de la Virgen de Guía. Este año, con motivo de la fiesta del trabajo se celebró el día 2, en medio del mayor entusiasmo por parte de aquel vecindario». Es significativo que la celebración del día tradicional se vea desplazaba por una fiesta laica como es el Día del Trabajo, que no es de extrañar, por la pujanza que tuvieron en la época los sindicatos agrícolas, puesto que como sabemos, la economía de Hinojosa es agrícola-ganadera. La imagen tiene la suficiente calidad como para observar las andas o parihuelas en las que era traslada en año.

La segunda imagen es de 1936 y es un testimonio gráfico extraordinario, que muestra la procesión mientras recorre la calle Corredera –me ha parecido reconocer esa calle, como si vinieran desde el Paseo en dirección a la Plaza, a la altura de actual Iglesia de los Padres Carmelitas, aunque no estoy segura–. El pie de la fotografía dice lo siguiente: «PRIMER DOMINGO DE MAYO EN HINOJOSA DEL DUQUE. La venerada imagen de la Virgen de Guía, llevada procesionalmente un trayecto de 12 kilómetros, desde el pueblo de Fuente la Lancha hasta la parroquia de dicha ciudad cordobesa». La Virgen es acompañada por una multitud que ocupa toda la calle de punta a punta. Destacan la cantidad de hombres de campo –no nos olvidemos que Hinojosa siempre ha sido un pueblo de labradores y ganaderos–, vestidos con sus mejores galas. 


Como reflejo de la vinculación con el campo de esta imagen religiosa, traigo a colación dos datos: 
a) En el siglo XIX una de las 2 ferias que se celebraban en Hinojosa del Duque –del 3 al 11 de febrero– se desarrollaba en los alrededores de su ermita, distante a 3 lenguas de la población (2); feria que no tardaría en desaparecer, a pesar de estar organizada dentro del calendario agrícola en una de las épocas de menos trabajo.
b) Porque los rituales religiosos no sólo eran hitos del calendario agrícola, sino que demostraban la idiosincrasia del hombre de campo hinojoseño, preocupado por el fruto de la tierra. Para demostrar todo esto, nada mejor que reproducir las palabras de un verdadero apasionado sobre el tema, como lo fue mi padre, Pablo Manuel Rubio Ramos, que en su manuscrito titulado «Relatos Intrascendentes», dejó perfectamente retratado el sentimiento «religioso» del hombre de campo de nuestro pueblo: 
«Cuando la agricultura era ecológica, sin necesidad de leyes, y los agricultores hinojoseños verdaderos enamorados de su oficio, las sementeras se cuidaban con mimo extremado para obtener el máximo beneficio, realizando las diversas labores en tiempo y forma oportunas. Hacia los Santos, ‘quince días antes, quince días después, sementera es’, se sembraba el trigo, la cebada, la avena, productos capitales de las tierras de la semimeseta del término de Hinojosa. A primeros de año se graneaban las siembras con la red metálica de pinchos para romper la tez de la tierra para que el agua de la lluvia penetrara, evitando en lo posible la correntía superficial. Más tarde la escalda o desherbo a que nos referiremos; siembra de garbanzos y otras leguminosas, buen alimento de animales, principalmente los cerdos de matanza, como chícharos, muelas y habas. y a esperar el ‘agua de mayo’, primavera larga y lluviosa para el desarrollo y granación de los productos. Siega, acarreo a la era, trilla, separación del grano y la paja o limpia y depósito en el doblado y pajar; ya estamos en la Feria de agosto, después de tomar parte en la procesión de la ‘cojoná’ porque el labrador, siempre descontento al acompañar la Custodia del Corpus va comentando con el vecino: ‘Este año no cojo ná’. Finaliza el año agrícola. Por San Miguel —29 de septiembre— se contrataban obreros por año, muleros y pastores; se reponían animales y mantas en las ferias de la comarca y volvía un nuevo ciclo». 

Los tiempos, con sus cambios, han desvinculado las fiestas religiosas del calendario agrícola, aunque se siguen celebrando en las mismas fechas señaladas desde hace siglos.

Evolución de la festividad: esperando la traída
de la Virgen de Guía en el campo, en 1977.

Volviendo a la segunda fotografía publicada en el «Blanco y Negro», esa imagen me llamó la atención por haberse publicado el día 17/05/1936. Algo más de año después, en agosto de 1937, toda esa aparente devoción de la gente saltó por los aires, como nos trae a la memoria las palabras de don Juan Jurado Ruiz, Pbro. quien narró los desmanes ocurridos en agosto de 1937 (Guerra Civil) en la Parroquia de San Juan Bautista, donde quemaron los retablos e imágenes y devastaron la iglesia (5). 

¿Y por qué he contado esto? Porque ha sido esta fotografía y el recuerdo de las palabras de don Juan, las que, una y otra vez, me ha asaltado como una tortura china durante estos días en que una parte del pueblo catalán reclama  la independencia de Cataluña.


BIBLIOGRAFÍA

  1. Alfredo Gil Muñoz: «El Valle de los Pedroches: el país y sus habitantes». Boletín de la Real Sociedad Geográfica. 1925. Tomo LXVI. Págs. 45-76. Curioso, por otro lado, que utilice el término país para referirse a una comarca. ¡Cómo evoluciona el significado del lenguaje!
  2. Juan Ruíz:: La ilustre y noble villa de Hinojosa del Duque, Jerez de la Frontera, 1923. Págs. 261-263.
  3. Juan Ruiz: Op. cit.
  4. Pascual Madoz: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Edición Facsímil dedicada a la provincia de Córdoba –que originalmente pudiera estar fechada en 1852–, reproducida por Ámbito y Editoriales Andaluzas Reunidas en 1987.
  5. Manuel Nieto Cumplido: Iglesia de San Juan Bautista, Hinojosa del Duque, Córdoba, 1982. Págs. 92-93).

NOTA: Para publicar las imágenes propiedad de la revista «Blanco y Negro» (Madrid) he solicitado el preceptivo permiso al archivo del ABC, que me ha autorizado a usarlas mediante enlace. 

Sevilla, 8 de octubre de 2017. 

Día de la Manifestación 
convocada por la 
Sociedad Civil Catalana 
en Barcelona. 



domingo, 1 de octubre de 2017

Plagio científico vs. plagio literario


                                                                         © María Dolores Rubio de Medina, 2017



Uno de los aspectos más significativos de la Ley de Propiedad Intelectual –en adelante, LPI– es el art. 10 que establece que son objeto de protección las «creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro, (…)».

Cuando un autor o artista escribe o crea cualquier obra y esta es reproducida (literalmente o no) para crear otra distinta que se atribuye a otra persona podríamos estar ante un plagio. Sin embargo, los Tribunales no tratan de la misma forma los plagios de las obras científicas y los de las obras literarias, los parámetros que se tienen en cuenta para perfilar el plagio pueden ser distintos. 

1. El plagio científico vs. plagio literario.

El sector mayoritario de la jurisprudencia interpreta que en el ámbito científico (investigaciones, tesis doctorales, etc.) la existencia de textos coincidentes no es prueba suficiente para fundamentar una condena por plagio y, en consecuencia, considerar que existe una vulneración de los derechos de autor. Al respecto así lo han señalado, entre otras, la Sentencia de la Audiencia Provincial de Murcia (sección 4.ª) de 17/7/2016; la Sentencia de la Audiencia Provincial de Valladolid (sección 3.ª) 1/7/2016; y la Sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona (sección 15) de 10/11/2011.

La argumentación expuesta se encuentra desarrollada en la Sentencia de la Audiencia Provincial de Burgos núm. 268/2017, de 17 de mayo, la cual señala que «…lo que protege el derecho de autor no son las ideas sino la forma de expresión de las mismas. Las ideas cuando no están protegidas en sede de propiedad industrial, pertenecen una vez descubiertas al acervo común, porque se considera que toda la humanidad debe poder beneficiarse de ellas. Sin embargo, la forma de expresión de las ideas, si es original, si es objeto de protección…».

Esta argumentación conduce a determinar que lo que se protege es la ORIGINALIDAD SUBJETIVA de las obras, vinculada con la persona; es decir, hace referencia a la forma que utiliza cada persona para exponer la idea, de manera que solo puede atribuirse a esa persona. En definitiva, se relaciona con el carácter personalísimo de la obra; con lo que lleva un aspecto negativo, y es que esta originalidad subjetiva no sirve para todos los supuestos protegidos por la LPI, sino que como señala la sentencia anteriormente citada, solo sirve «para los autores que sean fácilmente reconocibles a través de sus ideas, sobre todo en el campo de las artes plásticas», dejando fuera de protección a las obras que no tienen rastro de la personalidad del autor o las obras creadas por autores desconocidos.

Es de sobra conocido que en el ámbito académico para publicar en determinadas revistas científicas hay que seguir determinados parámetros o reglas, lo que llaman reglas de estilo (tipo de texto, numeración de los epígrafes, forma de citar a bibliografía, uso de abreviaturas, etc…) que no solo convierten la redacción de cualquier artículo en una pesadilla, sino que hacen que en su estructura formal nuestro artículo se parezcan a cualquier otro articulo de la misma publicación, con lo que, al margen de la idea, argumentos o temas originales –en el sentido de no haber sido expuestos por otros– desarrollados en el citado texto, la posible originalidad del contenido disminuye, a diferencia de los textos literarios que permiten mayores posibilidades, como por ejemplo, expongo unos casos extremos: La casa de hojas de Mark Z. Danielewski, el Ulises de James Joyce o Don Quijote, casos personalísimos de escritura que influyen, incluso, en el comportamiento de los lectores, que deben seguir una disciplina inusitada para poder finalizar la lectura, cuando lo consiguen.

En las obras de investigación este personalísimo está muy limitado, como he expuesto en el caso de las publicaciones científicas; precisamente por este encorsetamiento formal, he dejado de publicar en las revistas jurídicas por que someterme a determinadas reglas para «unificar» los textos con otros de la revista es más una humillación que un honor, por muy prestigiosa que sea la publicación, sobre todo cuando tienes un extenso currículo de publicaciones con el que ya has demostrado tu capacidad formal para redactar un texto exponiendo una idea. 

Pero dejemos los personalísimos y volvamos al tema que nos ocupa, a nuestra sentencia –SAP de Burgos 17-5-2017–, que señala que la teoría de la originalidad subjetiva deja sin protección a las investigaciones científicas, donde no existe rastro de ese carácter subjetivo. Es decir, que existe otra vertiente: la ORIGINALIDAD OBJETIVA, en la que no se tiene en cuenta la personalidad del autor (lo subjetivo), sino la NOVEDAD PROPIA DE LA IDEA expuesta en la obra. El inconveniente sería que «…no podrá calificarse como original cualquier expresión de una idea, que de otra forma sería original por el solo hecho de que cada persona la expresara de una forma única e irrepetible». Si escribe sobre algo que forma parte del acervo común, será difícil concluir que el tema se haya expuesto de forma original.

¿Cuando se da, pues, esta originalidad objetiva? Como argumenta la SAP de Burgos 17-5-2017 cuando «la obra da a conocer una idea original, nunca antes expuesta. Aunque (…) la propiedad intelectual no protege las ideas ni los descubrimientos, sucederá muchas veces que la novedad propia de la idea se extienda a todo el resto del texto que aparecerá influido de la idea nueva. La originalidad se manifestará en la exposición de los antecedentes que han dado lugar a la idea luminosa, en la formulación literaria de la idea la misma, y en las consecuencias que de ella se derivan (…)».

Las obras científicas, didácticas y divulgativas no pueden ser valoradas en los mismos términos que la ORIGINALIDAD SUBJETIVA de las obras literarias, puesto que, como ya señaló la SAP Barcelona (sección 15) 10/11/2011, «el grado de creatividad y originalidad expresiva del autor esta muy condicionado por su contenido, que el autor intentará transmitir primado la claridad expositiva y, por lo general y probablemente, sin alejarse de forma expresiva que cualquier otro autor habría empleado si persigue esos fines científicos, didácticos o divulgativos».

2. El plagio científico vs. la infracción del derecho de reproducción

La diferencia entre ambos viene claramente señalada en la citada Sentencia de la Audiencia Provincial de Burgos núm. 268/2017, de 17 de mayo, que observa lo siguiente:
a) El plagio científico «…consiste en disfrazar como propio lo que es una obra ajena, lo que consigue silenciando el nombre del autor, al cual no se le cita, pero la mayor parte de las veces dando al texto de la obra copiada una forma diferente para hacerlo pasar como propio».
b) Cuando se reproduce de forma literal un texto original es una infracción del derecho de reproducción al que se refiere el art. 18 de la LPI, en consecuencia «ya no es necesario exigir una originalidad objetiva para determinar el plagio. Basta la originalidad subjetiva pues nadie puede discutir el carácter original de una obra que ha sido escrita por primera vez por un determinado autor». En este ultimo caso, estima la sentencia indicada que existirá una doble vulneración:
  1. Vulneración del derecho de reproducción (al reproducir sin permiso el contenido de la obra, como si fuera una fotocopia. Se vulneran derechos económicos o de explotación).
  2. Vulneración de los derechos morales del autor, porque se ha silenciado el nombre del autor en el texto, haciéndolo pasar como propio.


Sevilla, 1 de octubre de 2017

sábado, 30 de septiembre de 2017

A propósito de Shakespeare

Por fin se encuentra disponible mi nuevo libro colectivo de relatos, publicado por la editorial Samarcanda. Se trata de una obra colectiva realizada con motivo del 400 + 1 aniversario de la muerte del Bardo de Avon, que lleva por título: 

«A propósito de Shakesperare»
Editorial Samarcanda.

La magnífica portada de la obra.

Con este libro, la «Orden Literaria William Shakespeare rinde narrativo homenaje a uno de los escritores más importantes de las letras universales. Catorce relatos contemporáneos de diversos estilos que, inspirados por algún sujeto u objeto, temática o tesis, palabra o gesto, emociones o intenciones extraídas del heterogéneo universo escénico del autor inglés, profundizan con precisa intensión en esa atemporal voz creativa shakespeariana. Obras como Otello, La tempestad, Hamlet, Cuento de invierno, El mercader de Venecia, La tragedia de Macbeth o Sueño de una noche de verano sirven de excusa perfecta para acondicionar todo un moderno entramado de pasiones humanas eternas. Cinco autoras (Clara Astarloa, Alicia Ramos González, Concepción Romero, Rosario Paguillo, María Dolores Rubio de Medina) y nueve autores (José Carlos Carmona, José Iglesias Blandón, Juan Manuel Ávila, Félix Valiente, Rafael Cruz-Contarini, Joaquín Abad, Guillermo Canelo, Enrique García López-Corchado, José Manuel Higes) que aúnan comedia y drama sobre el escenario del teatro de la vida».

Por mi parte, participo con un punto de partida, la obra teatral «La tragedia de Macbeth». 

El título de mi relato es: 

«¿Quién es ese hombre cubierto con sotana»

reelaborado sobre una frase pronunciada por Ducan: «¿Quién es ese hombre cubierto de sangre?» que aparece en La tragedia de Macbeth» de W. Shakespeare.




La ficha y los datos necesarios para adquirir la obra pueden encontrarse en este enlace:



sábado, 16 de septiembre de 2017

Las Ferias de Hinojosa del Duque descritas por Madoz, el Padre Juan Ruiz, Juan Bernier y Corpus Barga



© María Dolores Rubio de Medina, 2017


Hay que dice que Hinojosa del Duque es un pueblo triste y aislado, sin ir mas lejos en 1902 lo dejó publicado Fernán Caballero en su novela La Farisea, reflexión que en ningún caso compartiría en cuanto a la tristeza Corpus Barga. El famoso periodista y escritor se llevó una excelente impresión de su primera visita a Hinojosa, hasta el punto que le impactaron muchas de las vivencias ocurridas en su Feria que ha dejado escritas para la posterioridad. De las observaciones realizadas por el escritor se desprende que se trata de un pueblo muy divertido y ocurrente, nada triste como pensaba su colega de pluma. Aunque ambos escritores eran personas cultivadas y andariegas, acostumbradas a triscar por estos mundos de Dios, a las dos no puede aplicársele esa conocida máxima de Don Quijote que duce «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho» puesto que del carácter de los hinojoseños poco sabía la señora; o quizás, sea más acertado indicar que «Quien cuando puede no quiere, cuando quiere no puede», si es que alguna vez pisó Fernán nuestro pueblo con o sin Feria mediante. 


Portada "La Farisea". "Las Dos Gracias".
Ejemplar propiedadd  Biblioteca Nacional de España.

Descripción de Fernán Caballero de Hinojosa del Duque.
"La Farisea", Hermanos Sáenz de Jubera, 1902, pág. 53.

Dejo de divagar y me introduzco en materia, en mi propósito de recopilar lo que varios autores han dejado escrito sobre la Feria de mi pueblo:

1. Madoz en su Diccionario expuso el ángulo objetivo de los investigadores, limitándose a señalar de forma escueta y concisa que la Feria «nombrada de San Agustín tiene lugar en la v. Desde el 28 de agosto y hasta el 4 de septiembre, ambas bastante concurridas de feriantes».

2. Por su parte, el Padre Juan Ruiz, en su extraordinario estudio sobre su pueblo, tampoco se extendió demasiado, aunque señaló datos bastante jugosos; y describe los acontecimiento de su ciudad natal con buenos ojos, puesto que dejó escrito que Hinojosa era un población rica y que una de sus fuente de riqueza eran sus ferias, señalando que de las dos Ferias, era
«De escaso interés la primera, que se celebra en los días 15, 16 y 17 de Mayo; por lo ocupado el tiempo para los labradores, y por ser de moderna creación. Pero de grande importancia la segunda, la tradicional de San Agustín, o La Gran Feria, como la llaman los gitanos, únicamente comparable con la de Sevilla, según ellos; por lo escogido del tiempo para los labradores y ganaderos, entre una y otra cosecha; por lo hermoso del emplazamiento; y por lo céntrico de la localidad, entre Andalucía, Castilla y Extremadura. ¡Lástima que los naturales no la estimasen más y no hicieran más agradable acogida a los feriantes…!». (1923 . 32).

3. La atención prestada por Juan Bernier Luque a Hinojosa es también muy limitada; sin embargo, su caso es bastante curioso, pues ha servido para vincular, para la posterioridad, al escritor con el pueblo. En su obra titulada Córdoba Tierra Nuestra, un ambicioso volumen de 329 páginas, apenas dedica 25 líneas a Hinojosa, sin embargo, entre ellas se encuentra la frase que, con una ligera variación, ha pasado a ser el slogan del pueblo, el mítico Hinojosa, «granito para la eternidad». Si partimos de la línea 17 –cuando habla de la Feria– y tras un salto pasamos a la 26, leemos lo siguiente:

«Centro ferial y de mercados trocado el trigo en oro, su antiguo fervor levantó la ‘Catedral del Valle’; que edificada con piedras del castillo marcó el tiempo de la paz y la riqueza. (…) el pueblo de Hinojosa, quien como otro Chartes, acarreó piedra a piedra el granito de la eternidad, para plasmar el oracional impulso de su constancia y su permanencia vital en esta dura tierra».
Portada del libro de Juan Bernier

Personalmente considero que, a tenor del escaso esfuerzo dedicado en el libro no ya a la Feria, sino a Hinojosa, estamos ante un escritor –y una frase, en consecuencia– muy sobrevalorado por los hinojoseños, resultando incompresible su cita constante en otros periódicos o libros (1). 

4. De todos los autores escogidos para realizar esta entrada, la visión más interesante y con mucha diferencia, sobre la Feria de Hinojosa es la ofrecida por Corpus Barga en Los pasos contados 4. El autor en su autobiografía de cuatro volúmenes describe de forma muy prolija las conversaciones y los sucesos que ocurrieron en alguna de sus visitas a Belalcazar, de todas ellas, nos interesa de forma especial la primera visita que realizó, siendo ya hombre, en su calidad de copropietario de la Casa Grande de Belalcázar a su pueblo, porque durante esta estancia se desplazó a Hinojosa, que celebraba su Feria, pueblo que no había visitado anteriormente. 



Los recuerdos de Corpus Barga sobre esa «visita de hombre» fueron escritos en Lima en 1964 y publicados en 1973. Las notas que expongo en las líneas siguientes están entresacadas, principalmente, de los largos diálogos, en los que no se señala el año en que su sucedieron. La conversaciones que son tan extensas y detalladas que salvo que fueran transcritas al poco de realizarse, gran parte de los hechos y palabras podrían ser inventadas. Sin embargo el libro nos sirve para determinar como se desarrollaba la Feria, aunque de entrada, me llama la atención que no haga referencia alguna a la celebración de corridas de toros, tan habituales durante la celebración de la Feria de San Agustín durante esa época. En lo que se refiere a las actividades celebradas, Corpus Barga, entre otros detalles, menciona:
  1. La presentación de un jugador de ajedrez, el mejor de Andalucía (1979 : 103) al que no habían podido vencer ningún jugador de Hinojosa. Se negoció que siete jugadores de Belalcázar se enfrentarían al mismo en una partida múltiple (1979 : 121). El imbatible maestro fue  vencido por un jugador de Belalcázar, llamado Filfa, quien se paseó por la Feria tirando dinero a los gitanos, aunque nunca lo tenía, por lo visto era el importe del premio que había cobrado por ganar al famoso profesional de ajedrez (1979 : 144).
  2. En la Feria había compra y venta de ganado, especialmente mular. Parece ser que esta actividad comercial fue más espectacular que otros años porque había venido gente de Sevilla. «Y extranjeros a comprar mulas y las están pagando!» (1979 : 110); y hasta un francés que compraba mulos para el ejército francés (1979 : 246). Curiosamente esos extranjeros se definen como «franceses y hombres de otras razas. Hay hasta un negro. Bueno, es uno pintado de negro…» (1979 : 110).
  3. Se celebraban representaciones de comedias, en alguna intervenía el negro antes citado, que en realidad, como cuenta un tal Leocricio –conocido como «el periódico hablado de Hinojosa» (1979 : 144)– era «uno pintado de negro, es el actor de la comedia que es un negro que mata a su mujer. Está tan bien pintado que le cuesta mucho trabajo quitarse la pintura. No va a estar todos los días quitándosela y poniéndosela. Además así la gente cree que es negro de verdá y esto da anuncio al teatro. Pero es blanco, y lo sé por la cuca que se acuesta con él» (1979 : 110).
  4. Se instaló un circo con salto mortal; donde actuaron un liliputiense y una giganta portuguesa con el culo más grande que se había visto en Hinojosa (1979 : 110). En ese recinto un experto en «espiritismo» quería presentar un espectáculo nunca visto, que consistía en poner un hombre en medio de la pista para hacerlo desaparecer y reaparecer (1979 : 145).
  5. El fenómeno «más sorprendente» fue la mujer con barba, que se presentó a medio afeitar (1979 : 110).
  6. Se instaló un laberinto, atracción que nunca se había visto en Hinojosa. El tal Leocricio explicó al escritor que se perdió en él y tuvo que dar voces para que lo rescatasen; aunque lo peor fueron los coscorrones que se dio contra los espejos; y que el dueño de la atracción le explicó que como la gente se perdía, el público le había cogido miedo y no hacía negocio. Precisamente el dichoso laberinto acabó trayendo disgustos a todo el mundo, hasta el dueño; como veremos.
  7. Actúo un cuadro de flamenco. El citado Filfa se llevó una de las integrantes del espectáculo, una flamenca, de vuelta a Belalcázar, aunque como le aclaró a don Andrés –Corpus Barga–: «Yo quería traer a todo el cuadro. La Niña se ha traído ella» (1979 : 120).
En lo que se refiere a la descripción de los ambientes y costumbres de negocios de la Feria,  me detengo en las siguientes observaciones:
  1. La zona de compra y venta del ganado es descrita por Corpus como un lugar donde están «los chalanes y sus altas varas, fanfarrones, hiperbólicos, despreciativos, voceando entre coces de las caballerías. Hay muchos compradores y caballos de gran aspecto» (1979 : 130). La gente se instalaba en tenderetes, es decir, bajo «telas extendidas en fila, como techos bajos, sujetas en palos rústicos, forman (...) ambientes de comedores (...). Entre las telas y los sombreros de los comensales, el horizonte a franjas, decorativo.» (1979 : 139).
  2. En esta zona de los tenderetes también se acomodaban los cosecheros de granos y traficantes de especias (1979 : 140).
  3. Corpus menciona que en la Feria los ricos hacen los tratos como «los grandes ricos del mundo, no tienen que llevar dinero encima» (1979 : 140); esta observación procede porque los tratos y compras por parte de estos individuos se realizan sin dinero físico, a través de representantes. Deberá tenerse en cuenta que se habla de una época en la que el dinero de plástico no existía y los cheques no eran de uso frecuente. 
  4. Los distintos grupos de feriantes se instalaban unos juntos a otros, tan aproximado que solo se podía circula entre ellos atravesándolos en fila; es decir, que no podían pasar dos personas juntas por la falta de espacio (1979 : 140).
  5. Los puestos más concurridos eran los que estaban en la plaza. Sonaban campanillas de rifas y juegos; era frecuente la celebración de juegos de apuestas con cómplices que tenían la misión de atrapar incautos (1979 : 140). Uno de los juegos mencionados –en el que siempre acertaba el dueño del negocio que explicaba que el truco era apretar «la bolita»– era un «péndulo soltado desde su posición más extrema pasa entre dos boliches y a la vuelta ha de tumbar uno de ellos» (1979 : 141). Los participantes nunca lograban el mismo resultado que el dueño.
  6. Y sobre todo, fue una Feria que tenía el ambiente de cualquier otra, pues «ya se sabe, se pierden muchas cosas, es uno de los capítulos de las ferias» (1979 : 159). No sé yo qué sé cosas se perdían –o se pierden– en otras, pero en esta, que es descrita con tanta minuciosidad por Corpus Barga, se perdieron ni más ni menos, que la «joya de la feria» –el liliputiense–, el cual o lo habían robado o «se ha perdío». Para el colmo, también se perdió dentro del laberinto, al intentar desmontarlo, el mismo dueño de la atracción, quien puso una pared de manera que se quedó dentro y nadie se atrevía a ir a sacarlo por temor a quedarse atrapado. (1979 : 159). Al final, tampoco queda claro si todos las personas perdidas, hasta el liliputiense, estaban o no, dentro del laberinto, pero todas reaparecen.
Fotografia procedente archivo personal, años 50, donde se aprecia una de las ventas
de ganado en Feria. Posiblemente sea de la Feria de San Miguel, no de San Agustín.


En fin, esta Feria descrita por Corpus Barga –junto con aquella Feria tan famosa de 1902 en la que Machaquito tuvo que matar rápidamente un toro por desplomarse parte del tendido, en evitación de males mayores y que fue ocasión de crónica elogiosa en muchos periódicos– me parece una de las mejores de las que se han celebrado en mi pueblo; por otro lado, tampoco tengo mucho que contar sobre las que he vivido, puesto que hace más de veinte años que mis estancias en el pueblo no coinciden con la famosa Feria de San Agustín. 

Hinojosa-Sevilla, septiembre 2017.

BIBLIOGRAFÍA:
  1. Caballero, Fernán: La Farisea. Hermanos Sáenz de Jubera. Madrid. 1902. 
  2. Bernier Luque, Juan: Córdoba Tierra Nuestra. Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. Córdoba, 1979.
  3. Barga, Corpus: Los pasos contados 4. Alianza Tres. Madrid. 2ª edición. 1979. 412 páginas. 
  4. Madoz, Pascual: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Edición Facsímil dedicada a la provincia de Córdoba –que originalmente pudiera estar fechada en 1852–, reproducida por Ámbito y Editoriales Andaluzas Reunidas en 1987.
  5. Ruiz, Fr. Juan: La ilustre y noble villa de Hinojosa del Duque, Jerez de la Frontera, 1922.

NOTAS:
(1) Es citada, por ejemplo, por Francisco Solano Marquez: Pueblos cordobeses de la A a la Z. Estudios Cordobeses. Excma. Diputación de Cordoba, 1975, en su pág. 233 hablando de la Catedral de la Sierra, dice lo siguiente: «La parroquia, de por sí sola, ya vale el viaje. Venga un domingo. Le asombrará descubrir este monumento de ‘granito para la eternidad’, como sabiamente lo llamara Juan Bernier». Ya vimos que no es correcto, que la frase de Bernier fue: «granito de la eternidad», a menos que exista otro texto que yo desconozca.

domingo, 10 de septiembre de 2017

LA AVENTURA DE LLEGAR EN TREN A BELALCÁZAR EN LA PLUMA DE CORPUS BARGA


© María Dolores Rubio de Medina, 2017

El aislamiento de Belalcázar –y por extensión de cualquier otro pueblo de la zona de Los Pedroches– con respecto al ferrocarril ha sido uno de los inconvenientes históricos de la comarca, a pesar que trenes y estaciones, como las brujas, parece que «haylos» y «haylas». Prácticamente hasta bien entrado el siglo XX, el acceso a Belalcázar por cualquier otro medio que no fuera la caballería o los escasos vehículos de motor, era toda una aventura. 
Este tema es recurrente en los escritos de Corpus Barga –seudónimo de Andrés García de la Barga y Gómez de la Serna, (Madrid 1887-Lima 1975)– quien documentó de forma muy exhaustiva su llegada a Belalcázar en ferrocarril. En todo caso, conviene precisar que al día de hoy, el acceso a Los Pedroches en ferrocarril ha sido –y es– una ardua batalla que se ha solventado con una parada de insuficientes trenes AVE localizada en la estación de Villanueva de Córdoba, y que ha provocado los subsiguientes problemas de desplazamiento del resto de los pueblos de la zona a la Estación –y a la inversa–; problemas similares –y siempre guardando la distancias de los medios de transporte que existen ahora con respecto a los que existieron hace un siglo– a los apuros que padeció Corpus Barga para llegar en tren al pueblo de su padre, Belalcázar.
La Estación de Belalcázar y su aislamiento fue uno de los temas recurrentes de la pluma Corpus Barga, –cuya ultima visita a Belalcázar sucedió en 1970, evidentemente no llegó en tren–, así por ejemplo, se refleja tanto en Los pasos contados. 4 como en el periódico España 1919, núm. 233 (Seminario de la Vida Nacional), como veremos. 

Periódico "España 1919" (portada y página inicial del artículo de
Corpus Barga) y ejemplar de  "Los pasos contados. 4".

Antes de exponer el tema que es de nuestro interés, conviene precisar que en Los pasos contados nuestro autor no pone los signos de abertura de interrogación o exclamación, solo coloca los de cierre. Escribía, pues muy al estilo de hoy, como se hace en las redes sociales. Hecha la observación, procedo a transcribir sus observaciones:

I. Por orden cronológico, la primera referencia a famosa «Estación de Belalcázar» se encuentra en el periódico España 1919, núm. 233 (págs. 3-5), donde publicó un delicioso artículo titulado:
«ANDALUCIA Y NORMANDIA 
O DE BELALCAZAR A BLANGY 
PARALELOS Y MERIDIANOS», 
que constituye el artículo principal de ese número; el cual comienza en la página llamada Tercera y ocupa dos páginas y cuarto del periódico. El título del artículo está redactado tal como antes se reflejaba la letra mayúscula, sin acentos. Recomiendo la lectura del citado artículo en su totalidad, pues contiene datos muy certeros sobre la historia del caciquismo en Belalcázar, la mano de obra agrícola, el castillo y la Casa Grande, encontrándose el enlace de acceso al ejemplar que he consultado, perteneciente la Biblioteca Nacional, al final de este artículo.
En la página 3 del citado periódico, en la tercera columna, el escritor realiza una magistral descripción de una las innumerables chapuzas nacionales, en concreto esa de poner nombres de pueblos a sitios retirados a veinte o treinta kilómetros del lugar que, al día de hoy, tienen menor importancia por la existencia de mayores y mejores medios de comunicación, pero no en otros tiempos, como a principios del siglo XX, cuando los medios de transporte eran muy limitados. Escribe Corpus Barga lo siguiente:
«Supongamos que usted quisiera ir a un pueblo llamado Belalcázar, desconocido seguramente para usted. En la Guía de los ferrocarriles, línea de Badajoz, hay una estación llamada también así: Belalcázar. ¡Y hubiera usted cometido la imprudencia de abandonar allí el tren! Usted sí que se vería en el abandono. El jefe de la estación le miraría como un confinado machucho mira al confinado recién venido. Empezaría a justificar su historia, según es costumbre en los presidios. Belalcázar es la estación penitenciaria para los empleados de la Compañía. Los empleados en esta estación se consumen de tedio y calentura. El pueblo está a más de veinte kilómetros y la carretera está interceptada.
Para ir al pueblo de Belalcázar hay que ir en tren más lejos, hasta la estación del Zújar. Allí se encuentra uno a menos de veinte kilómetros del pueblo y suele haber coche de cuatro ruedas». 

II. Años después, de nuevo, vuelve sobre este tema en el cuarto volumen de Los pasos contados –subtitulado: «Los galgos verdugos»–, cuya página. 7 comienza de una forma muy expresiva, insistiendo en el desconocimiento de los «forasteros» de la citada estación de Belalcázar, puesto que refleja hasta qué punto el propio personal de los ferrocarriles desconoce la existencia de la estación de Belalcázar:
«–Qué estación dice usted?... No hay tal estación.
–No es esta la taquilla para el tren para Córdoba?
–Sí.
–Cómo que no hay tal estación? He viajado más de una vez a ella. (Mentiroso). Es la de un pueblo de la provincia de Córdoba.
–No insista usted, caballero. Retírese. Mire usted la cola que hay.»
El escritor, en otra ocasión, en lugar de utilizar la Estación de Belalcázar, optó por la Estación de Zújar para bajar al pueblo, concretamente aquella primera vez en la que –no precisa el año–, «muertos el tío Rafael y mi padre, fui de hombre al pueblo, como uno de los propietarios de la Casa Grande, me fueron a recibir a Zújar dos coches, un carro y algunos jinetes» (Los pasos contados 4. Pág. 10). Como se puede observar en la fotografía realizada sobre un mapa de 1971 de la Excma. Diputación de Córdoba y la Caja Provincial de Ahorros de Córdoba, no es un acceso más cercano a la localidad, aunque sí de más fácil para llegar al pueblo desde la Estación, puesto que se podía acercar uno con la mula del correo.

Los marcadores indican la situación de las Estaciones de Zújar y de Belalcázar con respecto al pueblo de Belalcázar.
También se puede observar la estación de ferrocarril más cercana a Hinojosa del Duque, "Marmol" que solo existe en el mapa, que yo sepa.

La vinculación del escritor con la localidad de Belalcázar –lugar de nacimiento de su padre– tiene su origen en la rama ganadera de la familia de Corpus Barga, que utilizaba los caminos de la Mesta para el pertinente traslado de los rebaños de ovejas de Castilla a Andalucía, y que acabó afincada en la zona, siendo su casa conocida como la «Casa Grande»; hoy en ruinas, como todos saben.

La "Casa Grande", una simple tapia que empieza a ser horadada por la higuera, asomada a la calle.

Cierto que algunos miembros de la familia se asentaron en el pueblo de Belalcázar por razones no ganaderas, como señala el mismo escritor en el periódico España 1919, núm. 233. Pág. 4: «Mi tío D. Rafael, el de los bigotes que hacían temblar a todo el pueblo menos a D. Alfonso, el de las monterías. Mi tío fue un calavera de los buenos tiempos de Madrid; debió de ocurrirle algún grave percance y hubo de retirarse al pueblo, donde disipó la fortuna como en una maldición». 

Aquí yacen los bigotes que hacían temblar a todo un pueblo.
(Enterramiento en el cementerio de Belalcázar de la familia de Corpus Barga)

Igualmente, incide en la desesperación de los empleados en Los pasos contados 4, concretamente en la pág. 37, en la que reproduce la conversación que mantuvo con un factor de tren cuyo destino era la estación de Belalcázar, quien le rogó que hiciera uso de su influencia para lograr otro destino. El hombre le dice a Corpus Barga: «Estoy solo. La mujer y los chicos tuve que enviarlos al pueblo. Dos me cogieron el paludismo. Esta es una estación de castigo y yo llevo aquí más de dos años. Si usted pudiera recomendarme en Madrid!».
Corpus Barga acaba convencido de lo desacertado de su decisión de llegar a Belalcázar a través de la estación de ferrocarril del mismo nombre, pues en 1964 –año en que escribe desde Lima sus recuerdos de sus estancias en el pueblo–, en Los pasos contados 4, al describir los trastornos que ha causado su llegada, por el alboroto que provoca entre los empleados y conocidos de la «Casa Grande», pues desde la estación tiene que recorrer los veinte kilómetros que le separan del pueblo a caballo, saltando zanjas, con riesgo de matarse, por lo que acaba reconociendo que: «Lo que yo he debido hacer, ahora lo veo, es no anunciar mi viaje y venir por Zújar. Hubiera llegado hasta aquí en la mula con el correo y las orzas de leche, si continúa habiéndolas» (pág. 58).
Para concluir, como hemos leído, la historia de Los Pedroches y su «quiero y no puedo» vinculado al ferrocarril, es mucho anterior a la reivindicación de una parada de AVE en Villanueva de Córdoba; al día de hoy, al igual que con las estaciones que rodean a Belalcázar, existe cierta distancia ente la estación de Villanueva y el pueblo; y más con el resto de los pueblos de Los Pedroches, así por ejemplo, hasta Hinojosa del Duque existen unos 50 kms. y a Belálcazar, unos 60 kms. En definitiva, una aventura como la de Corpus Barga en el siglo pasado.


Notas sobre bibliografía y fotografía:
  • La edición consultada de Los pasos contados 4 (Los galgos verdugos) es la segunda edición realizada por Alianza Tres, Madrid, 1979. 412 páginas. Por este volumen de sus memorias,  Corpus Barga obtuvo en 1974 el Premio de la Crítica.
  • Periódico: España 1919, 25 de septiembre. Madrid. Año V, Núm. 233. Seminario de la Vida Nacional.  
De la categoría de Corpus Barga como periodista y escritor es muestra que en ese mismo número escriben, entro otros, Miguel de Unamuno y Ramón Gómez de la Serna.
Para quien estuviere interesado en leer la totalidad del artículo de Corpus Barga, puede consultar el periódico en este enlace de la Biblioteca Nacional, propietaria del ejemplar.


Las fotografías que acompañan a este texto han sido realizada por la autora durante los días del 4 al 7 de septiembre de 2017.